How sad, how lovely: la historia de Connie.

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Hay mitos que tienen el don de la oportunidad y llegan justo en el momento en el que toca y parece que la bella y triste historia de Connie Converse (vengan por la historia, quédense por la música) ha llegado para reflejar a toda una generación en clave de folk lo-fi, gafas de pasta, ceniceros llenos y tristes canciones que suenan a gran depresión, económica y de la otra, de la anímica. Doblemente oportuno porque tenemos el otoño a la vuelta de la esquina y no voy a parar de escucharla hasta abril.


Connie era una mujer inteligente y creativa a la que le fueron mal un montón de cosas. Hija de un modesto ministro baptista que luchaba por la abstemia nacional, nació en New Hampshire en 1924 donde tuvo una infancia feliz en la que la sucesión de juegos, obras de teatros y divertimentos sacados como de una película de Wes Anderson se combinaban con la lectura de la Biblia y los servicios dominicales a las que asistía con sus dos hermanos. Siendo como era polimata los estudios se la daban muy bien y una de sus bonitas poesías sobre uno de los barbudos padres de la patria, Abraham Lincoln, se pudo leer en el diario local. Un logro sólo comparable a cuando una figurita de plastilina que modeló con el tema de Cristóbal Colón descubriendo las Americas descansó durante meses en una de las estanterías de la biblioteca local, la Concord Public Library. En la misma estela de logros académicos en la ceremonia de graduación del insti salió a recibir doce de premios y le fueron entregados otros tantos emblemas que certificaban la excelencia en los campos de las matemáticas, las palabras rimadas y las redacciones de tema libre.

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Habiendo destacado en el campo de la excelencia, la señorita Converse pasó a estudiar en el college para señoritas Mount Holyoke que becaba generosamente a alumnas como ella hasta que un día se le cruzaron los cables, se le empeñaron las gafas y decidió abandonar los estudios, dando el primero de una serie de disgutazos a los señores Converse, para marcharse a Nueva York nada menos que ¡¡a convertirse en música!!. La miope señorita Elizabeth Converse, conocida a partir de entonces como Connie, llegaba a una ciudad vibrante que se recuperaba de unos años 30 bastante perros y que había visto su recuperación económica mirando con el rabillo a Alemania temiendo que la ciudad sufriera uno de sus terribles y, en este caso, fantásticos ataques blitzkrieg. Entre las prosperas ruinas norteamericanas de la Segunda Guerra Mundial, entre las que florecían las oportunidades y los beatniks, Connie encontró curro en distintas editoriales fotográficas y académicas (una de ellas cerrada por la persecución comunista de McCarthy). Fue en ese momento en el que empezó a intentar tener una carrera musical, convirtiéndose en una proto-hipster, una moderna, no al estilo de los imbéciles que llenan los bares de tostas y de cafeterías de muffins (la llaman muffin pero es una magdalena a tres euros), sino al estilo de las heroínas de The Group la novela de la gran Mary McCarthy: modernas, políticas, solitarias, sabihondas y como Connie, con mucha mala pata.

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Mala pata porque a Connie no la escuchó ni su padre quien siempre se negó a estas moderneces, ni su novio, porque nunca se conoció, ni su novia, porque no se esperaba aunque hasta cierto punto se intuía. A Connie, contando con los dedos de la mano, la escuchó su hermano, Gene Deitch , un vecino suyo del Greenwich Village veterano de la Segunda Guerra Mundial, un dibujante y editor de música aficionado que había trabajado entre otros con Pete Seeger y quien tenía un aparatoso sistema de grabación y que acabó enamorado de la voz de la voz de la borrachina de su vecina. Porque Connie, bebía, bebía tanto como la hija de una abolicionista puede hacerlo, y fumaba, como una carretera. Y no sólo bebía, fumaba e iba a bares sino que hacía canciones feministas sobre todo ello en plenos años 50:

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People say a roving woman
is likely not to be better than she ought to be;
so, when I stray away from where I’ve got to be,
someone always takes me home.
A lady never should habituate saloons,
and that is where I find myself on many afternoons.
But just as I begin to blow away the foam,
someone tips his hat to me and takes me home. (…)

Don’t see why they always do it –
can’ t be vanity; must be sheer humanity –
when some kind soul remarks with great urbanity:
‘Lady, let me take you home.’

La gente dice que una mujer errante
No merece estar en mejor sitio del que le corresponde,
Así, que cuando me alejo de donde debería estar,
Siempre alguien me lleva a casa.
Una señora nunca debe frecuentar bares,
Y ese es el lugar donde me encontró muchas tardes.
Pero justo cuando empiezo a acabarme la espuma,
Alguien se quita el sombrero por mí [me saluda con respeto y admiración] y me lleva a casa (…).

No ves por qué siempre lo hacen –
No puede ser vanidad; debe ser una simple humanidad
Cuando un alma caritativa señala con gran urbanidad:
“Señora, déjeme que la acompañe a su casa”.

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Salió, eso sí, en el “CBS Morning Show” pero causó poco impacto en una escena llena de cantantes folks con una apariencia más política (Bob Dylan) y menos, digamos, de secretaria de una revista académica que era exactamente el trabajo de Connie Converse. En 1961, Connie se da por vencida en el Greenwich Village y sin hacer ruido hace sus maletas para establecerse cerca de su hermano en Michigan (Ann Arbor), lugar donde éste prosperaba en la vida académica y le consiguió un trabajo en la académica Journal of Conflict Resolution de la que llegó a ser editora y que si bien le proporcionó un trabajo estable unos años también una rutina en la que ahogarse y que alegraba a base de tabaco y alcohol. Habiendo abandonado la música y preocupados por su salud mental que sufría especialmente por una reciente histerectomía ( horrible palabro) sus amigos le pagaron una larga estancia en Londres y su madre insistió en realizar una serie de escapadas juntas que ella temía más que una tronada porque le alejaban de la botella y el tabaco. Precisamente una excursión fue el detonante de todo: cuando en 1974 su familia al completo decidió tomarse unos días de vacaciones en los lagos de Michigan, ella, muy cercana de la cincuentena, decidió aprovechar para hacer limpieza general. Recogió todo su apartamento, lo metió en su coche y desapareció de la faz de la tierra por siempre jamás, no sin antes dejar unas delicadas cartas de despedida en las que se congratulaba de la desaparición de la sudada cara de Nixon de la tele y del congreso.


Y a partir de ahí el silencio hasta que una pareja de jóvenes colegas que llevan la discográfica oyeron en una de las radios públicas de Nueva York una entrevista con Gene Deitch, el vecino de Connie, quien se había convertido en una animador de éxito (ganó un Óscar por Munro, la historia de un niño de 4 años que por equivocación es alistado en el ejercito) ahora residía en Praga y que llevado por su afición de productor musical tenía unas grabaciones de John Lee Hooker en pantalones cortos por las que había ganado también reconocimiento. En el programa de Hooker se coló una canción de Connie. David Herman y Dan Dzula, los chicos de la discográfica Squirrel Thing (el nombre que proviene de una de las canciones de Connie, Talking like you, ” that squirrel thing”) escribieron a Gene y junto al hermano de ésta y también depositario de muchas de sus canciones decidieron poner en pie el disco de Connie que nunca nadie pudo escuchar y que se puede escuchar y descargar entero en esta dirección:

  http://connieconverse.bandcamp.com/

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Tal como afirmaron “Lo que hace su música tan evocadora y efímera y es saber que podía haberse perdido fácilmente para siempre”. A lo que podemos añadir que a ese encanto sumamos que fueron canciones escritas por una mujer, triste, feminista y abiertamente izquierdista en un tiempo de felicidad tan en technicolor como fueron los 50 norteamericanos…

Existe también un documental sobre su vida: http://connieconversedoc.com/
Este post es prácticamente una traducción libre y humorística de estos tres artículos:
http://www.theawl.com/2010/08/the-story-of-connie-converse
http://www.theawl.com/2011/12/the-connie-converse-double-album-that-never-got-crowd-funded
http://www.sfgate.com/entertainment/article/The-musical-mystery-of-Connie-Converse-3248530.php

WeLivedAlone

4 responses to this post.

  1. Tan triste como la historia de Rodríguez… si en sudáfrica no hubiese dedicado a buscarlo, si se hubiese suicidado en el podio del bar como decían. ¿No se supo nada más?

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  2. Posted by Anònim on Setembre 13, 2013 at 8:02 am

    ¡que triste mujer! últimamente estoy muy sensible a las que parece que se han dejado vencer, pero quiero pensar que están viviendo una vida similar a la que desearon y lejos de cualquier cabrón/a que venga a molestar. A lo mejor aparece en americanos por el mundo, que si no existe seria por lo inabarcable del material. Bueno muy señora mía ese es mi próxima meta. Solo tengo que buscar el lugar y hacer las maletas como Connie. Este país te expulsa, aunque reconozco que empezaré poco a poco y primero será Valencianos en Madrid (por cojones), y luego ya veremos, no somos ambiciosos, vale con el chiringuito de algo que nos permita leer y comer y tener mucho tiempo libre, lo demás ya no importa, a nadie le importa; además que minucia de problemas frente a todos los cabezas pensantes de este país que se van a la Nasa, a Alemania, a Francia, a Suiza… Europa y américa empezará a ver la luz y España estará arrasada por inmensas y constantes procesiones. Gracias Nacho contigo siempre se puede relativizar, siempre nos demuestras que hay otros mundos que para mi ya no están en este.

    Resposta

  3. Posted by Anònim on Setembre 13, 2013 at 8:07 am

    soy chus, pero en mi versión zombie, esperando un disparo certero en la cabeza

    Resposta

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