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El correo de la amistad (2).

¿Existía algo más extraño en nuestro patrio solar, allá por los  50, que una bonita española frunciendo el entrecejo con un libro delante de sus narices?. Amigas, que aquello no era una tontería, que no era un desliz sino que era una herejía, porque en definitiva se afeaba la raza española. Además que como he escrito arriba “en la mujer, de ordinario, la afición a la lectura es la pereza disfrazada”. Una frase que no es mía, ya quisiera, sino que pertenece a Remigio Vilariño quien la utilizó para su artículo “¡Educad, educad!” de la revista “El mensajero del Corazón de Jesús” de noviembre de 1952, y que aparece recogida en el maravilloso libro  La morena de la copla del maestro Andres Sopeña. Echamos mano del libro de Sopeña para ilustrar hoy a las mujeres que utilizaron el correo de SISSI para saciar sus ansias intelectuales luchando contra su naturaleza femenina y española que las conducía irremediablemente a las tareas del hogar y a no recibir más información que el rezo, la receta y el chismorreo. Leamos lo que se decía entonces:

–          Se enseña a las niñas muchas cosas inútiles, muchas cosas extranjeras, muchas franceserías e ingleserías, mucha lectura, muchas cosas vanas y muchas curiosidades, todo menos el ser mujeres, el ser españolas y el ser verdaderamente virtuosas (Vilariño, p.56).

–          Cuando la mujer española cedió en virtud, perdió su recio casticismo e imitó a las extranjeras, sobrevino la decadencia de la Patria (Prados).

–          Legiones de bachilleras que saben acaso mucha Trigonometría y Química, pero son incapaces de freír un huevo y zurcir un calcetín; no digamos el sacrificio oscuro, pero santo, que a diario exige de la mujer el cuidado y dirección de un hogar (Maíllo, p.94).

–          Yo no creo que tengan las niñas ni necesidad ni tiempos para aprender tantas cosas como se las enseñan o quieren enseñar. Inglés, francés, física, química, astronomía, historia sagrada, historia universal, historia de España, historia natura… son demasiadas historias para lo que tiene que aprender una mujer.

–          Los médicos de familia sabemos por experiencia que, al llegar el final de los cursos académicos, somos requeridos con frecuencia para asistir a jóvenes adolescentes que han perdido el apetito, les aquejan insomnios, padecen frecuentes jaquecas, se sienten decaídas, sufren desarreglos menstruales y presentan los síntomas de cloroanemia: son estudiantes de bachillerato superior, que han de hacer esfuerzos superiores a su capacidad física e intelectual para seguir con provecho los estudios y llegan a finales de curso agotadas. Si, terminado el bachillerato, la muchacha se decide o la obligan sus padres a seguir una carrera superior, es muy posible que aquellos trastornos aumenten y la salud física de la joven quede comprometida durante mucho tiempo (Corominas, p.264 – el Dr. Federico Corominas era Presidente de la Real Academia de Medicina de Barcelona).

–          Entregadas a la memorización de volúmenes indigestos y a menudo incomprensibles; obligadas a un trabajo mental para ellas excesivo, que roba riego sanguíneo a regiones orgánicas fundamentales para su porvenir de mujeres; sometidas a insomnios por la urgencia de competir con los muchachos… (Maíllo, p.93).

–          Yo no sé a que será debido, pero he de consignar un hecho que no se me podrá negar: y es el de que la proporción de mujeres con título universitario que no se casa es muy superior al de las que lo hacen sin poseer títulos académico (Corominas, p.265).

–          Preferimos a aquella callada y silenciosa que nos considera maestros de su vida y acepta el consejo y la lección de quien se sabe inferior en talento (Juanes).

–          Ridículo es ver una mujer sabidilla y que pretende conocer alguna ciencia a fondo. Lastimoso es contemplar a las niñas cargas de estudios y de lenguas y de músicas y de artes (Maíllo, p.99).

Foucault nunca escribió a SISSI aunque hubiese hecho buenas amigas.

Vaya, como podemos ver en los años de posguerra se puso en marcha todo un aparato foucaltiano (de Michel Foucault, vaya) en el que los discursos médicos, moralistas y pedagógicos se unieron para someter a la mujer y para constreñirla en ese estrecho espacio que habita entre la cocina, la salita comedor y el dormitorio. Es decir, todos los discursos machistas, desde los más distintos frentes, iglesia incluida, elaboraron una serie de saberes que respaldaron la dominación del hombre español sobre la mujer española (según la wiki: para Foucault, el poder no puede ser localizado en una institución o en el Estado, pues está determinado por el juego de saberes que respaldan la dominación de unos individuos sobre otros al interior de estas estructuras). Y en ese juego de saberes, en el juego por obtener y crear nuevos saberes también estaba la lectora perezosa, junto con las otras desviadas femeninas: “la lujosa, amiga de exhibiciones, frívola, egoísta, novelera, teatrera, murmuradora, envidiosa, descontentadiza, indolente, gastadora, golosa, antojadiza, inconstante, imprudente, ruin, llena, en fín, de tantas mezquindades que no quiero enumerar para no cansar” (Vilariño, p.53). Veamos pues a las intelectuales de la SISSI:

“Tengo observado también que las jóvenes que más aficionadas son a la lectura de novelas (aunque no sean abiertamente malas) se hacen incapaces para la ocupación seria, desatienden fácilmente la piedad, descuidan los deberes domésticos, etc.etc” (Antiñolo, p47).

La cuestión es que pese a una cierta sorna de la responsable de la sección EL CORREO DE LA AMISTAD, SISSI era una revista que era portadora de modas extranjerizantes, era punto de unión de  mujeres con distintas aficiones (algunas tan perniciosas como la lectura o la arqueología), y sobre todo, era más o menos abierta con los intereses intelectuales y profesionales. Un ejemplo de ello es esta carta que se envió al consultorio sentimental (¿sentimental práctico?) en el que una muchacha exponía sus anhelos de convertirse en arquitecta. Comparemos los que decía Adolfo Maillo en su texto “Educación y revolución. Los fundamentos de una Educación Nacional” (Editorial Nacional, 1943) y lo que contestaba la consultora señorita Silvia Valdemar (¡¡¡que nombre!!!), responsable del consultorio sentimental a la “Arquitecta soñadora”, quince años después en 1958:

–          Cada cosa en su sitio. Y el de la mujer no es el foro, ni la clínica, ni el laboratorio, ni el taller o la fábrica, sino el hogar, cuidando de la casa y de los hijos, formando los hábitos primeros y fundamentales de su vida volitiva y poniendo en los ocios del marido una suave lumbre de espiritualidad y de amor (Maíllo, p.93).

Pese a todo ese buen rollo terminemos con unas palabras que Remigio Vilariño que resumiría lo que hasta ahora estábamos diciendo: “Filosofad, criaturas. Filosofad, feministas” (Vilariño, p.42).

El correo de la amistad (1).

El otro día hice un gran descubrimiento en mi campo, que es el de ustedes, esto es, en toda la parte de la cultura popular y de la arqueología sentimental, cuando mi suegra mientras trasteaba entre revistas y libros, me dijo: “ay, quizás esto te interese”.  Y va la tía y me saca, 4 tomos, ¡¡¡4 tomos!!!, de revistas femeninas juveniles españolas de los años 50 ricamente encuadernados (originales les estoy hablando). Yo le dije “Señá Pepita, que esto es para mi las pirámides de Ghiza”. Con el descubrimiento de ese legado se abría una puerta a otro mundo, a otra mujer y a otra España que, gracias a Dios, no es ésta. Tenía ante mis gafas de pasta las bases fundacionales de la cosmovisión de la jovencita franquista, de sus anhelos, sus deseos, sus sueños, y sus (muchas) miserias sentimentales. En un periodo en el que bajo la atenta mirada y la vigilancia del nacional-catolicismo,  la jovencita celtibérica se abría a Hollywood, a las modas extranjerizantes, y al consumismo; pues esas revistas eran el primer ejemplo de un latente consumo adolescente, que pronto introduciría el yeyé, los discos y las ropitas. De todas las secciones que tenían las distintas revistas mi preferida siempre ha sido aquellas en las que lectoras escribían directamente, y, desde luego, ¡¡¡qué cosas se pueden escribir en el país más aburrido del mundo como era la España de los 50!!!. Por ahora, me he metido a escanear la sección (femenina) “Correo de la amistad” de la revista SISSI de los años 1958-1959. He recogido los casos más espeluznantes de españolismo, de subdesarrollo sentimental, y los gritos más desesperados por salir de un país o región que enjaulaba a esas tórtolas españolas. Prepárense porque este agosto, Palomitas rescata los 50 para ustedes queridas lectoras. La primera tanda de cartas, provienen de chicas formales, las que piden consejos que pudieran valer en su vida como mujer y como española, es decir, de cocina o de decoración:

Pero vamos, que no todo era ser esclava del hogar y de la tiranía los ruedos de vaso encima de las mesas sino que ya empezaban a aparecer muchachas despiertas que idolatraban a los grandes cantantes y actores, como ésta, que es una de mis preferidas, con una cara de hacerse una pajas pero terribles, de quedarse ciega, y queriendo juntarse con otras pajeras para formar el “club de amigas de Luis Mariano”, suponemos la primera asociación gay-friendly española:

Hasta nuevas entregas…

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