La carne cruda y la nueva parrilla de Radio 3.

Que lleve muchos años viviendo sin televisión pero con la radio puesta la 24 horas me ha hecho especialmente sensible a los ruidos de los bares, las casas unifamiliares, las paradas de metro y los centros parroquiales donde la pantalla ruidosa y ansiosa gobierna a golpe de montaje choque y de banda sonora atronadora. Esa pantalla que como nos cuenta este fantástico corto de Beth Fulton te ruega, te implora, te grita y te rapta la atención hasta el punto de que en los lugares públicos y por no ser maleducado siempre termino sentado de espaldas a la tele e intentando averiguar por la cara de mi acompañante que trágico y morboso acontecimiento nos está contando la pantalla amiga (“esas cejas fruncidas sólo pueden significar una calle del Líbano llena de cadáveres de niños”).

Y es que si uno pone el oído descubre lo diferentes que son los ruidos de los dos artefactos de la comunicación: mientras la radio es ordinaria, la televisión es extraordinaria. El ruido de la tele siempre nos remite a lo extraordinario: el grito de un asesinato, el ulular de una sirena, la explosión de una bomba, la pelea que pasa del agarrón de solapas a la cuchillada o el sonido de una trampa mecánica en la que cae un concursante. Es la cortinilla del telediario que rompe la conversación y que va seguida de manera eterna por un “Entramos en una semana clave para la economía española” frase que a estas alturas tiene un escaso valor informativo. Todos esos ruidos se cuelan por las ventanas y las paredes, llegan a las almohadas y a veces nos hacen despertar sobresaltados preguntándonos: “¿Son niños jugando plácidamente a la pelota o carbonizados por su padre?”, “¿Será mi pareja un yihadista peligroso que cuando duermo escucha llamamientos radicales a volar lo poco que queda de Occidente?”… Todos esos decibelios excepcionales que traen el horror a la salita de estar y todos esos subrayados sonoros que transforman lo previsible en emocionante y lo cotidiano en terriblemente excepcional se parecen a esa pata de una mesa que bajo determinada luz se transforma en monstruos, preciosa explicación que nos dio Freud sobre lo siniestro: como la luz que transforma la pata de la mesa en un monstruo, la tele hace que cualquier ruido parezca una señal catastrófica.

Pero si la tele convierte el paisaje sonoro en extraordinario, la radio nos remite definitivamente a los sonidos ordinarios. La radio crea vida cotidiana, la radio se entremezcla con la cafetera, silencia a la lavadora y crea la ficción de paso de tiempo para un montón de gente que estamos parados, condenados a la soledad del hogar, lisiados laborales o corporales, deprimidas, medicados o simplemente personas sosas asfixiadas por esta sociedad del espectáculo. Por este motivo y para sus oyentes Radio 3 no es una radio normal, sino simple y llanamente el paso del tiempo: nos despertamos con Carmona, y yo me pongo celoso porque se me pide que me calle para escuchar una broma del presentador, se cena todos los días con Juan de Pablos que alegra los hervidos del invierno y la radio se apaga cuando empieza a susurrar “nubelículas” porque lo de los nubelícolas, sinceramente, nunca lo hemos entendido. El sábado se vive con Radio 3: se desayuna entre enfados y blasfemias que son una lluvia de migas de pan tostado porque el del programa infantil ha vuelto a traer a putos niños católicos que se dedican a cantar a Jesús de una forma no demasiado metafórica, se limpia la casa con “Mundo Babel” que pese a que parece un programa que únicamente va de su sintonía y que pese a que la foto del gachó en la web de Radio 3 es pa verla (con la melena al viento), ha tenido programas excelentes. Después del mercado, el aperitivo con el de la Americana y la comida, a veces muy a nuestro pesar con Cifu, que es el del jazz y que el hombre se conoce vida y milagros de todo el mundo “Esta noche del 20 de noviembre de 1957 en la que tocaban Coltrane y Monk, Coltrane estaba un poco acatarrado pero eso le dio a su saxo una sonoridad peculiar, fíjense que incluso se pueden oír las toses del músico de Richmond”. Y oye, uno se fija, y de verdad, que se oye las toses del Coltrane… Después de la siesta, Paco Clavel y el segundo gin tonic del fin de semana, el primero se toma religiosamente con la edición terráquea de Melodías Pizarras… y comer, claro, uno come todos los días con Carne Cruda, calentando o cocinando con “Tres en la carretera”…

Los y las oyentes de Radio 3 sabemos que esta emisora tiene una larga y desbaratada trayectoria de cambios de parrilla efectuados sin ton ni son y al parecer con el único (des)propósito de despistar a la feligresía y de demostrar que hay un nuevo hombre en la ciudad. Los y las oyentes de Radio 3 sabemos que la dirección de Lara López revivió nuestro romance con la cadena que volvía a ser arriesgada y divertida y que los cambios que ha traído Tomás Fernando Flores han sido menos aleatorios que los sufridos otros años y que se han correspondido al reajuste ideológico que estamos viviendo en los últimos años. No quiero centrarme en el tema de ”Carne Cruda” suficientemente explicado en “eldiario.es”, sin mencionar a Paco Clavel que ha caído por motivos parecidos, ni en como Javier Crudo está explicando las circunstancias de su despedido, pasando de saludar la dirección de Tomás Fernando Flores como hombre de radio a descubrir las maquinaciones de este malo de película que es TFF. Porque TFF se está ganando la fama a pulso y sólo le falta un gato persa, ya que no contento con desbarajar la programación comete un error morrocotudo de dar explicaciones de la misma en “El Mundo” en esta entrevista que era a todas luces gratuita, desproporcionada y equivocada ya que a las personas que se encargan de la “limpieza” como asesinos a sueldo, abogados de grandes fortunas o servicios secretos se les requiere sigilo. Pero a TFF no porque TFF quiere seguir siendo un locutor del siglo veintiuno participando de la vida como de esas personas que llaman a su contestador y gritan  “¡¡¡¡queeeeeeee no ooooos enteraisssss!!!!, ¡¡¡¡queeeee estáááá toooodo conectado!!!!”. Pero TFF y nosotras, fieles oyentes de Radio 3, sí que nos enteramos y sabemos que, en verdad, está todo conectado. Sabemos que frases como “Carne Cruda era sensacionalismo”, “hay que tener respeto a los micrófonos”, “parecía un programa de radio pirata” o “llama a Caritas y pregunta por Esther Ferrero” no son frases sueltas de una entrevista en un periódico liberal sino parte una trama mayor y mucho más compleja.

¿Cuál es el patrón de esa oscura trama donde “estáááá toooodo conectado”?. Yo, sinceramente no lo sé aunque intuyo un desmontaje sistemático de los medios de comunicación públicos (léase Canal 9 y Telemadrid) porque yo sólo soy un pobre desgraciado que come todos los días solo y que echa de menos sus programas favoritos pero si algo tengo que subrayar de esa interview es el hecho de que usted diga que:

“Buscar nuevos oyentes” y “hacerlo todo en directo, sin enlatados” son dos de sus prioridades para la nueva programación, que arranca el lunes. “No conectamos con un público joven que busca emociones y no se le dan. Tenemos que ir obsesivamente a por ellos”, dice Flores, colaborador de EL MUNDO desde sus inicios. Las estadísticas dicen que el oyente de Radio 3, la única cadena nacional y cultural que no se rige por criterios comerciales, tiene “entre 25 y 45 años, a veces más, y muy profundos intereses culturales”.

Jóvenes no sabemos si en busca de emociones o a punto de sufrir un grave accidente…

Mire, señor Tomás Fernando Flores yo, repito, sé de pocas cosas y no me cuento entre los oyentes con “profundos intereses culturales” y de las pocas cosas que sé, como de cine estoy hecho un lío y coincido con la perplejidad de nuestro ministro de cultura de que es muy “difícil de determinar que ciertas películas son productos culturales y aplicarles por tanto un IVA reducido y que otras (las comerciales) son entretenimiento (y grabarlas con el IVA general)”. Pero lo que sí que tengo claro es que “ese público joven que busca emociones” está precisamente harto de emociones relacionadas con recortes salariales, de becas exiguas, aumento de tasas, paro cancerígeno, alquileres que no descienden y un futuro más que incierto. Ahora, si la juventud de la que usted habla busca las emociones en las estaciones de esquíes o los puertos deportivos y que ahora consideran que lo “in” es la radio-fórmula pública, escaparate de novedades y de poco pensar, ya es otro cantar… Pero incluso ahí, hágame caso, la juventud está sobresaturada de emociones y por mucho que usted modernice una radio “languideciente” y “pirata” que era Radio 3 según concluimos de su entrevista no llegara al magnetismo dance de una, por ponerle un ejemplo, Loka FM, así que tiene la partida perdida. Mire como bien dijo Gallego cuando lo nombraron usted es un hombre de radio y yo sólo un hombre que escucha la radio, por lo tanto no sería capaz de echarle en cara que hace cambios en la radio alguien que no ha cambiado su programa en 20 años, por lo que lo único que me atrevo a preguntarle es : y yo… ¿con quién coño como a partir de ahora?…

2 responses to this post.

  1. Posted by Marikiya on Setembre 6, 2012 at 12:45 pm

    rne3 me formó, de verdad lo digo, mis gustos musicales y me hizo sentir curiosidad por muchas cosas. Empecé a oirla en el 84, y fueron unos años FANTÄSTICOS. Lara le devolvió la frescura que perdió por culpa de los muermos como este TFF, que se ha desvelado como un auténtico pringao , además de aburrido, que eso sí que es imperdonable en la radio.

    Yo también soy una lisiada laboral, y me pasaba el día cambiando de rne1 a rne3, ahora me parece que me voy a quedar en rne clásica, rne5 y cds de Janis Joplin que liberan mucho mi rabia.

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    • Hola Mariquilla, sí, parece que el dominio de los dinosaurios regresa a Radio 3 con toda su carga de expertos y connoisseurs… también es verdad que hacer programas de manera externa no es la mejor solución, aunque como bien dices el mayor pecado es ser pesado, pesadísimo, algo que a los y las lisiadas laborales nos produce una particular opresión en el pecho.

      Otra de las cosas que Raqdio 3 está dejando evidente en esta etapa tan oscura es que las redes sociales no sirven para nada salvo para participar en promociones, hacer chistes o saludar a parientes, ya que todo lo demas, es decir, protestar por la cancelación de un programa queda relegado al silencio… las redes sociales nos dan la libertad de comunicarnos unicamente de una manera… en fin, o tempora o mores…

      Besos, nena…

      Resposta

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