Coplas a la muerte política de Esperanza Aguirre: una dimisión poética.

A los historiadores del futuro no se les pasará por alto que al presidente norteamericano George Bush el Hundimiento de las Torres Gemelas le pillo en un colegio infantil durante la inauguración del curso 2001, y así ha quedado para la posteridad pues todos recordamos las imágenes en las que el Trágico Acontecimiento le fue comunicado en medio de una lectura del cuento de “El pastor y el lobo” justo en el momento en el que el presidente cogía una bocanada de aire para gritarles a los niños <<¡¡¡que viene el looobo, que viene el loooobo!!!>>. Así mismo, y por ese arte de birlibirloque que configuran las rimas del academicismo, los historiadores del futuro podrán decir que como a George Bush a Esperanza Aguirre, presidenta de la de Comunidad de Madrid, por azares de la historia o por una agenda política mimética, le toco vivir en idénticas circunstancias el Desmorone del Estado del Bienestar. Pero hasta aquí y sólo hasta aquí podríamos considerar válida esa metáfora pues los hechos fueron otros y como tales permanecen escritos en piedra. Sin embargo sería pecar de incautos si pensamos que los hechos grabados en piedra no pueden ser sometidos a interpretación, más si pensamos que con toda probabilidad las becas para los historiadores del futuro escasearán por lo que esta rama del conocimiento será únicamente practicada por las clases altas, y por lo tanto sujeta a una lectura de clase ciertamente sesgada. Circunstancias todas que nos llevan obligatoriamente a saldar nuestra deuda para las generaciones venideras y señalar las notables diferencias que existen entre ambos casos. Quede dicho pues que esta historia precisa luz y taquígrafos y que si bien en el caso americano George Bush fue llevado sano y salvo a una base antimisiles de Colorado a cargo del Delta Force 1, muriendo asfixiado por una galleta tan sólo quince años después, en el caso de Esperanza Aguirre, ésta murió el mismo día de autos, el 10/09/2012, a la salida de un colegio público bilingüe Virgen de Navalazarza, de San Agustín de Guadalix, recibiendo los santos oleos por parte del cura párroco, a la sazón profesor de religión del centro que afortunada y cristianamente le acompañaba el día de la inauguración del curso escolar (arriba en la foto junto a la guardia civil).

Consideramos necesaria esta puntualización porque aunque resulte arriesgado especular sobre cuál será el estado de la poesía española en el futuro y si generaciones posteriores consideraran “Esta boca es mía” de Joaquín Sabina tal y como hoy consideramos  “Coplas a la muerte de mi padre” de Jorge Manrique, es decir, un tesoro vivo del rico lenguaje castellano culto, no podemos negar que tenemos datos suficientes para aventurarnos a calibrar la situación actual de las humanidades tanto en el terreno de Calíope (musa de la poesía épica) como de Clío (musa de la historia): podemos decir a las generaciones venideras que en estos tiempos oscuros la poesía, que se veía acorralada por el pragmatismo, se había refugiado en la crónica política y era por ello que con su ánimo y fuel lírico acabó por falsear la realidad. No en vano estudios posteriores que analizaron la muerte de Esperanza Aguirre en el terreno de los mas media han configurado la muerte de la Presidenta de la Comunidad de Madrid como uno de esos acontecimientos privilegiados para comprobar la contaminación posmoderna entre diversas ramas del saber, siendo especialmente reseñable el libro “No metas un tupper de plástico en el horno catódico: poesía, narración periodística y drama pop” de Eloy Fernández Porta y que se llevó el premio Anagrama de Ensayo 2013.

Dentro de este escenario de lecturas poéticas e intelectuales contrapuestas que tan bien refleja el estudio de Eloy Fernández Porta, el fallecimiento de la Presidenta de Madrid provocó que los rotativos de la derecha pasaran a describir el tupper o tartera que produjo el hecho como un arma homicida de primera magnitud en cuyo interior la mujer, calificada de anarquista por unos y de anti sistema por otros coincidiendo felizmente todos en señalar su peligroso feminismo. Según la interpretación más extendida en los rotativos de derechas la mujer habría depositado dentro del tupper clavos, llaves, chinchetas y demás metralla que habría hecho explosión arrancando la vida no solo de la presidenta, sino de unos cuantos niños bilingües y un párroco que acaso también podríamos considerar bilingüe dados sus conocimientos de latín, produciendo con ello el caos en los alrededores. Estas imágenes, quizás motivadas por la vulgaridad de los documentos gráficos existentes ya que en realidad las televisiones tan sólo llegaron a grabar un arremolinarse de miembros de la seguridad personal de la presidenta, quizás por el carácter ordinario que había alcanzado cualquier imagen a principios del S.XXI al verse reproducida en miles de canales, precisaba para su funcionamiento en el magma informativo de las descripciones periodísticas más vivas y devastadoras. Así y paradójicamente con los tiempos que corrían fue el medio escrito el indicado para retratar el magnicidio produciendo con ello un inesperado aumento de  ventas de varios periódicos en decadencia. Así, por ejemplo, Juan Manuel de Prada escribió un largo artículo para el ABC donde el tupper, tremenda arma magnicida, en su vuelo ocultaba el sol y en ese eclipse que era tanto místico como lo era político producía que los caballos de la guardia civil se encabritaran, las mujeres se cubrieran la cabeza pudorosamente y las cosechas se secaran pero, eso sí, sin que ninguna preñada perdiera su hijo porque todo el mundo sabía por aquel entonces lo que opinaba Gallardon al respecto. De este modo las  rotativas azules se tiñeron de rojo y en las tiendas se agotaron las palabras “funesto”, “aciago” y “calamitoso”.

Los periódicos de izquierdas en cambio optaron por una defensa pública de la figura de la lanzadora del tupper, una madre en paro que se veía ahogada por la subida de tasas y del IVA del material escolar que recibió la atención de escritores como Javier Pérez Andujar quien la describió en una de sus crónicas como una madre coraje de extrarradio y mano inocente de las circunstancias, calificando a la tartera como “un cascote de ese gran edificio que es el Estado del Bienestar, devenido Malestar, en estado ruinoso, que se desprende y que golpea fatalmente una de sus máquinas demoledoras”. Para contrarrestar este tipo de opiniones que galvanizaban a la población, los editoriales de los mismos periódicos decidieron aplaudir cualquier reconocimiento a Esperanza Aguirre y Gil de Biedma condesa de Murillo y grande de España especialmente una estatua de tamaño colosal que servía de entrada a lo que era su testamento político y físico, Eurovegas. Una obra en un primer momento visitada por una mezcla heterogénea de turistas extranjeros interesados por las muestras de megalomanía política, los aficionados a los juegos de azar y el pueblo de Madrid en romería para luego convertirse en un típico punto de reunión de los usuarios de la prostitución transexual.

Sin embargo, ciñámonos a los hechos y contestemos una pregunta que maravillará a las generaciones posteriores: ¿qué acontecimientos se dieron para que una mujer que sobrevivió a un accidente de helicoptero, una ensalada de tiros en la puerta de su casauna ensalada de tiros en un hotel de Bombay falleciera por un simple tupper? Conviene antes de seguir con nuestro relato repasar la veracidad histórica de dichos acontecimientos ya que si bien el primero de ellos, el accidente de helicóptero, se produjo efectivamente en la plaza de toros de Móstoles y la Presidenta mostró su conocida entereza al no modificar ni un ápice su agenda para ese día, también lo es que ese sobreponerse rápidamente al aparatoso accidente dio lugar a rumores y maledicencias entre el pueblo llano especialmente predispuesto a las historias fantásticas en tiempos de crisis. Mientras que sus detractores veían en su inquebrantable supervivencia un signo del diablo, calificándola exageradamente de súcubo que había surgido de los pisos inferiores del metro de Nuevos Ministerios (líneas 6, 8 y 10), sus seguidores decían que tanto Mariano Rajoy como ella perecieron en el accidente, sufriendo la peor parte la Presidenta de la Comunidad de Madrid que habría quedado desmembrada. Según este relato fantástico Rajoy hubiera sido sustituido por un doble y Esperanza Aguirre se habría recompuesto mágicamente volviendo a unirse en todas sus partes, lectura del accidente que según Grace Morales, editora del libro colectivo “La España sobrenatural 2” (editorial Mondobrutto 2016), estaría influida por la famosa escena de “Terminator 2” donde el ciborg Liquid T-1000 se reconstruye mágicamente y sería ejemplo de cómo la cultura popular permeabiliza las creencias para dar lugar a nuevas lecturas sobre lo mágico e inexplicable en nuestra sociedad. No podemos tampoco descartar que esas lecturas míticas no estuvieran alimentadas por la propia Presidenta quien en un determinado momento elevó un hecho como que un par de borrachos mearán en su puerta el 19 de octubre a las 4.10 de la mañana, acompañando la micción con cánticos obscenos a una noticia digna de la portada del “New York Time” y en donde la presidenta quizás se imaginaba vejada y destrozada al estilo de un Gadafi por una turba de antisistema y de personas vinculadas al 15M que después de votar moviendo los brazos graciosamente (los dos puños girando sobre sí mismos que pase el siguiente orador), hubieran decidido optar por esa cosa tan tradicional que es el desbalcono y arrojo de políticos. En cuanto al tercer incidente, el relacionado con el atentado sufrido en un Hotel Oberoy de Bombay donde 90 personas resultaron muertas y 900 heridas, debemos prestarle especial atención pues fue el origen del culto cristiano que después se le dedicó a la presidenta, uno de los últimos establecidos en España y uno de los más importantes tras el culto a Escrivá de Balaguer, fundador del Opus.

Como es bien sabido, la manera tradicional de establecer un nuevo culto dentro de la Madre Iglesia Católica es que el pueblo llano se reúna en torno a una figura cristiana, un santo, una fuerza celestial, una potestad con forma humana o un trono aparecido y que, una vez pasados los años y los decenios, este culto se someta a una serie de verificaciones por parte de los doctores de la Iglesia para pasar a ser beatificada o santificada con toda la pompa vaticana. Y como es digno de una mujer tradicional y a la vez moderna como era Esperanza Aguirre, ese fue el modo en que el culto de la lideresa se estableció asentándose poco a poco a lo largo de nuestra geografía. Porque una de las cosas más curiosas del culto a la Lideresa es que no se inició en Madrid, como hubiera sido natural  y conveniente para el turismo de interior español, sino que tal y como cuentan los anales, esta veneración popular nació en la localidad alicantina de Elda ya que fue allí donde la Lideresa donó en vida sus zapatos que se convirtieron en una de sus iconografías propias y características junto a otros atributos tradicionales del santoral cristiano: a la lideresa se la va a representar además de con un par de zapatos y un tupper, con una bandera haciendo alusión a su origen noble y muchas veces pisando un dragón simbolizando la victoria sobre los paganos. Los zapatos que aparecen en su iconografía representarían a los que Esperanza Aguirre había donado al museo del zapato de Elda, los mismos con los que vivió los atentados de Bombay declarando según recoge esta notica de la época que <<”a pesar de que los zapatos eran de la marca Stuart Weitzman y yo pensé que eran de Alemania, después descubrí que se fabrican en Elda y me encantó”. Casualmente, los zapatos que ha donado, también se fabricaron en Alicante, concretamente en la empresa Unisa, de Monóvar>>. De este modo la Política Santa descubrió que los famosos zapatos que fueron portada en muchos periódicos ya que la eficiente Presidenta fue del tiroteo de Bombay al aeropuerto y de allí a la rueda de prensa de Madrid sin pasar por casa y que fueron utilizados para caminar sobre cadáveres de indios masacrados no eran chinos ni alemanes, sino, si se me permite la expresión, de manera afortunada, eran zapatos españoles. Algo que pese a lo trágico del acontecimiento y a la repulsa de la Presidenta por todo acto terrorista, le satisfizo y le llenó de gozo porque por encima de diferencias ideológicas y autonómicas a Esperanza Aguirre le gustaba llevar la marca España allí donde fuera. Cuando la muerte de la Presidenta se anunció por los telediarios muchos vecinos de Elda y de Monovar, algunos de ellos afectados por un ERE en Unisa, se acercaron con curiosidad para observar los zapatos de la presidenta y unos pocos decidieron quedarse en el museo a velar tal objeto que de un modo especial les unía con una política que había marcado la historia reciente de España. Fue aquella noche del 10/09/2012 cuando se tiene noticia del primer milagro de la Lideresa, ya que en la oscuridad de la sala temática del Museo del Calzado de Elda llamada “Tacones contra el Terror” y en un silencio sólo roto por el siseo de los rezos, los zapatos empezaron a refulgir mostrando las manchas rojas de las cadáveres de los hindúes cuya religión mayoritaria era desconocida por los presentes pero que sabían a ciencia cierta que no era la Verdadera. Meses después los zapatos fueron llevados a la Iglesia de Santa Ana construyéndose una capilla propia al lado de la del Santísimo Cristo del Buen Suceso y allí según cuentan las crónicas el contacto con estos zapatos sanaba cojeras no demasiado pronunciadas, pies de atleta, hongos y toda una serie de enfermedades podológicas.

Madrid, centro administrativo de España, tenía, claro, el tupper. Muchas personas desconocedoras de los mecanismos de construcción de imágenes católicas pensaron que la devoción por un arma homicida y terrorista era un absurdo propio de personas extremistas, pero dentro del contexto del martirologio cristiano donde se suele representar a los santos con los objetos de tortura empleados en su camino hacia la santidad todo cobraba sentido. El tupper, una vez agotado su valor de prueba judicial pasó a ser custodiado en la sede de la archidiócesis de Madrid  situada en la Catedral de la Almudena, pasando a formar parte del emblema de la Universidad eclesiástica san Dámaso. En dicha catedral el tupper era expuesto al público en general de jueves a lunes, convirtiéndose en objeto visitador los martes y miércoles, de este modo y como antiguamente se hacía con pequeñas imágenes, el tupper pasaba un día entero en las mejores casas de Madrid donde se veneraba en el comedor de los grandes pisos de Castellana o la Moraleja y fue en ese contexto en el que podemos detectar la segunda oleada de milagros de la Lideresa. Según se cuenta en las crónicas, el tupper tras recibir rezos y salmodias, amanecía en estas casas pudientes repleta de unos manjares fresquísimos y exóticos que la convertían en un cuerno de la abundancia cristiana en su multiplicación del caviar y el marisco, en su desbordarse de carne de kobe, angulas gallegas y  caza castellana.

No podemos cerrar esta crónica sin señalar el carácter adivinatorio y místico de ciertas frases de la Presidenta ya que fue ella misma quien dijo en la rueda de prensa tras el atentado de Bombay refiriéndose a su buena estrella que “Voy a poner una alfombra antideslizante en la bañera”, en lo que se ha tomado como un reconocimiento de su destino particular en este reino ya que no fue un resbalón en la bañera lo que acabó con su vida, sino un patinazo a la puerta de una escuela pública. Según se ha contado ya miles de veces, la vecina de Madrid que lanzó el tupper no tenía otra intención que molestar a la Presidenta lanzándole un objeto a todas luces inofensivo y nunca pudo imaginar que en su trayectoria azarosa la tapa del tupper se desprendería y el objeto, cruzando las cabezas acharoladas de la guardia civil y las cabezas tonsuradas de los curas, acabaría delante del pie de la Presidenta quien lo pisaría con la misma gracia y rapidez con la que la Cenicienta se colocaba sus zapatos transparentes y huía de la fiesta. Desvaneciéndose en el aire y rompiendo en su caída las redes de brazos uniformados la Presidenta chocó contra una calle mal asfaltada de San Agustín de Guadalix el diez de noviembre del 2012.

… y colorín colorado, este cuento se ha acabado.

6 responses to this post.

  1. Posted by Anònim on Setembre 17, 2012 at 2:24 pm

    Me, te amo also, Palomitas.

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  2. Yo no te amo, pero te aplaudo.

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  3. “EL TUPPER ERA DE COLOR FEMINAZI VIOLENTA ANTISISTEMA PRIVILEGIADA, ¿CASUALIDAD?” (http://twitter.com/masaenfurecida/statuses/245141780926959616).

    Increíble el poder performativo de tu blog. La lideresa ha leído este post y ha sido la gota que ha colmado el vaso.

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  4. Oye, y una hagiografía de…. un poner….Mariano?

    Resposta

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