La histérica laboral: mujer y trabajo en la nueva ficción televisiva.

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En casa intento que no se acumule el polvo. No es que sea una neurótica de la limpieza o que la considere una tarea excesivamente placentera ya que personalmente me decanto por el ruido y el carácter ciborg de la aspiradora, pero vaya, alguien tiene que hacerlo, alguien tiene que auparse y contribuir a la vana ilusión de que la polución madrileña no se está apropiando de nuestros muebles baratos y que nuestra casa no se agita como un carromato ante una tormenta de arena. Uno de los pocos momentos divertidos, bueno “divertidos”, pasables de esa tarea es cuando sexo a la televisión. Vamos, cuando repaso con el trapo la parte de abajo y compruebo sus evoluciones genitales. Porque mi televisión está en pleno proceso de cambio de sexo o de género. Es un electrodoméstico transexual. Mi tele era mujer, bueno mi tele, todas las teles, todas las teles eran mujeres. Piénselo detenidamente: la tele era y en cierto modo continúa siendo un aparato mujeril, que se situaba en el epicentro de lo doméstico y que amplificaba y repetía sus discursos para mujeres que pasaban el polvo, pasaban la aspiradora o se pasaban de lexatines. La tele con su planicie narrativa y repetición discursiva era para señoras a las que la tele con sus gritos, sirenas, crímenes y escándalos sexuales hacía compañía retumbando en esas casas de largos pasillos donde todos hemos vivido (¡¡cómo se han acortado!!). Pero la tele, a la que varias generaciones hemos mirado con el recelo con el que se mira a un vendedor puerta a puerta, se ha convertido en un objeto de prestigio. No nuestra tele, claro, la española, que nuestra tele no tiene remedio, sino la norteamericana y aún ni esa, sino más bien la norteamericana que va por cable, vamos la de pago. Porque si lo piensan el slogan de 1997 de una cadena que todos veneramos la HBO, Its not TV. Its HBO tiene evidentemente un lectura de género tal como aparece recogido, fíjense ustedes, en el libraco It’s Not TV: Watching HBO in the Post-Television Era:

Lynne Joyrich afirma que la televisión es un medio que históricamente ha sido calificado como femenino. Es más, la recepción de la televisión ha sido tachada por los críticos culturales como un pasatiempo emasculador y como una preocupación femenina. Esto, según Joyrich es especialmente cierto en la forma genérica predominante en la televisión, el melodrama. “Las connotaciones femenina tradicionalmente unidas al melodrama – y también al consumismo y a la televisión- son difusas entre la audiencia general y dan lugar a contradicciones entre la posición del espectador y las diferencias sexuales” (Joyrich, 1996). Por lo tanto se puede argumentar que la posición como marca y como estrategia de programación [de la HBO] coloca a la televisión por cable como el lugar de lo opuesto, de las experiencias no televisivas. “It´s  not TV. It´s HBO” lleva implícito el bagaje de todo lo que la TV es (feminizadora, consumista, emasculadora, masificada) y por contraste, todo lo que la HBO supuestamente no es. El discurso de “calidad” que la HBO subraya puede ser entendido como una postura defensiva contra los prejuicios femeninos sobre la televisión y sus espectadoras, por lo que la HBO simultáneamente busca distanciarse y negar su propia televisualidad [vamos que la propia HBO niega que sea tele.

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Esta visonaza de género de nuestro electrodoméstico favorito (no pasamos tanto tiempo delante del microondas) se puede aplicar también a los productos que por ella salen, las teleseries de “la época de oro de la televisión” cuyo prestigio se apoya mayoritariamente en los melodramas masculinos. Es decir, en historias centradas en la melodramatización del varón y sus mecanismos: que si unas relaciones de poder por aquí, que si unos problemas paternos por allí (daddy issues), que si mucho sexo por allá y que si el trabajo por acullá… un ejemplo de ello, y no me canso de repetirlo sería la primera temporada de Mad Med que empezó siendo, tal cual, un melodramón para señores, abriéndose eso sí después a las historias femeninas de sus coprotagonistas, y aquí conviene subrayar lo de coprotagonistas. Sin embargo el panorama televisivo tampoco ha prescindido totalmente de las mujeres, ya que no podemos olvidar que pese al fastidio que provocan, éstas eran y son las principales consumidoras de los relatos catódicos hasta que los hombres han empezado a saborearlos por su prestigio, como el brandy, es decir, chasqueando las lenguas y diciendo esas cosas tan maravillosas que dicen que nos vuelven locas de lo mismo profundas que son –muchas de las reacciones machistas a Girls creo que provienen de los problemas que provoca la feminización de la tele de calidad y de la HBO, la cadena que, por cierto produjo Sexo en Nueva York. En este panorama son escasas pero significativas las historias sobre mujeres que se producen, historias de mujeres que sufren, que viven y que trabajan para mujeres que no sólo ven la televisión sino que analizan sus contenidos.

Soy una adicta a la crítica popular feminista...

Soy una adicta a la crítica popular feminista…

Ahora bien, ¿cómo analizamos las series de televisión? Desde hace unos años y animados por los kilómetros de literatura sobre televisión que existe en internet (tan vana como la que produce este blog) se ha encumbrado la figura y las herramientas de análisis de la fan, la persona que por ejemplo comenta detenidamente cada episodio de Girls –existen literalmente millones de blogs dedicados a ello. Sin embargo pese a los vastos conocimientos que atesoran las fans sobre temas particulares esta euforia de espectadora puede llevarnos a un silogismo o falso planteamiento que fue ya expuesto en 1991 por una crítica de tanto renombre como Tania Modleski: “Me gusta Dallas; soy una feminista, por lo que Dallas debe de tener algún potencial progresista”. Que es reescrito en esta página así: “Me gusta la HBO; soy feminista, por lo que la HBO debe de tener algún potencial progresista”. Frente a estas fiebres catódicas de las fans que pueden llegar a nublar el entendimiento conviene tomarse una buena y amarga ración de ideología (feminismo en capsulas) para comprender <<”que todos vivimos dentro de la ideología”, que, en otras palabras, nuestra atracción a ciertos programas de la televisión puede surgir de deseos socialmente construidos contaminados por la cultura capitalista patriarcal que nos produce a nosotros y a la HBO en el mismo momento histórico>> (cita de la misma página).

Cuando te quieres dar cuenta lo heteropatriarcal te ha metido mano...

Cuando te quieres dar cuenta lo heteropatriarcal te ha metido mano…

Una de las preguntas que está surgiendo últimamente es ¿qué nos está diciendo la nueva ficción televisiva sobre las mujeres y el trabajo?, ¿cómo está relacionado eso con el feminismo? Para intentar aclararnos en ese terreno vamos a partir de tres presupuestos básicos: primero hemos de plantearnos que el ámbito laboral siempre ha sido el lugar de excelencia en el que se ha desarrollado la ficción televisiva (hemos visto a enfermeras, médicos, policías, bomberos, camareros, psiquiatras…) y que las primeras mujeres solteras aparecieron ligadas a historias laborales en series de los 70 como That Girl (1966-1971) que fue cronológicamente la primera y “La chica de la chica de la tele” (Mery Tyler Moore Show 1970-1977) que fue la más conocida. Vean las intros de ambos programas y verán claramente los temas que tratan y como los tratan: con un tono individualista (la historia de una mujer en busca de sus sueños), optimista y sobre todo blanco ya que paradójicamente para una audiencia familiar era mucho más aceptable y menos sospechoso el ocio de una mujer soltera en una gran ciudad que el de un hombre que planteaba una serie de preguntas incómodas siendo la principal la razón por la cual estaba soltero, ¿es gay?, ¿es un freak?, ¿vive de las mujeres?…


El segundo punto que conviene a tener en cuenta es que si en una teleserie el trabajo de la mujer no importa un pimiento, ella es casi siempre escritora. No podemos negar que para los guionistas ser escritora tiene sus ventajas como que los pensamientos de la protagonista vienen precedidos por conectores aclaratorios y autorreflexivos “me estaba preguntado si…”, son más intuitivas y pasionales amén de estar abiertas numerosas y divertidas aventuras sexuales (como encerrarte un fin de semana como un guapo abogado). Este artículo hace un breve repaso de este tipo televisivo donde podemos encontrar a Carrie Bradshaw de Sexo en Nueva York, Hannah Horvath de Girls, Diane Chambers de Cheers, Jessica Fletcher de Se ha escrito un crimen

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El tercer presupuesto del que partimos es un artículo que ha dado origen a este texto que fue publicado en el New Yorker hace unos meses y donde su autora esbozaba la Hummingbird theory, es decir, “la teoría del colibrí” que pese a ser superficial no deja de ser original y hasta cierto punto útil. Para la autora del texto, Emily Nussbaum las “mujeres colibríes” es un nuevo estereotipo de mujer que ha aparecido en la ficción televisiva y que haría referencia a una heroína protagonista llena de defectos desquiciantes pero humanos y con una tremenda voluntad vital que afectaría a sus relaciones laborales. La autora expone que es un estereotipo nuevo porque no da la vuelta al personaje patoso a lo Woody Allen sino que crea un personaje inédito marcado por ser “soñadoras idealistas cuyas personalidades son irritantes. No son simplemente echadas para adelante, sino absolutamente obsesivas. Y lo que es más importante, no son personajes secundarios. En cada una de las series la Mujer Colibrí es la protagonista, una figura alienada pero compasiva cuyas luchas se toman en serio y son significativas. No podemos considerarla como el análogo femenino del anti-héroe de la televisión por cable (…) es algo más, un arquetipo que está basado en ideas sobre compasión y que no se esfuerza por resultar agradables”. La autora hace un repaso de personajes que se ajustarían a esa descripción desde Tracy Flick de la peli Election, hasta Lisa Simpson o Peggy de Mad Men.

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Creo que la cuestión importante no es que el prototipo no esté completamente definido, ya que la autora simplemente apuntaba una serie de ideas, sino qué nos transmiten estas historias sobre el mundo laboral donde se desarrollan y que expectativas reales crean en ese campo, ¿son historias progresistas porque sus espectadoras lo somos? Vamos por la primera:

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  • La cazadora de terroristas Carrie Mathison de Homeland cuya inclusión entre las “Mujeres Colibríes” es la que más me rechina porque más que ser maniática está completamente pirada y porque sus acciones creo que van más allá del buen rollismo de los demás personajes; sin embargo en interesante pensar en ella en clave laboral, sobre todo si la unimos a otros personajes como la poli de The Killing otra pirada obsesiva con atrapar a chicos malos. Hace poco leí, no recuerdo dónde, una explicación lógica para este tipo de caracteres que exponía que los problemas mentales de todos estos personajes femeninos, que influyen, entre otros ámbitos en el amoroso, servían como efecto compensatorio para las ansiedades que provocaba la figura de una mujer superprofesional.

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  • La funcionaria de la concejalía de parques Leslie Knope de Parks and Recreation. ¡¡Oh!!, yo amo a Leslie Knope, pero voy a intentar hacer una lectura menos fanática de este personaje pese a que es la única de la ficción actual que se declara abiertamente como feminista, un hecho que merece la pena señalarse. Leslie es una feminista institucional que tiene como referentes a Hillary Clinton y a todas las mujeres que han ido escalando puestos y defendiendo sus derechos dentro del organigrama político. Si bien la serie empezó como una comedia ligera en su segunda temporada ha tratado con bastante mala leche y acierto el tema del techo de cristal, los grupos de poder masculinos, la feminización y el uso de las mujeres de los servicios públicos, así como le han caído palos desde a las feministas pro sexo hasta a los equívocos sexistas de la propia protagonista. Ambiciosa y desquiciante para sus compañeros es la persona que realiza todo el trabajo sin ser la concejala sino la ayudante del concejal y su capacidad nunca se pone en tela de juicio sino que se subraya como algo positivo. Lo más interesante de Leslie Knope es preguntarse en que contextos un personaje femenino o una actriz o una autora mainstream puede declararse feminista. Parece ser que en la industria del entretenimiento las únicas que se pueden declarar como tales son las personas muy poderosas (Stephenie Meyer la autora de Crepúsculo se califica como tal, que ya tiene tela), las personas o los discursos que se integran en la comedia (Leslie Knope) pero no así las actrices secundarias ni las protagonistas de drama como Elisabeth Moss (Peggy) y Christina Hendricks (Joan) que en una entrevista reciente declaraban que sus personajes no eran feministas y se resistían a usar ese calificativo.

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  • Finalmente la enloquecida trabajadora corporativa Amy Jellicoe de Enlightened a la que somos capaces de amarla pese a que tiene un carácter detestable: pasiva agresiva, manipuladora, pesada y sensible. Una posición de debilidad desde la que consigue que la gran corporación, al menos, se dé un buen tropezón dando un poco de esperanza sobre nuestro papel y responsabilidad individual ya que, a decir verdad, el papel colectivo queda un poco desfigurado. El ámbito laboral es la pieza central del drama y es el escenario donde estalla el conflicto al estar lleno de zancadillas, insultos en voz baja, maquinaciones, homofobia, racismo… en fin, un catálogo de las tensiones laborales en el mundo moderno.

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Para concluir me parece que tenemos que volver sobre la reflexión si estos productos se pueden calificar como feministas por el mero hecho de que una parte de las espectadoras lo seamos: “A mí me gusta Enlightened, yo soy feminista, por lo que…”. Afirmación que subraya tanto el peso de la ideología como lo difícil que es analizar objetos culturales en el mismo momento que se están realizando porque tanto el análisis, como la HBO, como yo misma estamos sumergidas en la misma ideología, pero, claro, como no me puedo callar ni bajo del agua y algo tengo que decir me aventuro a afirmar que estos textos pueden ir por una doble vía: porque efectivamente sean textos progresistas y profundicen en la representación de la mujer abarcando sus conflictos laborales o porque una de las razones de ese malestar laboral tenga como finalidad reforzar la “Nueva Domesticidad”. Concepto entendido como todos esos relatos de ficción que están surgiendo actualmente sobre mujeres que abandonan sus fulgurantes carreras laborales para iniciar una vida en la América más rural y caer enamoradas de un guapo granjero o recolector de ostras de Cape Cod -la llamada farm lit, la nueva ola de novelas para mujeres que vendría a sustituir a los relatos sobre mujeres urbanas y triunfadoras- y que profundizan en toda esta moda de hacer madalenitas, hacerse el propio pan y tejer como una vuelta a los orígenes. Acciones que a su vez pueden tener una lectura progresista, desde intentar consumir fuera de las corporaciones hasta recuperar saberes femeninos. Esa misma ambigüedad, como decía, es la que caracterizan a estos relatos: ¿los problemas laborales de estas series crean un nuevo tipo de relato femenino o son simplemente el prólogo problemático para relatos más convencionales que están por llegar?…

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Los graneros de Rita Barberá.

2012-06-25 RITA BARBERÁ

Voy a empezar con una coletilla teórica de esas que tanto usamos las trabajadoras de la cultura visual para afirmar de manera contundente y franca que “vivimos rodeadas de imágenes”. Esta obviedad completamente subnormal esconde sin embargo un aviso en su anverso: si en ese flujo y reflujo icónico constante una imagen logra abrirse paso e instalarse en tu cabeza más de media hora, amiga, ahí tienes a tu presa. Algo extraño ha pasado, un verdadero misterio especialmente si la imagen en cuestión no era ni porno extremo, ni violencia extrema, ni tan siquiera un reportaje operatorio (también extremo). ¿Qué tiene?. ¡¡Rápido!!: ¡¡a sacar a los perros metodológicos!!… busca Barthes, bonito, busca, busca el punctum, vamos, Mulvey, bonita, busca, busca,  quien sostiene la mirada… Toda esa aparatosa cacería intelectual me ha pasado a mí misma a la hora de comer después de haber visto este vídeo de youtube titulado “Recepció a Rita i a Fabra en la inauguració del poliesportiu de Malilla”, es decir, “Recepción a Rita y a Fabra [alcaldesa y presidente de la Generalitat Valenciana respectivamente] en la inauguración del polideportivo de Malilla”:

“Pues vaya”, se dirán ustedes, “otra pareja de políticos siendo pitados a la salida de una infraestructura municipal con un presupuesto hinchado y con una dirección privada (que es como son las cosas públicas en España, privadas)”. Pues para mí, fíjense lo que les digo, para mi ese video de tan sólo un minuto y pico es una obra de arte a pesar de o quizás gracias a la calidad cruda de sus imágenes y a los movimientos bruscos de la cámara que sugieren que técnicamente nos encontramos ante un aparato de penúltima generación. ¿Por qué se ha convertido un vídeo de un polideportivo de un barrio periférico de Valencia en una epifanía sobre una mujer cuyo gobierno municipal ha marcado una parte importante de mi trayectoria vital, Rita Barberá?. Las razones son muchas y voy a intentar hacer eso que hago tan poco, es decir, sintetizar y destacar una: me encanta como ante la pitada actúan cada uno de los personajes implicados, el presidente de la Generalitat, la alcaldesa y el presidente de la Diputación.

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El presidente de la Generalitat, Alberto Fabra, ese gestor al que nadie ha votado y que ha sido puesto como una alfombra por el PP de Madrid para intentar esconder bajo de ella el colapso económico y social del País Valenciano sabe, o por lo menos eso se deduce de sus actos, que a él nadie le quiere, que de hecho no le han puesto allí para que le quieran. Que él es la Troika disfrazada de Paisano, alguien que transmite a los políticos del PP y a sus votantes una sensación parecida a encontrarse con un inspector de hacienda en bermudas por la playa: se parece a ti pero provoca estupor. Como buen gestor besa a Rita ya que considera que es mucho más rentable demostrar públicamente afecto a una persona con la que no te entiendes que hacer caras agrias y cuando queremos darnos cuenta ya está metido en su coche oficial pensando que si la gestión del polideportivo cuesta 20.000 euros al año y la empresa adjudicataria va a cobrarlos pero gastándose tan sólo 10.000 incluidos unos sueldos misérrimos, entonces la empresa adjudicataria va a sacar al año… en fin, lo que hace falta es que las cosas parezcan que funcionan ya que ese mismo polideportivo podría gestionarse públicamente por 22.000 euros al año, claro que así, ¿cómo incentivaríamos el empleo? Que parezca que hemos ahorrado un poco, unos 2000 euros al año y mejor no ponerse a pensar, que a uno no de pagan ni porque le quieran ni por pensar.

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Alfonso Rus presidente del PP valenciano, de la Diputación, empresario y humorista ocasional aparece rodeado de una cuadrilla que parece dispuesta a reírle los chistes por si en esa extraña situación en la que se han encontrado (¡¡ir a inaugurar un polideportivo y salir pitados!!!) se le ocurre alguna profegada sobre catalanistas o lisiados o cualquier colectivo de esos que tanta gracia le hacen. El nutrido grupo que lo arropa luce una sonrisa de superioridad mirando al contra campo y mueve nerviosamente los prospectos que anuncian las maravillas del nuevo polideportivo. No, Alfonso, viejo zorro, tú bien sabes que ese no es el mejor momento para soltar una gracieta, mejor después, durante la sobremesa, cuando llevemos un buen par de vinos y unas copas, que unas risas siempre son el mejor prólogo para un buen negocio “Ixos desaparrats del poliesportiu i los del metro ixos que ve el catalá fill de puta de la tele a fermos un programeta per tocarli els nasos al cureta del Cotino… jejeje, puix no le está malament, alaaaaa a resar, Cotinet!!!… i disme, el PAI eixe per fer urbanizacions, on esta?”.

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Pero a Rita, a Rita entre todo ese barullo que oímos y que vemos como el de la señora de atrás con camisa roja y jersey color marrón al cuello que intenta acallar en balde los pitidos con aplausos como si escupiera contra el viento, entre ese pequeño caos somos capaces de distinguir como Rita se rompe. Tanto ruido y si se fijan se oye un pequeño “creck” que nos indica que Rita se rompe y que se rompe en “e” y no en “a”. Y Rita saluda. A Rita, bien es cierto, ya la hemos visto más veces saludar a una platea de adversarios políticos y sociales pero pocas veces la hemos visto tan trágica como en estas imágenes en la que parece que se está burlando del personal pero lo que en verdad está trasmitiendo es que se está despidiendo, como una gran diva del teatro que sabe que ha perdido tablas porque se han quemado en la escenografía de los Grandes Eventos. Rita, por favor, fíjense, hace un esfuerzo enorme y se detiene saludar a un grupo de unas catorce o quince personas que no son sino hormigas sociales que le están increpando con sus gritos de lagartijas.

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Puede parecer que hay mucho de chulería y prepotencia en ese gesto, pero también hay mucho de miedo en una mujer de escasas ideas políticas que ha basado todo su carrera en el populismo de representarse como una benevolente sátrapa local. En esa “faraona” tal y como la calificaba la clienta de una peluquería “Rita es una faraona, ¡¡hay que ver cómo está dejando Valencia!!”. Una faraona que se paseaba con los mercados, que llamaba a las falleras para comunicarles sus reinados y que hacía que las clausuras de los festivales cayeran en lunes para no trabajar los fines de semana. La que comía con Urdangarin y que hizo cortar unos árboles para pasear con camión un gran velero cuando a Valencia le cayó en gracia las dichosas regatas, acontecimiento para el que llegaron a crear la “Concejalía de Grandes Eventos” no habiéndose creado antes la de Medianos ni Pequeños Eventos. Pero a Rita se le acaba el grano y los esclavos se revuelven y el sol que tenía que lucir en la Malvarrosa lo tapa la Ciudad de las Artes y las Ciencias. Y Rita sabe que el granero está vacío y sonríe con demasiado ímpetu, en algo parecido a una mueca que está muy cerca de la tristeza: ¿por qué se meten con ella? Rita no está acostumbrada a las críticas, demasiados lustros conviviendo con la pereza del PSOE valenciano que a dos años de las municipales no tiene candidato o candidata visible y que ve pasar los peores años de la alcaldesa contándose con la misma apatía y cansancio las batallitas fratricidas entre facciones del PSPV.

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Por eso Rita se sorprende de cuatros matados que vienen a ponerla en la picota, porque son cuatro matados contados, a ver: dos parados de RTVV, unas del 15 M y una catalanista que le gusta el Evole. Que grandísima diferencia entre estas hormigas y Rita, una mujer triunfadora que ha sabido vivir tan bien que incluso ella misma se lo decía con esa envidia con la que los madrileños decimos “¡¡que bien, pero que bien se vive en Valencia!!”. Una mujer que, ojo, ha logrado superar ese doble vínculo por el que a las mujeres en política se les pide que sean femeninas pero al mismo tiempo se califica esa feminidad con antagónica del poder y que junto a ello ha saltado sobre muchísimos puntos y prejuicios  en su contra para convertirse en una cacique duradera precisamente por su modestia a la hora de decidir su parcela de poder, que ha sido básicamente local (tuvo sus aspiraciones como representante de no-se-que-de-municipios). Pero a Rita se le ha acabado el grano y ahora los esclavos le gritan amargamente (¡¡Rita trabajo!!, ¡¡Rita los dependientes!!) cuando a ella le gustaría tener un saco para repartir trigo que tiraría incluso hasta a esos desagraciados, tal y como ese mismo pueblo se lo vio hacer en los noventa.
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Pero Rita no tiene grano y tampoco tiene ideas cuando la gente pide soluciones. Rita se para a saludar y ese es un momento clave. Rita se para a saludar porque las muestras de rechazo que lleva viviendo desde hace meses le han dejado un sabor amargo constante en la garganta y porque sabe que a pesar de tener el futuro económico asegurado (¿qué político dentro del organigrama no lo tiene?) que te respeten es una característica esencial para el poder -“mira lo que le pasó al iluminado de Camps”- y que te quieran es desde luego un elemento básico para el populismo político. Pero ahí están, gritándole, desgastándole a ella que se ha convertido en una efigie silenciosa ante los problemas de los valencianos, una ruina más de su reinado, una estatua desgastada por los pequeños granos del desierto. Rita sin aprecio popular es pura imagen vacía, convertida tras el final del hechizo en su propio muñeco de falla, grosera y excesiva, collares y papada, como si hubiera sido realizada por un artista fallero torpe y remojada por una inesperada lluvia de marzo.
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Sus apariciones son repeticiones de ese molde fallero barato porque la gente continua gritando en cada una de ellas, desestabilizando una situación tan corriente para un político como es inaugurar un polideportivo en un gesto del pueblo hacia Rita que en su caso está muy próximo a convertirse en cotidiano y que puede ser mucho más opresivo que una sentencia judicial. Y el resto de asistentes miran de soslayo, sin querer hacer caso a las lagartijas, porque saben que cuando se intenta aplastar a una lagartija se corre el peligro de que nos podamos acabar dando pisotones entre nosotros.

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Chicas histéricas y hombres expertos: pop y autenticidad de género.

1994.08.10 Karen & Margeruite

Este artículo ha sido realizado con la prestigiosa beca “PostxDrinks” en el que las autoras del blog colectivo Sras que hablan de musica invitan a un copazo por cada post que les escriba, por ese motivo este artículo se publica conjuntamente en Sras que hablan de musica y Palomitas en los ojos

Si se considera usted un explorador de la cultura popular, uno de esos tipos que rebuscan la poética actual en los discos de rock, la estrategia futbolística del Barça y su adicción a la Mahou, ya sabe, uno de esos que llevan siempre camisetas de festivales de música extravagantemente caros y pantalones pitillos que lucen moderno pero que reducen sustancialmente el nivel de espermatozoides utilizables, no necesitará que venga una maricona como yo a hablarle de un libro como “Subculturas (el significado del estilo)” de Dick Hebdige. Si, en cambio, usted no se ajusta a ese estereotipo, me siento autorizada a realizarle una pequeña introducción que aclare la necesidad de este artículo: el libro de Dick Hebdige está considerado un texto fundamental para los estudios culturales desde su publicación en 1979 (y eso nadie lo discute), especialmente en el campo del análisis de las subculturas, tema al que mete mano utilizando herramientas como la sociología, la semiótica e incluso el marxismo al enfatizar los contextos sociales, económicos, históricos y de clase de cada uno de los grupos estudiados como los teddy boys, los mods, los rockers y los punks.

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Por otro lado, ustedes, mujeres velludas y hombres afeminados, modernas todas, no dudo de que se maravillaran ante la pertinencia de la propuesta y aplaudirán que el libro se haya traducido al castellano (¡¡con 25 años de retraso!!) pero estoy casi segura que esa alegría se verá empañada de manera revanchista y un poco amargada por un razonamiento muy parecido al que sigue: “vale, ese libro estudia los contextos sociales, económicos, históricos y de clase de las subculturas, pero…¿y el vector género?”. Ay, hija, el vector género no pides tú poco… Pero, no, no se preocupen porque alguien se les ha adelantado y sus inquietudes fueron pronto trasladadas al propio autor, quien allá por 1980, tuvo que leerse la crítica de nuestra heroína, la académica pop Angela McRobbie quien publicaba por esas fechas un artículo titulado “Settling accounts with subcultures: a feminist critique”, en el que exponía que ella había leído y releído el libro, lo había puesto cabeza abajo y lo había zarandeado y por allí no aparecían chicas por ningún lado. Una carencia muy llamativa porque la propia McRobbie y su amiga Jenny Garber habían dedicado un artículo esencial al tema de la subculturas y las chicas en 1977 “Girls and subcultures”, es decir, dos años antes a las publicación del libro de Hebige y que es el que hoy nos ocupa ya que las traducciones de la McRobbie al castellano ni están ni se las esperan.

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Existe una frase mítica del antropólogo Claude Lévi-Strauss que podría servirnos de perfecta introducción del modo en el que la sociología y los estudios culturales han tratado tradicionalmente la presencia femenina dentro de las subculturas juveniles y es esa en la que a la hora de describir una aldea expuso: “Los hombres se fueron a cazar, el poblado se quedó solitario, sólo estábamos las mujeres y yo”. A pesar que de todos podemos pensar que las señoras zulúes y los antropólogos androcéntricos son también personas y por lo tanto cuentan, uno no puede dejar de sentir que desde los estudios culturales muchos especialistas en culturas juveniles se han visto próximos a pegarse un tropezón parecido y escribir: “El bar quedó solitario sólo quedamos las novias de los teddy boys/moteros y yo” y quedarse tan panchos, oiga. Aunque haciendo justicia a la verdad sociológica es probable que al marcharse los mods, los bares quedaran desiertos por la simple y llana razón de que las mujeres, las mujeres jóvenes inglesas de los 50 y 60, no estuvieran allí. Ese parece un buen punto por el que comenzar a estudiar las subculturas femeninas, el puntualizar, tal como lo hizo McRobbie en los 70, que el género es un elemento clave para analizar el consumo de cultura popular, y que si se aplica como es debido se llega a la conclusión de que las chicas han consumido tradicionalmente cultura popular de manera distinta que los chicos: no en la calle convirtiendo sus gustos musicales o de vestimenta en signos identitarios colectivos sino en la intimidad del hogar, ya que entre otras cosas para la sociedad inglesa de los 50 que una mujer joven merodeara en la calle podría asimilarse a una invitación sexual. En “Girls and subcultures” McRobbie y Garber exponen que la industria del ocio norteamericana e inglesa a partir de los 50 se dirigía tanto a chicos como a chicas, pero que las chicas utilizaban estos elementos de manera distinta insertándolos en rituales hogareños que se fabricaban en torno a experimentar con peinados, maquillarse y probarse ropa. Rituales que sin embargo no excluían otras actividades públicas como bailes o guateques.

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Junto a esa separación entre espacio público y hogar existen otras diferencias significativas como que en palabras de esta autora: “los chicos tienden a ser más participativos y técnicamente informados en su relación con el pop” algo que según McRobbie se extiende hasta un estilo tan aparentemente igualitario como techno-pop, “mientras que las chicas se convierten en fans y lectoras influidas por medios como comics románticos o revistas sobre cantantes”. No obstante McRobbie y Garber no eliminan completamente a las mujeres de la fotografía de las subculturas y exponen que existieron teddy girls al mismo tiempo que analizan la figura de la motera, la chica mod o la hippy, que insertas en distintos espacios culturales tuvieron que verse con toda una colección de circunstancias que no las situaban en una posición predominante en esos grupos. Circunstancias como la doble moral sexual, los salarios más bajos (menor posibilidad de gastar en ocio), las dificultades de acceder a la contracepción, la dependencia de la mujer trabajadora del salario del marido (caso de las subculturas obreras), así como la estricta vigilancia que tradicionalmente se ha ejercido sobre las chicas jóvenes. Un buen resumen de ello sería la afirmación de McRobbie de que el término subcultura ha adquirido un carácter tan masculino que las chicas se sienten excluidas de ella y un buen ejemplo de la pervivencia de ese sentimiento lo encontré cuando hace un par de semanas me invitaron a explicar estas tontunas en el máster de feminismo de la Complutense y una de las alumnas explicó como en más de una ocasión en conciertos de música hardcore le habían pedido que se pusiera detrás porque “sino no podían empujar a gusto” (yo pensé “creía que ya no quedaban caballeros que parasen un pogo para que una damisela cruzara la sala”). Lo interesante de ese testimonio de la compañera no sólo fue que subrayaba el machismo en un entorno que no esperábamos –música punk, casa okupa, veganismo etc. etc.- sino que según sus propias palabras cuando llegó la hora de dar botes, no tenía nada que envidiar a los chicos, afianzando ese androcentrismo propio de las subculturas por las que tanto los hombres como las mujeres pueden ser recompensados pero sólo si son o se comportan masculinamente. O dicho de otro modo: en las subculturas pueden haber chicas pero en las filas de atrás para que no se lastimen, las de las filas de adelante ya saben lo que les toca…

Un buen ejemplo del androcentrismo dentro de la cultura mainstream podría ser el video-canción de Jessie J “Doing like a dude” (Portándose como un tío):

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En “Girls and subcultures” McRobbie y Garber hablan de una subcultura propiamente femenina, la de las teennyboppers, una subcultura pop femenina que desde los 50s –post Guerra Mundial- ha sido alimentada a base de comics, revistas y un flujo ininterrumpido de estrellas de la canción, destinada básicamente a mujeres pre-adolescentes, es decir, las fans de toda la vida. Las teenyboppers han ido saciando su hambre pop con estrellas como Frank Sinatra, Los Beatles y el bubblegum pop que fue esa operación comercial a base de grupos desconocidos que hacían música en cadena y en forma de singles (las adolescentes no tenían para pagarse lps) con grupos como The Archies (“Sugar”) o The Monkees que es considerado el primer grupo prefabricado de la historia. Junto a estos también podríamos relacionar a las teenyboppers con los grandes grupos de chicas de los 60s (Shangri-Las, Crystals, Supremes…) y sus canciones melodramáticas sobre novios muertos en accidentes de carretera –hace un tiempo le dediqué un post a ese tema en esta entrada– así como con los modernos fenómenos de fans como Justin Bieber. Ya sólo echando un vistazo muy superficial a los intereses de ese grupo vemos que una de las primeras diferencias con subculturas masculinas es que consumen música pop completamente empaquetada que emerge de corazón de la industria y que, por ello, según McRobbie y Garber, pudiera ser considerada como menos creativa que las subculturas masculinas. Sin embargo está marcada por unos intereses y circunstancias particulares entre las que deberíamos de destacar el modo en que las chicas interactúan entre sí. Repasemos brevemente los elementos que según McRobbie y Garber marca a este grupo:

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• La música y el tipo de ocio se acomoda al consumo del hogar: las chicas tienen menor libertad de movimiento que los chicos, especialmente en las calles.

• No es una subcultura restrictiva: no requiere un compromiso con ideas interiorizadas sobre lo que es “cool”, es barata tanto en uniformes como en revistas / discos y los conciertos son tan escasos como para considerarse amenazas.

• No existen riesgos sexuales: para las chicas de esas edades los chicos reales son percibidos como entes amenazadores y la mayoría de ellas, sean de la clase que sean, quieren retrasar el momento de los besos. Los ídolos fantásticos del pop no hacen esas demandas ya que quieren a sus fans sin pedir nada a cambio.

• Sirve para construir fantasías escapistas: Ser adolescente, chicas, es un stress y las fantasías que se construyen alrededor de los ídolos teen a través de narraciones como encontrarlos en el super o ser elegida entre la primera fila de un concierto sirven de válvula de escape para las (altas) demandas diarias de los estudios o el trabajo, no estando, además, exentas de un fuerte componente sexual. No podemos obviar que esta construcción romántica que se elabora a través de revistas, programas de tele/radio y actualmente internet tiene su lado oscuro ya que según McRobbie y Garber la idealización del teen idol “lleva implícita la subordinación de la mujer al hombre, anticipando la subordinación de la esposa al marido” y presentando una forma idealizada de matrimonio.

La Vivian Girls parecen que han leído a la McRobbie:

Sin embargo, pese a esa pasividad sentimental y consumista, McRobbie y Garber exponen que al declararse como fans las chicas están actuando activamente trastocando ese esquema de fan femenina pasiva frente a estrella masculina activa. Y al hacerlo están creando una identidad femenina en un contexto cultural comercial, una identidad que se corresponde a las características esenciales de las subculturas como fenómenos sociales de “retirada” (del mundo adulto o laboral) y “preparación” (para integrarse a él) que en este caso y según McRobbie están especialmente marcadas por las ansiedades que provoca moverse por el mundo de la sexualidad adolescente. De este modo la retirada significaría un alejamiento del mundo adulto y masculino ya que son grupos femeninos cerrados e inaccesibles a los chicos, alejadas del ojo masculino que podría ridiculizarlas, los padres y madres, los y las profesoras. Como subcultura, pues, estaría marcada esencialmente por el modo en que las chicas interactúan entre ellas a través de una férrea solidaridad defensiva entre los grupos de teenyboppers que no suelen ser grandes en número. El tema de la “preparación” se podría vincular a como se anticipa el mundo sexual a través de la devoción por el idol y a través de (posibles) rituales semi-masturbatorios femeninos. McRobbie y Garber hacen una definición del fenómeno que no sólo es ajustada sino que creo que es pura poesía académica, lean y fíjense lo que es escribir bien: “Debemos entender las culturas Tennyboppers como un modo de comprar tiempo dentro de la cultura comercial mainstream y del mundo real de los encuentros sexuales mientras a la vez se imaginan esos encuentros con la ayuda de las imágenes y los productos que proporciona la propia cultura comercial mainstream, desde el espacio seguro de la exclusividad femenina de un grupo de amigas”.

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Este texto fundamental tiene, claro, sus cuantos años y en la escena de la música enlatada para adolescentes han pasado muchas cosas y algunas claramente contradictorias. Según mi punto de vista que está más marcado por ser una aficionada a la cultura pop que por ser una experta en música, creo que la música para chicas adolescentes sigue siendo considerado el escalafón más bajo de la música pop pero paradójicamente sus formas industriales han sido adaptadas como una de las herramientas más poderosas del (casi) difunto negocio musical. Pensemos por ejemplo como la celebridad articula el actual estrellato musical y veremos que prácticamente desde la aparición de la MTV y desde que las radio fórmulas descubrieron el poder consumista de las adolescentes la música pop contemporánea se basa en la sucesión de una serie de estrellas (Adele, Christina Aguilera, Beyoncé, Kelly Clarkson, Miley Cyrus, Ke$ha, Lady Gaga, Nicki Minaj, Katy Perry, P!nk, Rihanna, Robyn, Shakira, Britney Spears, Taylor Swift y Carrie Underwood) que sacan una serie de singles musicalmente indiferenciados y que llenan el escenario de prácticas para musicales, que si la camiseta, que si la chapa, que si la mochila… Hecho que no es baladí, amigas, ya que dado que el concepto de estrella musical de facto articula el negocio en una serie de plataformas que vienen a sustituir la antigua venta de discos –que si el single para el ipod, que si el concierto acontecimiento, que si la marca de ropa, que si la página web- el universo pop se llena de información biográfica (que si ha engordado, que si su novio se ha vuelto marica, que si le quitan la custodia de sus hijos por posesión de cocaína, que si se ha enrollado con una dj) que no sirve absolutamente para nada ya que, como decíamos, musicalmente no podemos diferenciar a una de otra… bueno, a ciencia cierta, sirve para algo, sirve para crear un relato que circula por todas esas plataformas. Es decir, cuando compras la ropa que diseña Shakira, es un pour parler, estas consumiendo a Shakira del mismo modo que si escucharas su música…

Take That… smells like teen spirit:


Este debate nos lleva a otra interesante cuestión: si la música mainstream es falsa y femenina, ¿la música indie es masculina, es decir, se construye en base a discursos masculinos? Yo por ese terreno no me quiero meter porque los indies se conoce que tienen muy poco humor y sólo son irónicos para soltar mierda machista, pero como oyente de Radio 3 no puedo dejar de constatar que ciertos discursos sobre el grano de voz de un cantante, la calidad cruda (raw) de su música y la insistencia en que la biografía del artista influye en su obra se pueden contraponer fácilmente a ciertos discursos sobre la feminidad de la música hiper producida (¡¡ese vocoder!!), fácil y comercial que son, por otro lado, atributos de toda la vida ligados al pop. Del mismo modo la figura del aficionado a la música indie se articula como un conocedor mientras que la fan de la música pop articula pública y mediáticamente toda una serie de discursos sobre el histerismo femenino, la idiotez de las mujeres adolescentes y los excesos del consumismo fanático.

Cuando existía Take That y los aeropuertos estaban llenos de fotos de terroristas:

Pero este artículo quedaría cojo si no señalamos que junto a esa tendencia que ha convertido en mainstream los mecanismos de la música para chicas, la industria musical occidental ha cambiado hasta convertirse en un escenario muy complicado como para producir esa música tonta y fácil que tanto gusta a las chicas adolescentes y a las que nos sentimos chicas adolescentes. Cambios que van desde contenidos de las canciones (las múltiples referencias a drogas de las canciones de Nicki Minaj) hasta la información sobre la estrellas que corre de manera enloquecida en la era de internet logrando que nos enteremos a tiempo real de las meteduras de pata de Justin Bieber: ya sea que escribe una tontería en el libro de visita de la casa de Ana Frank o que le hackean la cuenta de twitter y confiesa falsamente que es gay (¿se imaginan a una fan de los 50 recibiendo noticias sobre la vinculación a la mafia de Frank Sinatra?). Por eso las personas que necesitamos ese tipo de música en nuestra vida diaria hemos tenido que saltar al escenario global para descubrir que la verdadera mierda está en el pop coreano, el k-pop, que se ha convertido en una amplia y robusta industria cultural que domina todo oriente. Una industria organizada en fábricas de idols y cuyas aficionadas, especialmente las occidentales, se han convertido para mí en la élite de las teens y cuyas sofisticación a la hora de consumir pop dejaría en pañales a cualquier redactor de revista de tendencias musicales indies, pero eso lo dejamos para otro día que las señoras que hablan se tendrán que currar otro cocktail…

Women films (1): October baby.

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En esta sección con la que espero conseguir alguna vez crear y mantener una columna fija en el blog voy a ir recogiendo las pelis que tengo que analizar para mis estudios y que posean algún elemento tan llamativo como para que les pueda interesar a ustedes, queridas lectoras, que bastante tienen con lidiar con la feminización de la pobreza y la precarización del trabajo mujeril como para ponerse a hilar fino en temas de sal gorda. Películas que, eso sí, cuenten con un personaje femenino fuerte o central y que tengan como motor dramático elementos que de manera tradicional o vanguardista tengan que ver con la esfera conceptual de lo femenino, sea esta cosa la que fuere siendo considerada de manera individualista por cada una de las personas afectadas y en cada una de sus lados, matices u orientaciones.

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Empezamos, pues, con una película que cumple con estos requisitos y que los lleva hasta su punto más extremo en su tratamiento de un elemento esencial dentro de las narrativas femeninas, la maternidad (oh, ah!). Me refiero con dolor de corazón y crujir de dientes a la película titulada October baby (2011) que me fue sugerida por el valiente tratamiento que se hace del tema del aborto desde una perspectiva machista, teocéntrica y gallardoniana. La película, vamos a ver, desde sus títulos de crédito no engaña, creada por la AFS “American Family Studios” y distribuida en España a nivel nacional por la marciana European Dream Factory empresa patria que según su página web

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Le eché un vistazo a su catálogo y pensando en algo que ustedes pudieran reconocer en cartelera me encontré, a saber, con la película que hoy nos ocupa además de con ese bodrio manierista lleno de escenas violentas llamado Las flores de la guerra sobre un grupo de prostitutas refugiadas en un colegio de niñas durante la masacre de la ciudad de Nanking en 1937. Así como una cinta española que ha ganado premios ecuménicos como es Buscando a Eimish dirigida por Ana Rodríguez Rosell con música original de Alondra Bentley con  el terriblemente atractivo Óscar Jaenada empeñado en no inseminar a Manuela Vellés y culminar del modo normal en que una pareja heterosexual pues culmina sus cosas (parece todo muy vago pero cuando vea la peli podré hablar con propiedad tanto sobre sus valores artísticos como de la triste realidad que diariamente sufren los heterosexuales) en un giro narrativo que ha sido aplaudido por su defensa de los “valores familiares”.

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Pero volvamos al análisis de la película que nos ocupan que ya presiento que están impacientes y con los lagrimales a punto de estallar, porque esta es una de esas películas para mujeres en las que se llora, ojo, pero también se aprende. La cinta, dirigida por los hermanos Erwin y que se ha convertido en un inesperado éxito de taquilla doméstico (1.7 millones el primer fin de semana de estreno allí por el 2011) para una película cristiana independiente cuenta la historia de Hannah una chica que parece residir en el Medio Oeste o en alguna zona del cinturón evangélico que ha vivido una niñez perfecta subrayada en la película por el uso indiscriminado de filtros y canciones interpretadas por una guitarra y una voz melosa (mira, meloseta, meloseta), no en vano su director viene del campo y/o industria de los video-clips cristianos. A Hannah la vemos primero de niña jugando con su amigo del alma y tirándose a un lago que bien podría remitir al líquido semiótico como efectivamente después  lo hace. En los primeros segundos tenemos presentados todos los elementos del drama: dos amigos, un verano y un líquido semiótico. Los hilos son fáciles de unir ya que presuponemos  que convertidos todos en adultos, la amistad va a más y el niño va a acabar inseminando a la niña e iniciando con ello un encendido debate sobre la legitimidad del aborto en unas escenas que de manera estilizada remitirán a “Embarazada a los 16” de la MTV. Ya saben, cuando digo estilizada digo  sin esos pitidos que tapan “va a tener una madre que es una piiii” o “su padre es un piiii”. Ah, pero que error de cálculo de esta crítica fílmica que firma estas líneas, amigas, que error, ya que la cinta va a ir definitivamente por otros derroteros.

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 Convertidos en pequeños adultos norteamericanos pre-universitarios, que ya es mucho decir, los personajes se reúnen en torno a una obra de teatro donde Hannah interpreta el papel principal y en la que acuden los padres y el chico de la peli Jason cuya novia le recrimina su amistad con Hannah a la que considera una freak. El telón se levanta y aparece Hannah convertida en dama decimonónica que en mitad de la comedia de costumbres sufre un desfallecimiento (empezamos mal)… “¡¡zasca!!, ya la han embarazado”… me dije de manera perspicaz apoyada en que en la peli volvía a salir el líquido semiótico/lago de la infancia pero de mal rollo, como amenazante.

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A raíz del episodio en el teatro la ingresan en una clínica donde acaba teniendo una conversación con el médico y sus padres en la que le informan que todos sus problemas de salud física y emocional se deben a que nació prematura, con 24 semanas. Se destapa que sus padres leen a escondidas su diario íntimo (para las modernas: antes de colocar toda nuestra basura públicamente en las redes sociales las mujeres mantenían un tipo de escritura privada que reflejaba sus sentimientos y movimientos vitales) y que éste tiene tétricas referencias a quererse morir, a no merecer seguir con vida, vaya, nada anormal para una postadolescente sietemesina.

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Para aliviar la tensión que produce este descubrimiento y suponemos el estupor de que un material tan caliente no lleve un tiempo colgado en las redes sociales recolectando “likes” los padres le dicen que no son sus padres biológicos y que ella es una superviviente del “holocausto del aborto” (no con estas palabras) y que todos sus problemas físicos, psicológicos, e incluso, por qué no, económicos como altas tasas universitarias, bajada de sueldos, deuda externa e incluso las granizadas a finales de agosto se deben a ello.

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A partir de este momento el personaje descubre sus cualidades cuasi-mágicas de superviviente a un aborto que, sinceramente, es una condición vital extraña incluso estadísticamente ya que según estudios en EE.UU. los abortos tras  20 semanas sólo corresponden a un 2% del total y en su mayoría sólo se realizan si se demuestra la inviabilidad del feto (las estadísticas son parecidas en España). Pese a ello y aún reconociendo que el cine se construye en gran parte de sueños y pesadillas, de terrores y ansiedades, no de hechos reales y estadísticas, hemos de reconocer que en los países que no recurren a la ley de plazos existe una pequeña posibilidad de que se produzca esa condición (que alguien aborte más allá de las 24 semanas y pueda sobrevivir) y así lo afirman los directores de esta cinta quienes sostienen que la película está basada en hechos reales, en las vivencias de una chica abortada que descubrió su condición en plena adolescencia (no la de la foto, otra).

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A partir de ese momento a uno le parece que la cosa va a acabar como la peli “Palíndromos” de Todd Solondz con monstruosas familias cristianas y atentados a clínicas abortivas pero se mantiene dentro de los límites de la película de sobremesa. La que cambia, eso sí, es la personalidad de Hannah que empieza  a contestar a sus sobreprotectores padres, a exigir respuestas sobre su pasado y sobre todo empieza a utilizar el verbo abortar de manera reflexiva: “me abortaron”, “trataron de abortarme a mi” y todas las variaciones verbales imaginables. Así y a raíz de las vacaciones de pascua, la Spring Break, se plantea ir con unos colegas a buscar respuestas sobre su pasado algo a lo que se opone su padre quien acude a ver a Jason, el chico, para decirle que le quite de la cabeza esa idea de montar un road-movie cristiana. A partir de este momento sabemos que Hannah, la frágil, simpática y un poco teatrera Hannah, nuestra querida Hanah, rebelde en el sentido cristiano del término, tiene poco que hacer o que decir, su futuro lo están diciendo dos varones: su (no) novio y su (no) padre. 

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El momento road movie cristiana no añade nada a la historia del cine que un director de cine indie perezoso o un director de video-clips cristianos no se le hubiera ocurrido antes ya que tenemos una caravana antigua, un chico gordito que la conduce y que no para de hablar de comida, un espabilado chico freak al estilo la Revancha de los novatos, ¡¡incluso hay una escena en la que la soñadora Hannah deja que su mano vuele impulsada por el viento a ritmo de rock cristiano!!. Junto a ella está Jason y su novia y una pareja interracial indeterminada que cumplen con la necesaria variedad racial, como esos modelos de color que aparecen en los anuncios de ropa pija. Los únicos elementos destacables de estas secuencias son que en un momento determinado van a parar con su furgoneta a una reserva de huevos de tortuga que podría remitir o adelantar la visita a las clínicas abortivas que demuestra una vez más que pese al uso de una iluminación clara y la presencia de colores pasteles, toda la cinta está traspasada por un discurso sobre la muerte. ¡Ah! bueno y también son destacables las descripciones de los usos y costumbres de los jóvenes cristianos educados en su casa (home schooling) que el director quiere popularizar, entre ellas dividir las habitaciones del motel entre chicos y chicas, circunstancia fatal que lleva a que Hannah comparta habitación con la novia de Jasón que se pone super-bitchy y le acaba diciendo poco menos que ojala la hubieran abortado. A partir de ese momento Hannah decide huir y Jason no tiene más remedio que seguirla convirtiéndose en unos Bonny y Clyde pro-vida en busca de respuestas, todo aderezado con más momentos video-clips cristianos y algún momento de enredo de comedia romántica cristiana: tú duermes en el suelo, yo te digo que soy virgen, me pongo tontita, dormimos los dos en un sillón del hall del hotel.

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Tras estos momentos cómicos llegan a la clínica abortiva abandonada que se crea visualmente como el motel del terror de Psicosis, allí dentro empiezan a vagabundear y rebuscar por los pasillos hasta que un sorprendente corte nos lleva a Hannah haciendo carusas ya que ha sido capturada y fichada por la policía de Mobile. Aunque el delito de allanamiento es grave a través de esa infracción conocen a un policía muy bueno y muy sabio que tenía relación laboral con la clínica debido a unas amenazas de bomba. El policía recuerda la enfermera que firmó el certificado de nacimiento de Hannah y le pregunta qué le dirá a su madre si la encuentra, ante las dudas de nuestra heroína, el poli le dice “Odia el delito, no al delincuente”. Como decían en un blog feminista que leí, muy probablemente el policía hablara metafóricamente, pero tenemos que recordar que hasta día de hoy el aborto no es un delito y no está tipificado como tal ni en la legislación norteamericana ni en la española.

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La secuencia en la que Hannah encuentra a la enfermera es una de las que posee la mayor carga anti-abortista, anti-feminista y anti-femenina de todo el film demostrando como la lucha destinada a que las mujeres no tengan opción al aborto forma parte de un proceso más amplio de eliminación de derechos y de (re) implantación de roles tradicionales. La enfermera recuerda a pesar de los años todos los pequeños detalles de un suceso laboral pretérito y presenta a su madre como una chica joven y guapa pero llena de dudas a diferencia del resto de las pacientes. La presenta como promiscua dentro de una cinta, tengo que recordar, donde los chicos y las chicas de viaje ni tan siquiera comparten habitación: “Me dijo que no conocía al tipo, no sabía su nombre, lo conoció en un bar que pasaron una noche y luego se marchó”. Le explica que el aborto había ido mal y que había sido un intento fallido… a la enfermera se le quiebra la voz hablando de las cosas horribles que le hacían hacer y cómo le concienciaban de aquello eran tan sólo “tejidos”…

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En ese momento la enferma recuerda que la madre de Hannah volvió al día siguiente a que le intentarán practicar un aborto alegando estas razones:

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Pero según la enfermera había llegado tarde ya que estaba de parto prematuro y decidió llevarla al hospital donde nacieron gemelos, uno de ellos sin brazo. Los altos valores familiares que Hannah luce en toda la película hacen que la noticia le emocione y que sea incapaz de imaginarse a su hermano como un homeless sin brazo que actualmente viven en el cruce de una interestatal enseñando el pene a los coches, sino en alguien que como ella sufre y que según la enfermera fue también adoptado por los padres de Hannah quienes se sentaron junto a las incubadoras leyéndoles pasajes de la Biblia (literal). Vuelta al recurso de los tejidos para acabar con la secuencia.

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La madre biológica de Hannah está construida como la típica mujer triunfadora, con un amplio despacho propio y con un apellido que da nombre a una firma de abogados, con collares y brazaletes dorados y montando a coches de lujo. Una mujer fría que es capaz de negar a su hija por segunda vez y que de manera sorprendente no ha elegido el camino de la soltería sino el del matrimonio y la maternidad, algo que en última instancia debería humanizarla.

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Como en una emboscada, aparece el padre de Hannah enterado de las correrías de Hannah y Jason y, ojo a la escena, y decide mandar a ésta al coche enfadado mientras los dos hombres, discuten sobre sus acciones y el padre prohíbe seguir viéndola… ¿tengo que recordar que estamos hablando de una mujer de 19 años?

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A su llegada al aeropuerto se produce una escena que me parece muy significativa del modo en el que la película retrata el tema de la elección sobre el aborto, haciendo que esta decisión pase de las mujeres a los hombres. En la anterior secuencia veíamos a un personaje femenino que era incapaz de renunciar a su carrera y a su trabajo por la vida de Hannah, frente a eso lo que plantea la película es que son los padres adoptivos de Hannah los que tiene que renunciar a un montón de cosas por hacerse cargo de ella, por ejemplo, pierden la casa debido a las facturas de hospitales. Lo interesante del asunto es que este discurso sobre la renuncia o sacrificio que pertenece al universo simbólico femenino a la hora de encarar un aborto o de seguir adelante con el embarazo, es reapropiado por el padre, quien llega a afirmar “que le faltaba un año para acabar la carrera de medicina” y que no pudo hacerlo por hacerse cargo de las facturas.

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Al final de la película Hannah se reconcilia con sus padres, quienes le informan de que su hermano falleció a las pocas semanas de vida y vuelve a realizar todo el viaje, esta vez en compañía de su padre (siempre viaja acompañada), para cancelar los cabos sueltos que dejó en su primera intentona y sellar situaciones a base de perdón: visitan la tumba de su hermano donde Hannah perdona a su padre, posteriormente le deja a su madre bilógica su certificado de nacimiento donde escribe “Te perdono”,  su padre perdona a su novio llamándole para concertar una cita a su hija (una mujer de 19 años), la enfermera es perdonada por sus acciones al dedicarse a salvar niños y no a matar tejidos y muchos otros perdones secundarios que cierran otros tantos flecos narrativos hacia la madures de la protagonista; incluyendo el abandono del hábito de escribir un diario, de ejercer la escritura, que aparece vinculado en la película a la adolescencia. Al final, la pareja heterosexual protagonista y después de que Hannah se fundiera con un abrazo con su padre se marchan hacia la puesta de sol sobre los tejados de un edificio universitario.

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Señoras, estos son los hechos, es decir, los fotogramas. Ahora y por no enredarnos mucho más debemos valorar la peli en su justa medida: la película aunque realizada con cierta pereza no deja de ser interesante por el modo en que actualiza temas cristianos de una manera moderna  tomando las formas externas de esa cosa que desde los 90 se viene llamando cine “indie” (de hecho es una película realizada por un estudio independiente) aunque con un uso discriminado de los filtros y de los modos del video-clip cristiano. Su director Andy Erwin expuso que no quiso realizar una película política sino una película que reflejara sus creencias cristianas y con personajes cristianos actuando cristianamente. Sinceramente, a tope con eso a pesar de la redundancia que significa el film ya que si valoramos la historia del cine, ésta se encuentra trufada de películas dirigidas por hombres cristianos que dejan traslucir sus creencias –incluidas las que tienen alrededor de la concepción-  y un número más bien limitado de películas dirigidas por mujeres sobre esos u otros temas. Ahora bien, resulta un poco extraño que, a pesar de que los estrenos norteamericanos de películas menores se puedan retrasar hasta dos años, justo el estreno en pantallas de October baby haya coincidido con la reforma del aborto del ministro de justicia Alberto Ruiz Gallardón quien plantea entre los puntos más importantes la eliminación de la ley de plazos (hasta las 14 semanas cualquier española puede abortar) por una de supuestos que <<según la ginecóloga Isabel Serrano, portavoz de la Plataforma Nosotras Decidimos y de la Federación de Planificación Familiar Estatal, este cambio supondría “volver a decir que las mujeres no tenemos capacidad de decisión y que sólo alguien ajeno a nosotras puede decir qué podemos o no hacer”. Esta doctora alerta además de la pérdida del acceso en igualdad que ha supuesto la ley de plazos: “Ahora, todas las mujeres, cualesquiera sea su nivel adquisitivo, pueden acceder a la prestación de forma gratuita, pero cambiará si volvemos a los supuestos y a una legislación que no establezca este derecho”>> según informaba El diario.es.  Podemos hacer un ejercicio de abstracción importante y pensar que si bien la película no tiene porque ser política (tururú) su estreno en España en plena tormenta social provocada por los cambios anunciados por Gallardón transforma a esta película en uno de los estrenos más políticamente sesgados de la temporada, a la altura de las historias de terroristas árabes, las pelis de aventuras militares a la conquista de países del tercer mundo (éstas sí dirigidas por mujeres) o la mofa y befa de minorías sociales o étnicas. Ya que parece claro que si los relatos fílmicos nos transforman en algún modo, October baby tiene la capacidad de infantilizar a su audiencia femenina con los mecanismos establecidos del cine comercial (no es muy original al respecto) y dejarla pendiente del abrazo tranquilizador de una figura paterna, de una figura superior que reparta cariño y justicia sin pensar en plazos, sino en supuestos, que es como se administra la justicia.

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Sonrisas de labios partidos: violencia machista y comedia.

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Juguemos a las películas y hagamos un ejercicio de imaginación: piensen que soy un director de cine joven  que acude a sus suntuosas oficinas de producción para venderles un gran proyecto cinematográfico. Tengo dos ideas en mente:

Historia A (una comedia homenaje a las películas de parejas de policías de los 80 como “Arma letal” o “Tango y Cash” pero al estilo europeo): Unos chicos se disponen a mear en un descampado de las afueras de París y descubren que lo están haciendo sobre el cuerpo de una elegante y guapa mujer muerta. Durante la investigación criminal sobre este caso un oficial de policía del centro, machista y pijo, se convierte en compañero de un policía de color de los suburbios en la investigación: su primer encuentro es hilarante porque el policía pijo huele el meado del cadáver sin saberlo. En otra inolvidable escena en la morgue este mismo policía alaba el atractivo de la asesinada y bromea sobre la posibilidad de que se hubiera operado las tetas tocándolas para averiguarlo ante las risas del forense y la censura de su compañero. La película termina tras unas cuantas bromas a costa de los gitanos y con el caso resuelto: “Al final era tan sólo un crimen pasional”.

Historia B (cine de autor crítico con la sociedad americana muy en plan “Dogville” con toques de Haneke en “El video de Benny”): Dos quarterbacks del equipo de futbol de una pequeña localidad norteamericana salen de fiesta una noche en la que se celebra la vuelta al instituto. Durante esa noche encuentran a una conocida que acaba inconsciente por el alcohol y deciden llevarla de fiesta en fiesta en una larga travesía de seis horas donde esta chica es vejada de todas las maneras posibles incluidas la violencia sexual. Le hacen fotos que se suben a Instagram, se le describe en facebook como un “cuerpo muerto”, se twittea su estado (“Alguna gente merece que se le meen encima” “Han meado sobre ella. Así es como se sabe que está muerta, porque alguien la ha meado”) y finalmente uno de ellos tras afirmar que la canción de esa noche era “Rape me” de Nirvana decide penetrarla con los dedos en su coche para después eyacular sobre ella y hacerle fotos en su sótano. La chica a la mañana siguiente no recuerda nada y aparece semidesnuda en el mismo lugar, los responsables intentan eliminar pruebas y suplicar a la chica que no presente cargos. La película termina con ella dirigiéndose hacia el juzgado junto con su madre y bajo la mirada censora del pueblo que no puede impedir que vaya arruinar la vida de esos dos buenos estudiantes y deportistas.

Como podrán ver como futuro y moderno director cine exploto la vieja fórmula de éxito que hizo famoso el escritor francés Victorien Sardou autor de “Tosca” y que se resumía en “¡Torturad a las mujeres!”. Pero, eso sí, con dos estilos muy diferentes como son el cine comercial y el cine de autor, ahora, claro, les toca a ustedes: ¿cuál de las dos historias financiarían? Evidentemente el juego tiene un truco que ya habrán supuesto: una historia es falsa y la otra es verdadera.

La historia A es el argumento de una película que cuando lean este artículo estará en sus cines, incluidos los de versión original, después de acompañarle en las marquesinas, revistas y magazines televisivos: se trata del mega-éxito de taquilla francés “Incompatibles” (“De l’autre côté du périph”, 2012) dirigido por David Charhon en la labor de recuperar los peores tics de las películas de parejas de hombres (buddy films) en clave policial y birracial con un dúo formado por los actores Omar Sy y Laurent Lafitte, dándole el toque europeo con algunas referencias a Belmondo. La historia B es la historia de una violación ocurrida en Steubenville, Ohio, la noche del 11 de agosto de 2012 y cuyo reciente juicio ha galvanizado a EE.UU. Sus protagonistas junto a la chica violada son Ma’lik Richmond y Trent Mays, todos menores de edad y rondando los 16 años.

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Si las diferencias son difíciles de tragar, las similitudes directamente nos hacen vomitar al descubrir los mecanismos narrativos y visuales que las entrelazan. Unos mecanismos que sólo podemos analizar, aquí les pido un esfuerzo en aguantar las arcadas, si aislamos un hecho terrible pero real: la historia A es una película (una ficción visual) y la historia B es una realidad (un acto espantoso) pero ambas coinciden en que han generado imágenes ya que la violación fue prácticamente retransmitida a tiempo real por todo el pueblo a través de las redes sociales en forma de vídeos y de fotos. Si bien las imágenes de “Incompatibles” se integran y confunden en el flujo del cine comercial y las del caso de Steubenville fueron eliminadas y rescatadas por una bloguera que se dedicó a hacer tomas de pantalla, ambas coinciden en utilizar la violencia machista como recurso cómico. Las víctimas son convertidas en “mujeres basura” que diría Pilar Pedraza arrojadas al vertedero de nuestra producción audiovisual gracias a su inercia, muñecos sin vida que producen risa, puro material plástico degradado y blando como en una de las escasas fotos que han transcendido de aquella noche y que la que la chica violada aparecía cogida de brazos y de pies bajo el epígrafe “Sloppy” / “blandengue” que acompañaba a los calificativos de zorra.

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Los tweets

Los tweets

Otro de los elementos comunes es que ambas narraciones visuales están protagonizadas por una pareja de chicos de distinto carácter y raza que a su vez representan distintos tipos de masculinidades hegemónicas a las que acogernos, mecanismo que como hemos visto está en la base de las “buddy films”. Finalmente hay entre estas dos historias un punto que considero esencial: la construcción de la violencia machista como un espectáculo colectivo bautizada por los manifestantes y por la prensa americana como “rape crew” o “camarilla violadora” y que en su calidad de acusación colectiva creo que una buena reflexión final. La violencia machista gratuita de “Incompatibles” así como los actos de Steubenville banalizados en la red nos convierte a cada una de nosotras, espectadoras, en colaboradoras silenciosas. Ante la violencia machista como recurso cómico tenemos que levantarnos del cine y hablar.

"Henry retrato de un asesino" película llena de "mujeres despojo" que diría Pilar Pedraza.

“Henry retrato de un asesino” película llena de “mujeres despojo” que diría Pilar Pedraza.

PERDIENDO LA CONSCIENCIA EN LA COMEDIA AMERICANA BLANCA

A principios de este marzo se estrenó en EE.UU. la película “21 & over” en la que se relata como una pareja de universitarios blancos sacan la noche de su veintiún cumpleaños a un compañero de ascendencia china, un formal estudiante interpretado por Justin Chon, en una celebración de su mayoría de edad que acaba en una noche de vejaciones llena de estereotipos raciales, sexuales (las escenas de fraternidades femeninas) y chistes homófobos. Próximamente en sus pantallas.

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Es gracioso porque es de otra raza y va vestido de mujer, a win-win situation.

Es gracioso porque es de otra raza y va vestido de mujer, a win-win situation.

AGRADECIMIENTOS

Este post se escribió a instancias del periódico Diagonal cuando tras ver “De l’autre côté du périph” en pase de prensa escribí a varios medios e instituciones sobre la película. Las instituciones no se hicieron eco de ella pero sí Diagonal que me pidió que lo desarrollara como artículo y también el periódico La Marea a través de la sección de Nuria Varela “El ojo morado”, hice lo propio en el periódico en el que colaboro  El Levante quien me encargó la crítica original. Estoy especialmente agradecido a  Davinia Briones quien se molestó en escanearme las referencias del libro de Pilar Pedraza que tenía en unas cajas de mudanza que se han quedado en Valencia esperando una vida más estable.

Abajo el amor: Muerte y agonía de la comedia romántica.

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Perdiendo el tiempo y desde ya el dinero de los contribuyentes hace un par de semanas descubrí por internet un bonito debate alrededor de la aterradora posibilidad de que la comedia románica como género estuviera dando sus últimos coletazos cinematográficos y que  hubiera entrado en una especie de coma intelectual consiguiendo con ello que un grupo de especialistas se reuniera en torno a su cama para insuflarle ánimos (“venga que no es nada, que el próximo San Valentín estaremos riéndonos de esto”) o para estrecharle la mano por última vez y despedirse entre lágrimas. Si bien no podríamos calificar este tema de urgente no deja de ser ciertamente peliagudo para las personas implicadas en el proceso creativo incluyendo las directoras, las espectadoras –amamos la comedia romántica-, las comentadoras –justamente doy una charla sobre la comedia romántica en Valencia el día 12 de abril , más información abajo- y las productoras como Lynda Obst quien afirmó para uno de los blogs del New York Time que no habían visto una escasez de comedias románticas así en 30 años. Ahora bien, ¿cuáles son las causas para esa sucesión de malas cosechas dentro de las rom-com (romantic-comedy)? ¿Por qué se ha echado a perder el género y nosotras como espectadoras hemos dejado de querer ver historias de mujeres que nos recuerdan a Nuria Roca? ¿Nos ha dejado de hacer gracia Nuria Roca o nos ha dejado de hacer gracia el amor? ¿Es Memorias de un zombie adolescente  la nueva comedia romántica protagonizada por muertos vivientes una revisión crepuscular del género o su certificado de defunción (peli que por otro lado ha sido un taquillazo inesperado)?…

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El primero en soltar la perdiz y que ha iniciado este debate en el ámbito anglosajón ha sido Christopher Orr quien el pasado mes de marzo desde The Atlantic -vale, ya lo sé, la web de escritores que me dedico a metralletear desde hace unos cuantos posts- escribió un artículo intitulado muy expresivamente “Why are romantic comedies so bad?” y que podríamos traducir por “¿Por qué las comedias románticas son un pestiñazo? ”donde el hombre analizaba los síntomas y las posibles causas de esa enfermedad que ha llevado a la rom-com al desahucio. Veamos algunas de las razones y síntomas recopilados por este periodista y las respuestas que obtuvo de otras especialistas. Según Orr las causas de esta decadencia del género es debido a:

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  • Escasez de carisma actoral invertido en las rom-com: Ya no hay actrices como las de antes o dicho de otro modo: los actores de primera fila que existen huyen como alma que se lleva el diablo ante un guión con un título cuchi aderezado con números –“Como perder a tu chico en 10 días” “100 days of Summer”- y un aterrador subtítulo “una comedia romántica”. Parece claro que la comedia romántica cinematográfica ha tenido una de sus herramientas más efectivas en el trabajo de actrices y de actores con la suficiente química como para atraer a masas de espectadores dispuestos a presenciar sus reciprocas patadas a esas espinillas espirituales que son los egos, pero ese gancho ha desaparecido: viendo la cartelera actual los grandes nombres escasean ya sea debido a que repudian el género o ya sea debido a que están ocupados en hacer subnormales remakes de los 80s. Orr pone el significativo caso de George Clooney quien, según él, ha modelado su carrera teniendo como modelo a Cary Grant excepto en su “reticencia a explorar el género que hizo del último un icono”. En cuanto a las actrices vamos a reconocer que en la actualidad existe una cierta tendencia a adquirir la madurez interpretativa con papeles de mantis religiosa de gimnasio o de su reflejo en negativo, el de neumática heroína de acción, a ser posible en un remake no-irónico de los 80s.
"Schaflos in Seattle" en Alemania, "Algo para recordar" en el solar patrio.

“Schlaflos in Seattle” en Alemania, “Algo para recordar” en el solar patrio.

  • Repetición de fórmulas: Otra de las causas que se aduce como causantes de la muerte cerebral del género es el éxito económico de las comedias románticas durante los 90 y la tendencia de creadores y creadoras de repetir fórmulas narrativas sin la menor variación, empezando por Pretty Woman (1990) y acabando con la comedia romántica neo tradicional especialmente las protagonizadas por Meg Ryan y Tom Hanks bajo la dirección/guión de Nora Ephron. De esto, que habría mucho de lo que hablar casi lo dejamos para otro rato.

No sé si buscarme chacha o ponerme a servir...

No sé si buscarme chacha o ponerme a servir…

  • Escasez de argucias argumentales: Según Orr la rom-com tiene uno de sus mecanismos narrativos privilegiados en la superación cómica de los obstáculos que se interponen en una relación ya sean estos referidos a la diferencia social o el rechazo de los progenitores. Junto a estos dos impedimentos no nos podemos olvidar del tabú con respecto al sexo premarital y los mecanismos de desplazamiento cómico del Acto que culminaba la historia y que servía como coartada para un montón de comedias sexys de los 50 (las protagonizadas por Rock Hudson). Lo que viene a decir Orr es que desaparecidas estas barreras sociales, desaparecidos los resortes cómicos. Por eso, según este autor, se han de inventar nuevos impedimentos que se ajusten a los tiempos, siempre teniendo en cuenta que las relaciones interraciales ya fueron exploradas en los 60s (Adivina quién viene esta noche) y que la distancia geográfica entre los amantes es un resorte cómico que dejó de tener gracia con la popularización de internet – Sleepless in Seattle/Algo para recordar la última rom-com que explotó la temática “Tu a Bostón, yo a California” heterosexual (Linda Holmes responde diciendo que Sleepless in Seattle/Algo para recordar NO va de la distancia geográfica sino de la sentimental y que eso no se soluciona con Skype).  Esa eliminación de barreras en una concepción moderna del amor como fuerza que supera cualquier obstáculo  ha provocado, siempre según Orr, que cada vez las razones que impiden la realización de este sentimiento sean cada vez más esotéricas esotérica: “Ella es una prostituta. Él es un acosador. Ella está en coma. Él es telépata. Ella es una sirena. Él es un zombie. Ella está embarazada. Él es el presidente” o como en la nueva trilogía de amor adolescente paranormal, The Host, ella está poseída por una extraterrestre que está enamorada de otro extraterrestre… en fin, chica, un lío, vale, lo quiero, pero ¿lo quiero por él mismo o porque estoy poseída por una especie alienígena de otra dimensión, completamente diferentes a nosotros pero terriblemente rrrrromantica? La verdad, es que el éxito del supernatural romance, es decir, del romance protagonizado por vampiros, trolls y cambia formas a doquier, explicado en clave de la recuperación de las barreras del romanticismo clásico es algo a tener en cuenta para mantener una conversación civilizada al respecto y para recordar a las sobrinas pre púberes que pertenecen a un largo linaje de mujeres lectores de novelas tontas. Tal como afirmó Si George Eliot, pseudónimo de Mary Anne Evans, en su ensayo Silly Novels by Lady Novelists (“Novelas tontas por mujeres novelistas”) donde exponía:

Las novelas tontas escritas por mujeres novelistas es un género con muchas especies, determinadas por la cualidad de la tontería que predomina en ella –lo espumoso, lo prosaico, lo pio o lo pedante. Pero es la combinación de todas ellas, un orden compuesto de la fatuidad femenina, lo que produce la clase más numerosa de dichas novelas, que debemos de distinguir con el nombre de “espíritu-y-sombrerería”. La heroína es usualmente una heredera, una mujer perteneciente a la nobleza por propio derecho que tiene como amante a un barón vicioso, un afable duque y al irresistible hijo pequeño de un marqués en primer plano, a un clérigo y a un poeta suspirando por ella a una distancia media, y detrás, sutilmente dibujados, a un gentío de adoradores indefinidos.

Sustituyan los condes y baroneses por sexys hombres lobos y lascivos cambiaformas y tendrán una ecuación parecida.

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A esta explicación, Alyssa Rosenberg puntualizaba en otro artículo de respuesta a Orr que las comedias románticas “genuinas” de la década pasada se han centrado en la superación de obstáculos interiores explicando que “como en la tercera ola de feminismo, la proliferación de opciones fuerzan a los protagonistas a descubrir lo que en realidad quieren”. Vale, eso se ajustaría, por ejemplo, a Girls (y daaaaaaaaale) cuya creadora, tal y como ha demostrado el final de su segunda temporada, conoce al dedillo los tics de la comedia romántica y de la superación de las barreras interiores que nos llevan hasta el Grand Gesture, el gran gesto final en el que el chico grita por la Quinta Avenida “¡¡¡Mary!!!, ¡¡¡Mary!!!, ¡¡¡¿¿ME OYES MARY??!!!… ¡¡¡MARY POR DIOS SANTO TE QUIERO!!!”, y ya saben, los neoyorquinos rompen a aplaudir porque los norteamericanos aprecian la muestras de espontaneidad y más si éstas están relacionadas con actos completamente subnormales; por otro lado y para dejar de hablar de Girls no podemos olvidar que la Dunham pertenece o quiere pertenecer a una genealogía femenina de creadoras de comedia romántica y fue bendecida y amiga en el último año de vida de Nora Ephron (Tienes un e-m@il) a quien le dedicó está emotiva carta en el New Yorker. Pero no nos vayamos por las ramas y recopilemos, según estos periodistas tendríamos dos explicaciones, a saber: los obstáculos interiores (ser rara de cojones) y los exteriores (tener antenas y/o colmillos).

www.indiewire.com

Como no hay dos sin tres Linda Holmes en otro artículo de respuesta expone que basar los argumentos de las comedias románticas del cine clásico en la superación de obstáculos narrativos que impiden el beso final es pillarse los dedos y pone como ejemplo a las comedias de Spencer Tracy y Katharine Hepburn especialmente La Costilla de Adán donde los dos protagonistas están ya casados por lo que nada se interpone teóricamente en la realización de su amor. Un punto de interés dentro del argumento de Linda Holmes es cuando rebate la consideración de los argumentos de comedias románticas del cine clásico como mecanismos precisos de relojería. Lo que dice la Holmes es que argumentalmente las películas consideradas obras maestras de ese género, véase La fiera de mi niña,  tenían argumentos bastante idiotas tirando a idiotas profundos pero que servían para su función, es decir, sostener diálogos brillantes y actores y actrices de primera categoría. Para esta periodista la grandeza de la comedia romántica se encuentra en la interacción de los personajes y no en el progresivo desarrollo de una imbricada historia que, ehem, acaba siendo un tontería mayúscula (Orr contesta exponiendo que precisamente los obstáculos al amor permitían crear argumentos fáciles en las pelis clásicas sobre los que “colgar” diálogos brillantes[1]). Así pues, Holmes tras repasar unos cuantos títulos que podrían revitalizar el género como El lado bueno de las cosas,  El amigo de mi hermana o La boda de mi mejor amiga pide encarecidamente que dejemos de denostar las películas de amor y sobre todo que se acabe con este odio generalizado hacia las actrices. Este último punto es interesante si pensamos en la campañas contra actrices como Anne Hathaway a raíz de su comportamiento demasiado “girly” en los Oscars o las críticas a Lena Dunham y su desnudismo (este artículo recoge críticas más sensatas a “Girls” incluyendo la de racismo  incluyendo el divertido artículo  que James Franco le dedicó a la serie).

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Amazon ha publicado un ebook sobre el asunto Hathaway titulado: Anne Hathaway: Why They Hate Her? (ahí es nada).

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Esta última afirmación puede parecer una exageración victimista de las implicadas o sus defensoras pero sin embargo tienen la virtud de introducir un elemento nuevo: el papel de las mujeres como actrices y espectadoras. Parece que hay una cierta tendencia entre los críticos y las críticas de cine de estudiar la evolución de la comedia romántica interpretándola según los cambios sociales que le acompañaron. Por ejemplo, la comedia sexy que identificaríamos con Rock Hudson y Doris Day en Un pijama para dos estaría relacionada con la aparición del informe de sexualidad Informe Kinsey, del mismo modo u manera las pelis de Woody Allen estarían relacionadas con los cambios sociales de finales de los 60 y así en un largo etcétera. Esas interpretaciones, entendedme, molan pero obvian el papel de las mujeres en el proceso cinematográfico, porque vamos a aclararnos, la comedia romántica puede apestar todo lo que ustedes quieran pero me tienen que reconocer que es uno de los pocos relatos del cine comercial que permiten que se vea y oiga a una protagonista femenina… ¡¡amigas!! no se me echen encima, recuerden que estamos trabajando bajo mínimos. Y si hablamos de mínimos y del protagonismo femenino y sus miserias tenemos que pasar por la cancelación por parte de  HBO de esa maravillosa serie que era Enlightened (no era una comedia romántica, eso sí) con Laura Dern como protagonista y con Mike White  como guionista. Éste último realizó una entrevista a Vulture cuando los rumores de cancelación se hicieron más fuertes y afirmó:

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Puede sonar un poco cínico, pero es la historia de mi trayectoria laboral. Si tengo a un protagonista masculino, es una película de estudio, y si es un protagonista femenino, es una película indie. Y así es como están las cosas. No es culpa de los estudios, es culpa de América y de quien va a ver las películas. Las mujeres están interesadas en los hombres y las mujeres, y los hombres no están interesados en la historia de una mujer. Simplemente no lo están. Hay excepciones, pero en su mayoría… Vaya, yo creo que es algo feminizante para un tipo ver una peli con una protagonista femenina a menos de que sea Angelina Jolie disparando a gente o Zero Dark Thirty o algo similar que se pueda sentir como propio de la esfera masculina. La devaluación de los papeles tradicionales femeninos o de la aproximación tradicional femenina es algo que se empieza a sentir como algo que está mal en nuestro país. ¿Me puedo bajar ya de mi púlpito? [Risas][1].

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En el otro extremo del arco de las actrices/protagonistas están claro, las espectadoras. Sin poder detenernos mucho porque todas tenemos más cosas que hacer que leer largos posts parece claro que una parte del auge de los grandes melodramas norteamericanos de los 40 pasaba porque las mujeres se habían quedado en EE.UU. trabajando en las fábricas que alimentaban la Segunda Guerra Mundial y acudiendo a los cines a consumir ocio. No hace falta ser una socióloga experimentada para ver que el auge del cine de “chicas” de los 90 –Sexo en Nueva York– estaba basado en el descubrimiento de las mujeres jóvenes como trabajadoras/consumidoras de ocio y como sujetos triunfantes y privilegiados –las que lo fueren- del neoliberalismo (hemos de puntualizar que este tipo de películas siempre significó una pequeña parte de la producción y distribución de los grandes estudios, pero oye, algo significaba). Teniendo en cuenta esto y para ir terminando que aún tenemos que recoger me preguntaba: ¿es la tan cacareada muerte de la comedia romántica el agotamiento de un género (cinematográfico) cuya desaparición tampoco tenemos que lamentar mucho porque era un pestiño o es su desaparición de la cartelera el síntoma de un cambio de género (sexual) en las historias contemporáneas?…

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¿QUIERES OÍRME DECIR ESTAS Y OTRAS COSAS EN DIRECTO?

 Este abril participo en un rumboso ciclo ¡¡¡gratuito!!! (gratuito nena) en el MUVIM de Valencia titulado ¿Por qué lo llaman cine de mujeres cuando quieren decir cine?:

Las mujeres hacen cine y no ‘cine de mujeres’. Parece obvio, pero la etiqueta no desaparece e interfiere en el modo en que sus películas son percibidas. Y por ello, nada mejor que ver el cine que hacen las directoras: cinco obras de diferentes estéticas, géneros, países y condiciones de producción que hacen estallar el cliché.

  • Miércoles 10 (16:30h) AUTORRETRATO DE UNA CINEASTA  Presentación: Áurea Ortiz Villeta. Proyección: LAS PLAYAS DE AGNES
  • Jueves 11 (17:30h) UNA CUESTIÓN DE GÉNERO E IDENTIDAD SEXUAL  Presentación: Santi Barrachina. Proyección: XXY
  • Viernes 12 (17:30h): LA COMEDIA ROMÁNTICA, ¿ES COSA DE MUJERES? Presentación: Nacho Moreno. Proyección: EL AMIGO DE MI HERMANA
  • Lunes 15 (17:30h) EL CINE BÉLICO, ¿ES COSA DE HOMBRES?. Presentación: Carlos Losilla. Proyección: EN TIERRA HOSTIL.
  • Martes 16 (17:30h). EL DOCUMENTAL COMO HERRAMIENTA DE REIVINDICACIÓN FEMINISTA. Presentación: Luci Romero. Proyección: PARIS ERA UNA MUJER

Plazas limitadas y en orden de inscripción. Convalidación de créditos de libre elección y ECTS gratuitos por la Universitat Politècnica de València (0’85 créditos de libre elección y 0’56 ECTS). La aceptación de su convalidación dependerá de las Escuelas y Facultades de la UPV. Consulta en tu Secretaría de Centro. Más información en el 963 883 782. Realiza la inscripción a este ciclo a través del formulario que encontrarás en la página web http://www.muvim.es o enviando tus datos personales a matriculescinema.muvim@dival.es

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[1] Personalmente creo que las similitudes y grandes diferencias entre Girls, Homeland y Enlightened merecerían un libro entero.


[1]  Orr en su respuesta cita a Raymond Chandler quien escribió que la clave de la escritura de una buena novela negra es que el argumento permita crear buenas escenas. Según Orr lo mismo se podría decir de la comedia romántica: las escenas dominan sobre el argumento y una de las claves del desgaste actual estaría en crear argumentos/obstáculos que permitan colgar esas escenas.

La Nueva Sinceridad o la redención sentimental de los hipsters.

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Permitirme que me ponga un poco retro y que empiece este segundo post del primer año de mi beca con un guiño a esa cosa tan pasada de moda como es la ironía y que lo haga con un chiste de la revista The New Yorker  donde se puede ver como un psicoanalista le dice a su paciente “Vamos a intentar centrarnos en los posts que SÍ recibieron comentarios”. Viñeta que encuentro especialmente maliciosa porque el primer artículo que escribo aquí desde hace meses, uno que era muy personal y sentimental, cosechó una oleada de comentarios, especialmente a través de facebook y en forma de ataque coordinado de amor y de apoyo de amigos, amigas y conocidos. Un ataque en el que éstos decidieron colgar los gotelés de su casa haciendo referencia a ese artículo donde hablaba como había acabado emocionalmente erosionado tras dos años y pico de paro sin hacer nada, tan sólo mirar la pared hasta ver formas absurdas y amenazantes en su superficie de gotelé (lo pueden leer aquí):

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Todo el mundo me comentó que si el texto les había tocado la fibra sensible, que si que bonito, que si que bien… pero, ¿alguien me comento que era moderno? No amigas, ni una sola persona, ni una sola, ojo, lo que demuestra que mis seguidoras tienen un corazón que no les cabe el pecho pero que a nivel de luces tienen puestas las cortas. Porque ese texto era tan moderno que me juego una mano a que probablemente se podría incluir en una recopilación de próxima publicación en la modernísima editorial  Alpha Decay  titulado “Nueva Sinceridad Española” donde estaremos incluidos alguien de Mondo Brutto, un asiático español (no confundir con filipinos), una chica gordita que escribe un micro-diario en el Tumblr, Sabina Urraca con su blog “Sopapo” y después segura servidora. Y es que aunque ustedes no tengan ni la más remota idea de lo que estoy hablando por lo menos intuirán que es una cosa moderna a más no poder y le dernier cri a nivel conceptual. Pues sí, han acertado, por lo menos las luces cortas sirven para ver cuando viene una curva cerrada, aunque sea tarde.

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Una de las autoras de la “Nueva Sinceridad Española”

Según su propia entrada en wikipedia la New Sincerity es “un término que se ha usado en música, crítica de cine y de literatura, filosofía y estética generalmente para describir el arte o las ideas que contradicen los modos cínicos o irónicos del posmodernismo. Su uso se retrotrae hasta mitades de los ochenta (…)” Debido a que como vemos el término no se acuñó ayer lo de la Nueva Sinceridad ha sido aplicado a una gran cantidad de productos culturales, cada uno de su padre y de su madre, que van desde el rock alternativo de la escena musical de Austin (Texas) hasta el cine de Wes Anderson, Sofia Coppola o Michel Gondry pasando por Lars von Trier, el movimiento Dogma 95 o Aki Kaurismäki….por no hablar de que la wikipedia se marca un órdago a la grande mencionando hasta Pedro Almodóvar, quizás por la cosa del melodrama sin ironía. A estas manifestaciones y siempre según la enciclopedia colectiva se le tiene que sumar la telerrealidad, los blogs y micro-blogs, el tono de diario íntimo de la literatura comercial femenina (chick-lit) así como los videos personales en you-tube…. y sí, tienen razón, si suman todos esos elementos llegan a Lena Dunham y su serie “Girls” pero ya cruzaremos ese puente cuando nos toque. La wikipedia intentando ser todo lo completa que puede en un tema tan pantanoso como el de los modernismos habla de cómo David Foster Wallace anunció la llegada de la Nueva Sinceridad en una ensayo titulado “E Unibus Pluram: Television and U.S. Fiction,” donde expuso:

<<Los nuevos rebeldes quizás sean artistas que intenten violentar los bostezos, las miradas condescendientes, las sonrisas cool, los codazos graciosos, la parodia de ironistas dotados, el “Oh, que banal”. Arriesgándose a las acusaciones de sentimentalidad, de melodrama. De sobre-credulidad. De debilidad. La inclinación a ser considerado un bobo por un mundo de trolls y de advenedizos que temen la mirada censora y el ridículo por encima de la prisión. ¿Quién sabe?>>.

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Dos sinceros...

Dos sinceros…

Ni que decir tiene que tal y como lo llevó a cabo David Foster Wallace no existe un acto menos irónico que el suicidio pero también tenemos que señalar que junto con la autoeliminación la Nueva Sinceridad tiene versiones menos dañinas como la vertiente poética / literaria o la filosófica con algunos estudiosos que están hablando de la superación del posmodernismo y su ironía a través de una vuelta a valores culturales identificados modernismo, tal y como afirman los gafudos que escribieron este interesante artículo sobre el “Metamodernismo”.  Todo eso por no mencionar la nueva moralidad cívica y económica que transmiten libros como ¡Indignaos! etc.etc.  Junto a ellos y por hacer listas (¡¡nos encantan!!) son representantes de la Nueva Sinceridad, muestras de una vulnerabilidad hipster a flor de piel: Cat Power, Arcade Fire, Vampire Weekend, las películas de chicos de Judd Aptatow, Modern Family, Sufjan Stevens, ah, por no hablar de Belle & Sebastian, que esos son de comunión diaria… Algunas características que podríamos combinar con esta lista de nombres es una vuelta a géneros musicales previos al desmontaje irónico de los 80 y 90 (tanto en cine como en música: punk, disco, rap, New Wave o la comedia grosera), la desnudez de producción ya sea verdadera o falsa (que se note el grano), y por supuesto la moda del folk en todas sus variantes como el  indie-folk, el freak-folk, el psych-folk y la cosa esa del New Weird America: desde Beck y Devandra Banhart hasta Lorena Álvarez y su banda municipal (New Weird Asturias) apoyados únicamente en la voz y el instrumento como signo de sinceridad y “como modo de escapar del comercialismo tarado de los 40 principales y de la autenticidad corporativa de figuras como Lady Gaga o Justin Bieber”.

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Todos estos relatos y modos no sólo estarían marcados por la superación de la ironía (o su combinación con una fuerte sinceridad) sino por personajes que muestran una gran vulnerabilidad y un fuerte sentido moral, por historias en las que sus protagonistas quieren mejorar sus condiciones vital, relatos en el que el nerd, el empollón, el virgen a los 40 años, la ejecutiva en caída de Enlightened (como amo esa serie) o las chicas con las tetas pequeñas y saltarinas (¡¡que pesados con las tetas de la Dunhan!!… de verdad te lo digo, si vuelvo a leer sobre sus tetas o su cuerpo, dejo de ver la serie) se convierten en personajes de referencia. Otra vez, si ponen las luces largas y logran unir todos esos puntos -sinceridad, sentimentalidad, frikismo romántico- el dibujo que les saldrá probablemente sea el de un adolescente personaje que se ha convertido en un verdadero arquetipo de nuestra época: parece que los guiones de Gus van Sant sólo suenen convincentes en boca de un adolescente, Harmony Korine estrenó ayer Spring Breakers y la Coppola nos tiene esperando The Bling Ring, eso por no hablar de “Girls” y su cuasi-adolescencia…  Por cierto hablando de adolescentes y hipster, en este estupendo artículo de la revista Atlantic sobre la ironía escrito R. Jay Magill  se dan noticia de los primeros hipsters de la historia <<los Incroyables (increíbles) y sus contrapartes femeninas, las Merveilleuses (maravillosas, equivalente a “divas fabulosas” en este contexto), eran miembros de una subcultura de moda aristocrática en el París de la época del Directorio. Como catarsis o en una necesidad de volver a conectar con otros supervivientes del reinado del Terror, recibieron al nuevo régimen con un brote de lujo, decadencia e incluso tontería. Empezaron a crear tendencias de moda en ropa y actitudes que hoy pueden parecer exageradas, afectadas o incluso decadentes. Por ejemplo algunos prefirieron ser llamado “incoyable” o “meveilleuse”, evitando así la letra R, como en “révolution.” Al finalizar este período, la sociedad dio un giro hacia algo más sobrio y modesto >> según esta entrada de la wikipedia.

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Pero, ustedes, cariacontecidas, se preguntarán: una vez pasado el Directorio, ¿de dónde sale todo ese torrente de verismo sentimental que nos invade?. En este punto deberíamos diferenciar creo yo, que hablo por hablar, la muerte de la ironía del nacimiento de la Nueva Sinceridad. Lo de la muerte de la ironía ya lo hemos comentado por aquí varias veces que podría estar situado entre los cascotes del World Trade Center el 11 de septiembre del 2001, aunque esa afirmación sea ciertamente arriesgada y nos lleve a deducir de ataques terroristas cambios en una sub-sub-sub-cultura como la hipster tal y como se pregunta Jonathan D. Fitzgerald autor del libro Not your mother’s morals: How the New Sincerity is changing pop culture for the better[1] en este artículo. Ciertamente como dice este autor los hipster “con sus tocadiscos, sus grandes bigotes y sus trombones” no simbolizan el ethos, el sentimiento de toda una era, de toda una época pero tampoco podamos decir que sean ajenos a ella. Personalmente me parece más que probable que en una época como la que vivimos en los 80 y 90 donde había un gran intercambio de mercancías y de dinero se produzca también un gran intercambios de conceptos y que esa abundancia cultural predispusiera a la ironía. Más cuando ésta estaba rodeada de un mantenimiento de las políticas neoliberales y de los conceptos morales del reaganismo/thatcherismo: vuelta a la familia, la patria… Sin embargo, también en esa época empiezan a aparecer muestras ya de “sinceridad” como el grunge, con Kurt Cobain otra vez ejemplificando el último acto no-irónico como es pegarse un tiro…

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Una de las cosas que me han quedado medianamente claras después de leerme el artículo de la revista Atlantic que mencionaba antes y que es el más completo y complejo que he encontrado en toda la blogosfera sobre este tema es que estamos en unos tiempos que requieren al mismo tiempo de grandes dosis de ironía pero también de sinceridad.  Necesitábamos y necesitamos ironía para poder sobrevivir a unas décadas tan complejas como han sido la de los 90 y la primera del nuevo milenio, marcadas por grandes atentados (que buena esa frase de Oscar Wilde: “El peor vicio de un fanático es su sinceridad”), por graves crisis económicas y por grandes corrimientos de tierras conceptuales. Sin embargo,  como bien señala el artículo R. Jay Magill en la época Beavis & Butthead, de Seinfeld, de David Foster Wallace y de los Pop-Up Videos de VH-1 la ironía podía convertirse en una herramienta de desmovilización llena de banas referencias pop y donde todos parecíamos vivir en una teleserie como el personaje de Abed Nadir (Danny Pudi) en la teleserie Community que se convierte en definitiva una gran broma de la Generacion X.

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Por otro lado parece que es estos tiempos tan complejos tenemos que creer en algo para movilizarnos e intentar mejorar un mundo que, sinceramente, está mal y parece que va a ir a peor, pero, ¿cómo creemos en algo? Me parece que mis personajes de ficción favoritos actuales están en ese brete de averiguar cómo creer en algo para dotar de algún sentido a sus vidas sin caer en el fanatismo o la cursilería absoluta: Lena Dunham como Hannah Horvath intenta creer en el amor y en la pareja sin morir en el intento en “Girls” y la absolutamente fabulosa Laura Dern en Enlightened intenta mejorar su vida, su puesto laboral y de paso la América corporativa y el mundo con las herramientas que la pobre tiene a su abasto.

Amo esta serie.

Sin embargo no acabo de entender muy bien la reflexión con la que R. Jay Magill  termina su artículo: según este autor la ironía ha perdido su preponderancia dentro de la expresión artística precisamente por su éxito; su marginalidad tiene su origen en que la generación que se crió con Tarantino o Spike Jonze ha alcanzado un cierto puesto como productores y consumidores de cultura y ha convertido la ironía en una especie de signo de los tiempos hasta el punto que se ha envasado como un producto destinado a otras generaciones.  Sinceramente no entiendo muy bien la necesidad de trasladar este debate al terreno generacional y a como distintas edades articulan respuestas distintas a las mismas realidades sociales. Pero en cierto modo comprendo que quizás se ha producido un cambio de espectadoras a la hora de reivindicar personajes más cercanos, sinceros y torpes que no se escuden tras la ironía para ocultar sus fallos (la ironía evita cualquier crítica o la contiene en sí misma) sino que una parte del placer que proporcionen resida precisamente en compartir estos fallos y debilidades. Pero no sé si es un cambio generacional o de sensibilidad…

Amo esta serie.

Amo esta serie.

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Si te interesó, échale un vistazo a este artículo que originó en cierto modo muchos de los que hemos visto. Además, ¿sabes que con Instapaper te puedes llevar el post al ebook sin esperar que me publique Alpha Decay?.


[1]  Un buen resumen de los puntos de este autor se pueden encontrar aquí, en el blog cristiano y pop (glups!): http://www.patheos.com/blogs/christandpopculture/2013/01/how-the-new-sincerity-changes-the-way-we-watch-popular-culture/

 

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