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La nostalgia es una puta con tres tetas : remakes, género, política y cine de palomitas.

Si tuviéramos que ponernos poéticos y hacer una greguería para resumir una parte importante de la cartelera actual podríamos decir que “la nostalgia cinematográfica es una prostituta con tres tetas”. Por supuesto no estaríamos hablando de una mujer cualquiera o de una mujer real porque por suerte no existen muchas mujeres que cumplan el sueño adolescente de poseer tres tetas estéticamente agradables y completa y absolutamente disponibles a las fantasías masculinas. Sin embargo la realidad nunca ha sido un impedimiento para la construcción de los sueños húmedos y adolescentes como el de la polimastia o pezón supernumerario que, como cualquiera de los otros tropos machistas que conforman nuestra cultura occidental, es un cuento viejo que si bien en un principio estaba relacionado con la capacidad reproductiva y dadora de vida de las mujeres en base a la idea de que en la mitología para subrayar su buen funcionamiento, los miembros se multiplican o amplían (el pene de Priapo). Así, por ejemplo, la polimastia era la forma que tomaba el culto a las deidades femeninas como  Artemisia/Diana en Éfeso o las madres de los emperadores romanos, como la de Alejandro Severo (202-235), apellidada “Mamea” por tener varios senos y que, por cierto, tiene su propia estela dedicatoria en la calle Caballeros de Valencia (“Los valencianos viejos y veteranos / dedican esta memoria / a Julia Mammea,/ augusta madre de nuestro señor/ el Augusto” tal como se puede leer en esta página).

Si, como decía, en un principio podría estar relacionada con valores positivos relacionados con los eficacia amamantadora a medida que se van asentando los principios de la cultura occidental patriarcal pronto adquiere los valores contrarios asociándose por ejemplo a la figura de Ana Bolena, la controvertida y guillotinada esposa de Enrique VIII, de quien se decía que no sólo sufría o disfrutaba de polimastia sino también de polidactia, teniendo dedos y pezones de más, siendo estas malformaciones indicativas según creencias de la época de sus conexiones con la brujería. En 1752 Bartolomeu Antunes pinta un azulejo en el convento de São Francisco (Salvador de Bahía) donde plasma la leyenda escrita por Lynceus of Samos sobre una mujer romana con cuatro bellos pechos (los pechos extras tienen que ser estéticamente bonitos, sino no sirven para nada), uno encima de otro y todos destinados a producir leche en abundancia y Rubens hizo otro tanto imaginando lúbricamente a una mujer con cuatro senos y la pintura dicen que está en el Louvre. A partir del SXVIII y con el auge de las investigaciones médicas convertidas en anecdotarios, los senos se multiplican llegando al extremo de haber sido registrado el caso de una mujer diez tetas por Otto E. Neugebauer en 1886, situándose esta explosión mamaria en los lugares más recónditos y convirtiendo a muslos, axilas y hombros en nuevas fuentes de alimentación.

En el mundo de la ficción contemporánea el personaje de la mujer con polimastia ha aparecido extensamente aunque nunca ejerciendo como protagonista y casi siempre jugando un papel de gag visual especialmente dentro del género de la ciencia-ficción, siendo de todos los retratos que he podido encontrar el más complejo el de la figura de la hembra Askajiana con seis pechos de El retorno del Jedi (1983) que no está tan desarrollada en la película como en los libros. En ellos se habla de la Askajiana como una sociedad tribal del desierto que acumula agua en su cuerpo para sobrevivir, que adoran a una diosa femenina dedicándose a la fabricación de lujosas telas y que utiliza sus múltiples pechos para amamantar a sus “camadas”. Desde ese extremo, la figura se va haciendo más básica y abocetada a modo de chiste visual para “Star Trek V: La última frontera (1989) (tres pechos), “Las chicas de la Tierra son fáciles (1988)” (cuatro pechos), El guerrero y la princesa (título en inglés “The Warrior and the Sorceress”: tres pechos, 1984) y en entrañables comedias como Novio por una noche (tres pechos),  Dos tontos muy tontos (tres pechos) o comedias sobre ciencia-ficción como Paul el marciano (2011, tres pechos). Pero, sobre todo, si existe un personaje con polimastia conocido es el de  la prostituta Mary de Desafío total (1990) que muy probablemente esté inspirada en el libro Guía del autoestopista galáctico de Douglas Adams donde aparecía Eccentrica Gallumbits, la puta de tres pechos de Eroticon Seis. La prostituta de Desafío total (1990 y remake de 2012) es el hilo conductor de este trabajo en el que analizaremos sus tres pechos:

LA TETA CAPITOLINA O CONGLOMERADA.

Haciendo una historia larga, corta (como dicen en los USA: long history, short), podríamos decir que en 2010-2011 la Sony, empresa fabricante de hardware electrónico, echa mano de unas de sus empresas filiales, la americana Columbia, fabricante de software electrónico (películas, series, música…), para que cree un nuevo producto del que se puedan derivar toda una serie de videojuegos y otros alimentos para cachivaches recargables. En este proceso la Sony deja completa independencia a la Columbia / Sony Pictures Releasing porque no cree que sus valores japoneses tengan un buen marketing en un mundo globalizado y porque sabe que sus aparatos necesitan de historias vendibles. Ésta a su vez compra los derechos de la película Desafío total de 1990 obra de Paul Verhoeven inspirada en un cuento de Philip K. Dick y que fue originalmente producida por una especie de “fábrica” de blockbusters independientes, la Carolco, actualmente desaparecida.

Damos un salto a septiembre de 2012 cuando la película se estrena en España y la empresa Butragueño y Bottlander realiza una acción de street marketing donde la mujer de tres pechos con un desparpajo muy castizo (“Cariño, tienes que venir a verme”) dicen que paraliza el barrio de la Latina. La versión española de Mary, la prostituta, no sólo se pasea por la calle sino que muestra sus tres pezones a diferencia de la “mojigata” acción que se llevó a cabo en el Comic-con de San Diego donde se los taparon. La nota de prensa de Butragueño y Bottlander se extendía en la descripción del maquillaje y decía literalmente: “Los 3 pechos están fabricados con un material espumoso de aspecto mate erguido y con tacto natural, acoplados al cuerpo de la actriz con maquillaje sintético”. El juego, pues, no era descubrir que pecho era el verdadero sino en dar a conocer la película haciendo que la gente hiciera fotos y las difundiera por la red, consiguiendo con ello que los chicos, los potenciales clientes, se sintieran como Arnold Schwarzenegger frente a ese cuerpo monstruoso de mujer lúbrica.

Los pezones tapados del Comic-con.

Pero el paralelismo entre el protagonista de Desafío total (2012) y su público no se queda ahí ya que existe una relación extraña e inversa entre ambos: mientras Douglas Quaid / Hauser, el personaje de Colin Farrell descubre que no es un simple obrero sino un fuerte héroe de la resistencia neutralizado por el gobierno (¡que simbólico todo!!), es decir, mientras descubre cuáles son sus verdaderos recuerdos, los del público están siendo manipulados y se crea toda una serie de nuevos recuerdos que se ven reforzados por el resto de la cartelera. Así mientras se adapta las películas de entretenimiento de los 80 como Juez Dredd, Desafío total o en un futuro próximo, en el 2013 cuando se espera la nueva versión de Robocop dirigida por Jose Padilha realizador de documentales de denuncia como Ônibus 174 (altamente recomendable)… mientras, como decía, se adapta esas películas al lenguaje audiovisual acelerado del video-juego para una generación joven, se recrea una fantasía cinematográfica de toda una generación de hombres: las pelis de patadones, de efectos especiales, de moralidad construida a base de malos malos, buenas buenas y de furcias furcias de tres tetas, de explosiones, películas que venían precedidas por el jingle de “Movierecord” son obras maestras de un pasado sentimental y cinematográfico mucho menos complejo que el presente.

LA TETA EDÍPICA

Hace un par de semanas el twitter de la revista Fotogramas hacía una pregunta inocente refiriéndose al estado actual de la cartelera cinematográfica: “¿Para qué sirve un remake?” Por encima de la típica acusación de que Hollywood, ese lugar que no existe, se está quedando sin ideas, la estrategia de recuperar los grandes éxitos, los grandes blockbusters de los 80 tiene una serie de innegables ventajas comerciales que pueden ir desde poseer esa película en biblioteca, es decir, poseer sus derechos cinematográficos hasta los valores adicionales de cualquier producto cultural “pre-sold” y que son básicamente que una gran parte del público conozca de qué va (la película inspirada en el libro…). Sin embargo preguntarse la utilidad de hacer un remake de una película mala de los 80 también nos puede llevar a preguntarnos sobre cuál es su público, ¿Para quién se hace una película como Robocop 2013?.

Evidentemente se puede pensar que se quiere adaptar esas grandes obras de la humanidad al montaje rápido al que está acostumbrado la chavalería de la MTV y los video-juegos al mismo tiempo que intentan llamar a las salas a los treintañeros que tuvieron la “suerte” de verlas en cine el año del estreno. Ahora demos un paso más y preguntémonos y ¿si estas películas intentaran reconstruir sus audiencias originales?. Parece claro que lo que conocemos como cine de palomitas o blockbuster nació en la década de los 80 de mano de Steven Spielberg o George Lucas, dos de los creadores más reaccionarios de la segunda mitad del S.XX y cuya dialéctica cinematográfica se inserta plenamente dentro de la retórica política de Ronald Reagan hasta el punto que un estudioso de la época Peter Biskind dijo de ellos que si Ronald Reagan no hubiera existido Spielberg y Lucas lo habrían inventado (en este artículo la lectura de Biskind completa). Explicando en dos frases cual es el razonamiento de Peter Biskind podríamos decir que Spielberg/Lucas transformaron al público norteamericano de los 70, de un público maduro que disfrutaba de “Taxi Driver” o “El Padrino” a un público infantil que lo hacía con “E.T.” y “Star Wars” y que a través de una serie de figuras retóricas y técnicas volvían a gritar, llorar y emocionarse en el cine. Los remakes de las películas anteriormente mencionadas cogen ese espíritu y lo intentan actualizar y reconstruir metiéndolo en la centrifugadora del montaje de la MTV, pero ¿sirven a alguna causa política concreta?. Mi opinión muy alejada de la conspiración cultural es que no, aunque ello no signifique que culturalmente su confluencia no refuerce ciertas lecturas reaccionarias. Por ejemplo, refuerzan y crean la idea ficticia de los 80 y 90, épocas de neoliberalismo terrible y origen de la situación actual, como un pasado no problemático lleno de héroes, novias de héroes y malvados. Además infantiliza audiovisualmente a una generación de espectadores que está viviendo una politización acelerada disociando al cine (espectáculo de feria de centro comercial) de la lucha que transcurre en las calles, colegios, universidades y en los centros culturales y en donde al cine, cada día más, se le exige silenciosamente determinadas lecturas y explicaciones de un mundo complejo. Esas características se pueden ver resumidas en iniciativas como Phenomena que al recuperar pelis como “Cazafantasmas” o “Tras el cristal” y al proyectarlas en el cine reconstruye milimétricamente la audiencia de los 80 en el 2012. Aunque también en pelis como Super 8 (2011) de J.J. Abrams que reconstruyen a escala el cine de Spielberg.

LA TETA FEMINISTA

La reconstrucción de cuentos adolescentes ya sean asexuados (Super 8) o cargados de clichés de género y fantasías sexuales (Desafío total 2012) mantienen la visión de género que el Hollywood comercial construyó para no asustar a los pre-adolescentes de los 80, el público mítico que iba arrastrar a toda la sociedad al cine (algo que, por otro lado, consiguió). Con ello se muestra que en 30 años de cine comercial las grandes producciones del cine comercial no han avanzado ni un ápice en cuanto a la engañosa posición de la mujer en estas películas. Engañosa porque siempre se habla de Ripley (Sigourney Weaver – Alien) y Sarah Connor (Linda Hamilton – Terminator) como ejemplo de mujeres fuertes en sus respectivas películas aunque ambas hayan ejercido esa violencia en su papel de madres. Sin embargo esos personajes abrieron las puertas a las modernas heroínas de acción, o mejor, heroínas de acción novias del héroe,  que sí admiten más ambigüedad que el papel desarrollado por Ripley/Connor en sus ciclos de “madres violentas”, de hecho, Kate Waites en su artículo “Babes in boots. Hollywood’s oxymoronic warrior woman” habla de las mujeres guerreras en estos términos:

<<Construidas tanto para hacer titilar a la audiencia adolescente masculina como para llamar la atención de mujeres que buscan modelos de heroísmo, las mujeres guerreras de Hollywood tratan de cumplir con las nociones extremas de feminidad convencional, aunque su negocio sea patear culos (…) La discusión [sobre ellas] oscila entre los que ven a la heroína de acción simbólicamente como un hombre y por lo tanto reaccionaria, frente a los que la ven como un perturbación de las “convenciones genéricas tradicionales” a través de la parodia, y por lo tanto, progresiva>>

Dentro de las características de estos personajes, que en (Desafío total 2012) estaría representado por Kate Beckinsale y Jessica Biel, deberíamos destacar: la belleza de las protagonistas y sus vestidos sexualizados que enfatizan la sexualidad en vez del músculo y por lo tanto mitigan la sugestión de poder y fuerza. Generalmente aparecen dirigidas por figuras de autoridad masculinas que la mayoría de veces están ausentes (caso más paradigmático “Los ángeles de Charlie”). Generalmente sus acciones tienen un motivo maternal que enmarca la violencia dentro de la lógica de protección. Tienen nombres como Lady Lara Croft, Los ángeles de Charlie y Beatrix Kiddo (de kid, “chaval” en “Kill Bill vol. 1) que funcionan simbólicamente como elementos subordinadores. Resumiendo lo que viene a decir Kate Waites sobre estos personajes es que adquieren la mascarada del luchador masculino y que su papel dentro de la narración de acción tiene que ver más con la representación de la masculinidad como algo exagerado (histéricamente exagerado) que con la feminidad.

Como decía Susan Faludi de la película y de la época que nos ocupa, a finales de los 80 y principios de los 90 al igual que ocurrían en el cine de los 50, periodos que ella identifica como backlash o reacción anti-feminista, las mujeres independientes eran silenciadas fuera de la pantalla:

“En la películas de tipos duros que proliferaban a finales de la década, los héroes masculinos se marchan a zonas de guerra completamente masculinas o al Salvaje Oeste. En la creciente violencia del estreno sin fin de películas de acción —Predator, Die Hard, Die Harder, RoboCop, RoboCop 2, Lethal Weapon, Days of Thunder, Total Recall— las mujeres se ven reducidas a personajes incidentales o desaparece”.

A raíz de estas palabras resulta curioso constatar que en dos películas tan taquilleras de esta temporada como El caballero oscuro: La leyenda renace  o Desafío total  los prototipos femeninos sean exactamente los mismos y se vean reducidos a tres: el triangulo formado por la mujer traicionera, la heroína de acción masculina o la prostituta de tres pechos.

Gente encima de árboles o la imposibilidad de subir más alto.

Durante la Gran Depresión, Norteamérica vivió una escalada de actividades completamente idiotas y baratas destinadas a consumir ese excedente nacional que era el tiempo libre.  Durante esa época alcanza gran popularidad, por ejemplo, los concursos de comida y una nación hambrienta se recrea en los engullidores de tartas, huevos, hot-dogs y goma de mascar que rivalizan en capacidad de ingesta con los bebedores de café o los chupadores de cangrejos. Junto a éstos, aparecen los concursos de permanecer sentados en las ramas más altas de los árboles: los concursantes se mantienen sentados durante semanas o meses pensando en el premio en metálico que les espera en el suelo la mayoría de las veces recolectado por los curiosos que depositaban una moneda en una hucha colgada del árbol. En 1930, animados por las aventuras de los grandes astros de sentarse en palos de la década pasada como Alvin “Shipwreck” Kelly (en la foto), las sentadas en los árboles se convierten en una locura entre los colegiales que aspira a premios como una bicicleta o simplemente tener su foto publicada en los periódicos.

La radio y los periódicos se hacen eco de la moda: unos hermanos gemelos compartiendo rama, un boy-scoutt encima de un cedro, un niño alcanzado por un rayo, jóvenes atacados con tirachinas en las copas, uno que acabó quemando su tienda encima del árbol, el sempiterno atacado por una mofeta y finalmente el chaval de 16 años, Nelson McIntosh, que cayó al suelo cuando iba a por su almuerzo rompiéndose el cuello y muriendo en el acto. Trágico accidente que provocó una ola de solidaridad entre sus compañeros haciendo que los demás competidores a lo largo del estado descendieran en lo que le convirtió en ganador de resistencia postmortem. Dentro de esa heroica actividad parece haber un acuerdo entre los historiadores de que Leslie “Rhubarb” Davis fue la campeona al permanecer 107 días encima de un árbol en Gibson City, Illinois, aunque tras la muerte de Nelson McIntosh las noticias sobre esta moda fueron menguando tal como explica literalmente esta noticia que da noticia del fallecimiento del segundo:

 

“The Press Association of Florida has agreed to refuse to give any further publicity to tree-sitters until they broke their necks. Then they might become a legitimate news item”, es decir, “La asociación de prensa de Florida ha acordado no dar ninguna publicidad a los sentadores en los árboles hasta que se rompan sus cuello. Entonces quizás se conviertan en materia periodística legítima”.

A pesar de los avances de la arqueología psicológica no podemos saber a ciencia cierta que pasaba por esas cabezas demasiado frágiles para los duros suelos de Arizona o de Missouri a la hora de decidirse a escalar entre las ramas y permanecer horas, días o meses subidos a la copa de un árbol. A buen seguro esta especie de estilitas de la Gran Depresión (según la wiki: “Los estilitas eran monjes cristianos solitarios que vivían en el Medio Oriente a partir del siglo V y tenían la particularidad de transcurrir su vida de oración y penitencia sobre una plataforma colocada en la cima de una columna”), a buen seguro, como decía, estos estilitas de la Gran Depresión pensaban que permanecer quietos y aguantar era una manera de ganar dinero y quemar tiempo de unos años terribles y asfixiantes. Tampoco podemos descartar que quizás se estuviera mejor allá arriba recibiendo la brisa que en una casa destartalada con todos sus miembros en paro ya que EE.UU. que era hasta ese momento una nación sana, joven y con músculo se encontraba en 1933 con un 25% de desempleo, esto es, 15 millones de trabajadores afectados y con una caída del 40% de los ingresos familiares desde 1929. La brisa debía de hacer olvidar todos esos porcentajes y crear una sensación bastante próxima a volar: porque, no nos engañemos, una juventud que escalaba a los árboles era una juventud que estaba más próxima a volar. No podemos desestimar el hecho de que la década de los 20 fueron los años de las grandes gestas de la aviación que contaban con héroes jóvenes como Charles Lindbergh y su fantástica y solitaria aventura a lo largo del océano en el primer vuelo transoceánico de 1927 cuando contaba con 25 años. Una gesta que en su soledad y ridícula grandeza era imitada por toda una generación que se encaramaba a los árboles y que inspiraba grandes titulares y grandes obras como la del propio Bertolt Brecht quien escribió junto con Kurt Weill una cantanta profunda y misteriosa, una obra para una sola voz destinada a cantar a un hombre que cruza el mundo solo, un oratorio sobre la tecnología que fue escrito para la radio y que se llamaba Der Ozeanflug :

Mi nombre es Charles Lindbergh

tengo 25 años

mi abuelo era sueco

yo soy norteamericano.

A mi aparato lo escogí yo mismo.

Vuela a 210 Km por hora

se llama «Espíritu de St. Louis»

las fábricas de aviones Ryan en San Diego

lo construyeron en 60 días. Yo estuve allí

60 días, y 60 días tracé el rumbo de mi vuelo

en mapas y cartas marinas.

Vuelo solo.

En lugar de un hombre

llevo conmigo más combustible.

Vuelo sin radio en el aparato.

Vuelo con la mejor brújula.

3 días esperé el tiempo óptimo

pero los informes meteorológicos

no son buenos, y empeoran:

niebla en las costas y tempestad en el mar.

Pero ahora no espero más

Ahora subo.

(Letra extraída de aquí).

Pero los años 30 no fueron tampoco de grandeza para Lindbergh cuyo hijo es secuestrado en 1932 en lo que se conoce como el “El crimen del siglo”, en el que tras miles de búsquedas y conjeturas  el niño fue encontrado meses después a escasos metros del hogar de los Lindbergh con la cabeza fracturada por una herida mortal supuestamente producida por una caída de la escalera utilizada durante el secuestro. Charles Lindbergh Jr y Nelson McIntosh se hicieron famosos por descalabrarse al descender de aventuras de altura que no llevaban a ninguna parte y que escondían tras de sí la necesidad de dinero, pero con diferencias: la escalera con la que se cometió el famoso secuestro se convirtió en un fetiche de la época e incluso algún desalmado o algún hambriento la transformó en suvenires que se vendían durante el juicio al sospechoso que siempre se declaró inocente, Bruno Richard Hauptmann y que acabaría en la silla eléctrica. Mientras tanto, Charles Lindbergh se exilia a Europa y simpatiza con los nazis hasta el punto que Kurt / Weill retiran todas las referencias explicitas a Lindbergh de la obra, especialmente el primer verso de “Mi nombre es Charles Lindbergh” a “Mi nombre en nada hace a la cuestión”, añadiendo después una nota sobre las contribuciones del aviador a la técnica de los bombardeos masivos y a su actitud anti intervencionista frente a la Alemania de Hitler.

Pero para completar nuestro tríptico de escaleras, árboles y muerte no podemos olvidar que en los años 30 la gente no sólo subía a los árboles sino que colgaba de ellos. En 1937  Abel Meeropol un profesor judío asociado al Partido Comunista Americano ve esta famosa foto del linchamiento de Thomas Shipp y Abram Smith y se pasa un par de días sin dormir hasta que la transforma en un poema “Bitter Fruit” que es publicado en la revista “New masses” para pasar a ser musicada en el éxito Strange_Fruit, fruta extraña. Canción en la que se hace referencia a los cuerpos que cuelgan en los árboles del sur y en la que se contrapone la armonía pastoral del paisaje con la realidad de los linchamientos y el odio. Billie Holyday dijo de esta canción que “consigue que la gente que está en orden se separe de los cretinos y los idiotas”:

 

Southern trees bear a strange fruit,

Blood on the leaves and blood at the root,

Black bodies swinging in the southern breeze,

Strange fruit hanging from the poplar trees.

 

Pastoral scene of the gallant south,

The bulging eyes and the twisted mouth,

Scent of magnolias, sweet and fresh,

Then the sudden smell of burning flesh.

 

Here is fruit for the crows to pluck,

For the rain to gather, for the wind to suck,

For the sun to rot, for the trees to drop,

Here is a strange and bitter crop.”

“Los árboles del Sur tienen frutos extraños.

Sangre en las hojas y sangre en las raíces.

Cuerpos negros balanceándose con la brisa del sur.

Extraños frutos colgando de los álamos.

Una escena pastoral del Sur galante,

los ojos fuera de sus cuencas y la boca torcida,

aroma de las magnolias, dulce y fresco,

entonces, el repentino olor a carne quemada.

Lo que hay aquí es un fruto para que lo arranquen los cuervos,

para que lo empape la lluvia,

para que lo zarandee el viento

para que el sol lo pudra

para que gotee de los árboles.

Lo que hay aquí es un cultivo extraño y amargo”.

(Traducción sacada de esta página).

Todo puede mejorar con una lesbiana adolescente y un columpio

Hace unos cuantos posts y hablando de Serge Gaingsbourg pude colocar en este blog una de mis canciones preferidas de todos los tiempos, Cosmic Strip, una melodía llena de onomatopeyas que fue escrita para la Brigitte Bardot en pleno subidón cósmico por Barbarella. Aquí tienen la versión original:

Cuál fue mi sorpresa cuando descubrí que, en algún momento entre el año 60 y el infinito, nada más y nada menos que Jodie Foster había hecho una versión de la misma en un programa de variedades francés acompañada de ¡¡¡Claude Francois!!!, conocido internacionalmente por perpetrar la canción “Llora el teléfono” (Le Téléphone Pleure). Las imágenes de ese increíble choque de entreraiments hace dudar de todos los sentidos: ¿es esto real?, ¿quién hace de hombre y quien hace de mujer?. Dudas que se agrandan  si pensamos que Jodie va vestida de Marlene Dietrich vestida, a su vez, de hombre. De hecho, Jodie canta la letra que le corresponde a Serge mientras Francois se columpia alegremente como una colegiala francesa en una soleada tarde de miércoles (los niños franceses no tienen clase ese día). En fin, una cosa muy estridente y maricona, queer si quieren hacerse los finos e interesantes, y por lo tanto digna de aparecer aquí por sus innegables valores estéticos.

Fiesta en la playa, canciones de verano

Unas simpáticas lectoras de esto, que son unas señoras historiadoras del cine de esas que se visten por los pies, celebran todos los años por estas fechas una sofisticada fiesta en la playa a base de mucha bebida y muchos bocadillos de atún con pimiento y huevos duros, amén de otras aceitosas delicatesen. Todos los años, y si las inclemencias del tiempo en forma de olas gigantes o ráfagas de viento lo permiten, se lo pasan pipa, beben y charran sin parar. Yo todos los años me pierdo la fiesta porque me encuentro en algún sitio improbable haciendo algo improbable tanto sea emborrachándome una fiesta de la cerveza en Colorado o mirándole el culo a alguna estatua de Mirón de Eleuteras en el Louvre y, haciendo esas cosas improbables, me acuerdo ellas. Para todas, van dedicadas estás canciones del verano que he encontrado perdiendo el tiempo por el youtube. La primera de ellas es un hit veraniego de Bobby Vee “The Night Has A Thousand Eyes” (La noche tiene miles de ojos) donde se ve una fiesta surf en toda regla comparable a la que se realizará esta noche. Con fogata, bikinis y un ataque sorpresa de algas que colonizan el cerebro de una de las muchachas. Sin embargo, si por algo destaca el video, a parte del aspecto asquerosamente WASP del cantante, es por los bailes de su churri, a base de unos movimientos hipnóticos, espasmódicos, y mecánicos que recuerdan a los de la “falsa María” de Metropolis (el robot para aclararnos), a la que la escritora Pilar Pedraza llamó “la histérica mecánica” o “la libélula mecánica”. Porque, evidentemente, ella con su cardado rubio es una Mantis (P)Religiosa de aúpa. Una de esas que al finalizar el acto se va a merendar a Bobby Dee, y me parece a mí que le sabrá a poco, porque cuando una señorita se pone a airear el potorro (literalmente) sobre una moto es que ha de tener buen apetito.
Pero, ay, el verano no sólo es tiempo de fiestas, bailes locos, y lagartas, también de llevarse sus buenos disgustazos. En el siguiente video, uno de mis favoritos, la que se lleva un soponcio de los buenos, de los de hipar, es Patricia Carli en su famosa canción “Arrete, Arrete” (“Detente, Detente”). Pero la Carli no se lo dice a un bicho, no es “Detente” en plan “Quita bicho”, sino que se lo dice a un muchacho, personificado en este video por Frank Alamo. La canción, en definitiva, es un gran dramón sobre el último encuentro entre dos amantes, un encuentro lleno de reproches en los que ella le echa en cara que ¡¡¡mañana se casa!!!. La historia se va poniendo calentita cuando descubrimos que él ha pegado el braguetazo del año: “Elle a de l’argent /elle est jolie / Elle a toutes les qualités / Mon grand défaut c’est de t’aimer” (Ella es de oro, ella es la gracia, ella tiene todas las cualidades, mi único defecto es que te amo”). O «Mais tu as préféré les grands honneurs / À la place de notre bonheur / Et, et pour garder tes ambitions/ Tu as détruit mes illusions » (Tu prefieres los grandes honores, a nuestra felicidad, Y por conseguir tus ambiciones, Has destruido nuestras ilusiones). En fin, que lo que le dice, y con toda la razón, pasa de lo grave a lo gravísimo, hasta que le espeta en toda la cara “Tu es le maîtrrgggggggge de ton sorrggggggggt” (eres el dueño de tu destino). La canción y la actuación de Patricia Carli es perfecta: con esos violines sostenidos, ese eyeliner que es un horizonte de desesperación, ese echarse las manos al cuello, ese final truculento con ese atávico “NON” mientras que Frank Alamo repta en la oscuridad. Para mí, una obra perfecta del pop elevado a la categoría de aria de ópera.

En fin, todo muy bonito, pero aquello fue una noche toledana: el Alamo se queda con lo que se conoce popularmente con “dolor de huevos” (“pero no me dejes con este dolor de huevos”) y a la Carli no se le va a pasar el disgusto en una semana, que ya se la ve. Mientras tanto la gente celebra fiestas, se enamora, se junta con amigos… echo de menos Valencia.
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