El ballet de la huelga general: imágenes del 29 de marzo.

De todas las fotografías de la huelga general de ayer que trae la prensa está es la que definitivamente ha sabido atrapar mi retina porque en la completa discrepancia de las acciones coreografiadas pone forma y movimiento a ciertos problemas que estamos sufriendo en este país (punto). Por otra parte (coma), la obra, no les voy a engañar, no va a ganar el World Press Photo, primero porque en ella no aparece una mujer del tercer mundo sujetando a alguien moribundo (su hijo) como si fuera una madonna que es algo que gusta mucho en el World Press Photo, y segundo porque está así medio doblada y descompensada al transcurrir toda la acción en un lado de la foto. Sin embargo, pese a esos defectos y como bien me intentaron enseñar en la facultad, conviene no perder el centro y preguntarse“¿Qué tenemos en el plano principal?”. Pues… en el plano principal tenemos a un joven que está situado frente a un cajero y está levantando una mano en lo que suponemos que es una acción violenta, pero que parece reflejada de una manera tan sutil que cabría la posibilidad de que el chico, por ejemplo, hubiera intentado infructuosamente sacar dinero porque necesitaba comprarse ropa de marca, tomarse unas cañas o comprarse un libro de esos de “Indigna2.0” de un vetusto filósofo llamando a la rebeldía. Quiero decir, no demonicen a los jóvenes por llevar mochilas y pónganse en sus pieles: el chico en realidad no está atacando un banco, sino que lo único que está haciendo es uno de esos gestos cotidianos que todos hacemos cuando el cajero nos dice “no ha sido posible efectuar su operación”, “no tiene saldo suficiente” o “esta operación tiene un saldo de 3 euros” porque resulta que su red de cajeros no pertenece al de esa entidad, y eso, créanme, es un fastidio. El joven, si no dispusiéramos de la información extra-visual de un país que se va a pique y que ha organizado una huelga general, y si no viéramos las banderas de los manifestantes en el reflejo de la cristalera del establecimiento podría ser un consumidor frustrado, o quizás, efectivamente, un manifestante airado, o quizás ambas cosas.

 A su lado, y ya que hablamos de reflejos e imágenes, tenemos la fotografía de una chica joven que anuncia un producto  bancario basura para ese establecimiento. Porque aquí lo único  que sabemos seguro es que el telón de fondo contra el que transcurre la acción es una entidad bancaría, que lo pone bien claro: “Bankinter”. Algo así como si un director de arte no se fiara de la capacidad perceptiva de su público o hubiera construido un escenario tan abstracto que tuviera que poner carteles encima de cada uno de los objetos de la escena: “El castillo del príncipe”, “El lago de los cisnes”, “Bankinter”. Precisamente otras letras sobreimpresionadas nos indican que la chica de la que estamos hablando no es de verdad. Quiero decir que no estaba allí físicamente en el momento en el que el chico supuestamente atacaba la entidad, vaya, que ella no tiene entidad sino que es una imagen. Por decirlo en otras palabras: es una representación iconográfica de una chica creada para anunciar un producto bancario basura, que según la teoría publicitaria más básica se contamina de los valores que debemos asociar a esa representación. Es decir, ese banco ofrece créditos y productos jóvenes, frescos y sexys como esa chica es joven, fresca y sexy. Lo que pasa es que esa chica sin entidad es igualmente problemática porque, la verdad, parece que le pasa algo. Y no sólo es que sea flaca señalando simbólicamente que pese a la juventud y frescura de la entidad, los créditos se han constreñido, es que encima se apreta, colocándose en una pose incómoda que sólo se concibe bajo un estreñimiento muy grave en el que una se tuviera que ayudar para defecar o, por decirlo bonito,  se sintiera una “mujer hinchada” y estuviera en pleno proceso de deshinchado, como cuando aprietas una colchoneta, habiendo ese ruido “pfffiiiii”…. Pero como lógicamente sabemos que los bancos no anuncian cereales de esos que te hacen ir al baño pues tenemos que concluir que el body language de la modelo, en ese contexto concreto, se refiere a un periodo de austeridad económica en el que todos, los bancos, las modelos, pero sobre todo los y las viandantes nos tenemos que apretar el cinturón.

El tercer elemento en discordia es el señor que corre… que corre como si se lo llevara el diablo o como si fuera víctima de un bombardeo. El señor que para rematar la escena lleva un traje “color de gos com fuigo “color de perro que huye” como dicen los catalanes para referirse a un color indeterminado, frase hecha que además da título a la película de Andrés Duque, y que nos viene a pelo, a pelo de perro que huye, porque la escena, sabemos por las noticias y las banderas que corresponde a Barcelona. ¿Por qué corre ese señor?. Parece una reacción exagerada frente a un joven que en el caso más extremo está rompiendo un cajero de una sucursal que muy probablemente cerrará en pocos meses, abandonando el país y pensando que esto ya no es lo que era y que antes sí que se hacían buenos negocios. Quizás es que ese señor llega tarde a algún sitio o quizás la foto no nos da toda la información y en alguna parte de ese espacio que pensamos tridimensional hay un grupo de bio-mossos a punto de tirar gases lacrimógenos por sus narices animando a los jóvenes van a iniciar un correfoc de contenedores, como si la manifestación fuera un violento baile de gegants i capgrossos. Lo que está claro es que frente a los jóvenes que aporrean cajeros y las señoritas que se aprietan el abdomen, los señores de esa edad con esa ropa de color de gos com fuig no quieren líos. Son como esos vecinos que te encuentras en el ascensor y tras interrogarte por tus costumbres te dicen que afectivamente ellos son “gente de poco lío” (gent de poc lio).Y, ¿qué significa ser de “poco lío”?… pues que puede que les haya tocado trabajar un par de años más, pagar un poco más por el médico… pero ellos ya tienen un trabajo y una casa hacia la que probablemente corran haciendo efectivo ese principio filosófico de que la mitad de los problemas de la humanidad se solucionarían si nos quedáramos en casa…

Por estos motivos creo que esta fotografía es genial, porque los tres elementos dependen unos de otros en un equilibrio inestable para que la imagen funcione. Hagan la prueba, supriman uno de ellos, ya sea el joven airado, la señorita que se aprieta el abdomen o los señores color perro que huye y verán que la imagen se descompensa aún más de lo que está y que pierde importancia. Pues en ese mismo (des)equilibrio nos encontramos como sociedad: hacia una deseable helenización del país que anuncia Esperanza Aguirre o hacia la jauría de perros asustadizos pero lo que parece que quedó claro ayer es que ya estamos hartas de apretarnos el abdomen. 

5 responses to this post.

  1. Posted by Atiras on març 30, 2012 at 8:28 pm

    me pongo nerviosa de tan bueno que es……
    solo apuntillo, porque das al individuo con la mochila como masculino? yo lo daba como mujer hasta que te he leido….las mujeres tambien pueden reventar cajeros, y los hombres tambien se sienten hinchados

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  2. Eres grande hermano!

    (y efectivamente a mí también me ha parecido una chica)

    abrazo

    Respon

  3. También pudiera ser que el señor se esté agachando para no salir en la foto de/l(a) joven que la emprende con el cajero. Todos tenemos miles de fotos o vídeos de gente absurdamente agachada, que no se da cuenta de que da igual lo que se curven, que a esa distancia salen en cuadro aunque se arrastren.
    Una joya de análisis, y de blog, aprovecho para decir.

    Respon

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