El día de la langosta valenciana.

Reconozco que cada día me resulta más difícil hacer amigos porque cada día me resulta más fácil escribir que hablar. Además que cuando uno habla siempre pone mal las comas y el efecto de los puntos suspendidos (…) siempre queda mejor en papel que en una conversación fluida donde esos silencios, créanme, se hacen eternos y se queda como persona de pocas luces… Junto a la cuestión de que si uno prefiere el medio oral con un sonido que se transmite por ondas, o si prefiere el medio escrito que se transmite a sus pantallas con un desfile orgulloso de unos y de ceros  (101000111000) que configuran este blog, existe la cuestión de elegir el tema. No podemos negar que hay temas que se nos atragantan y a mi sinceramente se me está atragantando hablar del País Valenciano, y más si me toca hacer referencia a ese marco geográfico, que es a la vez un marco cultural, folclórico y una forma de sentir (no diría de pensar), desde mi condición de exiliado económico. Sinceramente ha llegado un punto que no sé por dónde empezar ni por dónde acabar, ni cómo abordar ese tema, ni siquiera como explicármelo a mí mismo, aunque todos ustedes consideren con mucha lógica que el punto de inicio y de llegada para narrar la Valencia actual es que esa tierra ha abierto sus entrañas y ha mostrado su carácter de Puerta del Infierno (Hell´s Mouth). ¡¡Que Valencia no era una postal sino una ilustración del Apocalipsis donde los condenados abrasados como sardinas se representan al lado de angélicos alemanes y otras potencias turísticas que toman el sol!!.

Las diferentes imágenes del fin de los tiempos que Valencia nos está regalando esta semana, con esos cielos turquesa de terreno quemado por recalificar, de color rojo de ojo de Conseller, pelo de Consuelo Ciscar y fondo de photoshop para edificio de Calatrava más que indignarme me dan ganas de vomitar. Llevo toda la semana evitando las noticias como las arcadas, mirando de reojo las portadas de los diarios, pasando de prisa por las puertas de los bares con televisiones gigantes dispuestas para celebrar los triunfos de la Roja, y hasta cambiando los diales de la radio a la hora del parte para no alimentar esta imaginación incendiaria y llena de rastrojos como si se tratara de un resquemor que no ha sido desbrozado. Las imágenes de Valencia han pasado en mi universo icónico a acompañar a los perros destripados que te sorprenden con ánimo de denuncia en el facebook y a las imagenes de fist fucking que con ánimo erótico te asaltan en los portales porno. No puedo ver Valencia sin que me sobresalte y sienta disgusto y pena, sentimientos que ni tan siquiera me dejan disfrutar de haber alcanzado el sueño húmedo de todo valenciano: ser turista en mi propia tierra, la tierra quemada que sale en las noticias.

Pero como estamos aquí para escribir e intentar explicar qué pasa en Valencia, para intentar dilucidar cómo es posible que  ocurra esto ante un pueblo atónito, generalmente formado por buena gente, mis amigos y familia, gente sensata y abierta que está viviendo una de sus peores épocas, conviene preguntarse qué demonios está pasando en Valencia. Y sinceramente, la respuesta más sencilla a ese desaguisado la he encontrado en la literatura, verán, existe un autor norteamericano, judío y cenizo como la lluvia valenciana, Nathanael West que escribió una estupenda novela corta durante la Gran Depresión que contaba las andanzas de un grupo de perdedores en Hollywood, una historia oscura y asfixiante llamada  El día de la langosta (1939) protagonizado por un pintor que trabaja construyendo decorados y que en la novela aparece pintando una gran obra titulada “El incendio de Los Angeles” que es descrita en el libro de este modo:

La ciudad ardería a mediodía, de modo que las llamas habrían de competir con el sol del desierto; así tendrían un aspecto menos temible, más parecido a unas brillantes banderas ondeando en los tejados y ventanas que a un terrible holocausto. Quería que la ciudad, mientras ardía, tuviera un aire de gala; que pareciese casi alegre. Y la gente que le había prendido fuego sería como una multitud de vacaciones.

Esa novela maravillosa, una obra maestra del S.XX que reflejaba en dorado el auge del fascismo durante esos años (1939) acaba con una escena donde las masas reunidas por el estreno de una gran película en uno de los cines de Hollywood acaba enloqueciendo y provocando una estampida humana. La novela relata así la llegada de esas pacíficas familias:

Nuevos grupos de gente, familias enteras, seguían llegando. Tod advirtió como cambiaban en cuanto formaba parte de la multitud. Hasta que llegaban a ella, andaban con paso inseguro, casi furtivo, pero en cuanto se integraban se volvían arrogantes y belicosos. Era un error considerarlos curiosos inofensivos. Eran salvajes amargados, especialmente los de mediana edad y los ancianos, y lo eran por culpa del aburrimiento y el desengaño.

Durante toda la vida habían sido esclavos de alguna tarea pesada y monótona, detrás de mesas de oficina y mostradores, en el campo y entre toda clase de máquinas tediosas y habían ahorrado un centavo tras otro y soñado con el ocio del que disfrutarían cuando llegase la hora (…) ¿Adónde iban a ir sino a California, la tierra del sol y de las naranjas?

Una vez allí descubrían que el sol no es suficiente. Y se cansaban de las naranjas, de los aguacates y hasta de las granadas. No ocurre nada. No saben qué hacer con su tiempo libre (…) Si por lo menos se estrellara un avión de vez en cuando y pudieran ver a los pasajeros arder en un “holocausto en llamas” como dice los periódicos… Pero los aviones no se estrellaban nunca.

El aburrimiento se vuelve cada vez más terrible. Se dan cuenta de que les han estafado, y se consumen de resentimiento. Todos los días de su vida leen los periódicos y van al cine. Ambos los alimentan con linchamientos, asesinatos, crímenes sexuales, explosiones, naufragios, nidos de amor, incendios, milagros, revoluciones, guerras. Esta dieta diaria los vuelve sofisticados. El sol es una tomadura de pelo. Las naranjas no despiertan sus hastiados paladares. Nunca hay nada lo bastante violento como para animar sus cuerpos y sus mentes perezosos. Los han engañado y traicionado. Los han esclavizado y salvado para nada.

 Esas familias adormecidas y con ganas de que algo ocurra, como decía, provocan en la novela una terrible estampida con la que culmina todo el mal rollo de la historia y que es descrita con todo lujo de detalles incluido uno que me llamó poderosamente la atención: en una oleada humana donde hay muertos, mientras una parte perece aplastada, otra parte se lo está pasando bomba, entre risas, cánticos y gritos, como en la última Love Parade o como seamos responsables de nuestros actos y apuntemos a quien toca, los votantes del PP en Valencia. En toda esa fiesta que hemos vivido en los últimos años en Valencia y mientras la gente se sumaba, empujaba y bailaba, daba igual que fuera por motivo de la visita de un héroe espiritual como el Santo Padre o de un héroe de la Fórmula 1 como Alonso, había gente que nos tropezábamos y nos caíamos. Gente a la que nos empezaban a pisar y que a duras penas nos podíamos poner a gatas e intentar salir a un sitio más seguro… pero, ¿quién había reunido a toda esa gente?, ¿cómo es posible que toda esa gente que se lo estaba pasando tan bien no se diera cuenta de que me estaban aplastando?.

Stuart Hall, uno de los padres de los Estudios Culturales y experto en la teoría de la recepción de la cultura, realizó un amplio análisis de la sociedad inglesa bajo el régimen de Thatcher señalando que, contrariamente a lo que decía la izquierda, el thatcherismo no era algo externo a esta sociedad sino que se había introducido en ella de manera no sólo rápida sino eficaz. El modo en el que se había realizado este proceso era eliminando las conexiones de la población con los discursos existentes y rearticulando nuevas posiciones subjetivas a las que la población se podía acoger, como “el patriota alerta”, “el propietario responsable” o “el ciudadano autónomo”. Mezclando de manera efectiva los medios de información con los descontentos populares (los pánicos mediáticos), los discursos oficiales con las subjetividades y los iconos nacionales con la ética individualista acabó por construir un nuevo sentido común. Y eso, es, ni más ni menos, lo que ha pasado en el País Valenciano con el PP, porque ser valenciano, no nos engañemos, ha pasado a significar ser del PP, partido que ha impuesto su ética, que ha construido toda una serie de subjetividades pre fabricadas, desde el “fallero meninfotista” (tan cercano al “menefreguismo” de Mussolini), hasta el “castellonense anticatalanista”, o el “alicantino zaplanista”, reyes del mambo inmobiliario, del agujero de Bankia, del aeropuerto fantasma y de los grandes eventos, esos a los que las familias votantes del PP (entre las que se cuentan algunas personas muy queridas por mi) se acercaban con paso vacilante para integrarse en la masa y aplastarme. ¡¡Me estáis aplastando!!, de verdad, hacedme el puto favor de tener más cuidado y mirad por donde pisáis y mirad a quien coño estáis votando.

3 responses to this post.

  1. Posted by Rori on Juliol 3, 2012 at 9:05 pm

    No puedo sentirme más identificada con este post. Lo comparto, que mi FB lo necesita 🙂

    Resposta

  2. Posted by Marikiya on Juliol 4, 2012 at 7:51 am

    Precisamente comentaba esta mañana con mi jasband lo de Valencia. Y la conclusión es que el PP ha arrasado esa tierra de todas las formas posibles. Un lugar que ha pasado de tener una industria competitiva , variada, fruto en gran parte de gente con imaginación… a ver, no sé si será un tópico, pero a mí siempre me llamó la atención que a alguien se le ocurriera eso de aceitunas rellenas de anchoas donde no hay ni aceitunas ni anchoas… había bolsa, había de todo, hasta puestos de trabajo para gente de fuera, (Yo tengo tres titos y muchos primos en Alicante y Valencia que emigraron desde Granada)
    Me cabreó mucho cuando se insultó a los andaluces porque no saliera el PP y nadie dijo nada cuando con todo lo de la Gurtel y demás despilfarros el PP saliera con mayoría absoluta.
    El PP ha sido una auténtica maldición para esa tierra, la ha quemado en todos los sentidos, y eso es muy triste.
    Muchas veces pienso si es que en Valencia pasa como aquí en Madrid, que tenemos una oposición dormida… no sé lo que es, pero hay que espabilarse como ciudadanos. No soy Valenciana, pero me cabrea muchísimo lo que ha pasado.

    Un abrazo molt gran per tots els valencians.

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  3. Posted by La Pere on Juliol 4, 2012 at 4:33 pm

    Muy señor mío, honramos su sabiduría y astucia desde esta maltratada tierra. Esto ha sido una gran mierda…la penúltima mierda, me temo.

    Resposta

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