¿Fue el cine posmoderno cosa de hombres?.

Ya saben las que me leen asiduamente que una de mis últimas obsesiones es el tema de la muerte del posmodernismo (cada una es cada cual). ¡¡¡Que el posmodernismo se nos muere señoras!!!. ¿Qué de qué ha muerto?.  Pues de un cáncer económico, de una crisis metastásica galopante que ha rematado lo que los atentados del 11 S empezaron. Si con los ataques terroristas del 11S se inicio en EEUU, cabeza imperial del mundo contemporáneo, la muerte de la ironía y una vuelta a unos valores estables y tradicionales del estilo de Dios, Patria y Tortura de Estado, con la crisis económica de la década siguiente ese pavor por lo ligero, lo insustancial y lo posmoderno se ha extendido hasta alcanzar a la vieja y tranquila Europa, que hasta ese momento se dedicaba a sus afeminados juegos intelectuales y a su economía hinchada. Pero vinieron los vientos de recesión y el patio dejó de estar para juegos y bromas. Y ese escenario de intercambio de productos, de dinero, de información, ¡¡¡de información, señoras, de información!!! (¿les suena lo de la sociedad global de la información?) que fue occidente durante las décadas de 1980 al 2008 se fue al garete. Y nos quedamos encerrados en unos países que creíamos que estaban en expansión pero que resultaron ser simplemente el extrarradio de la Europa del bienestar. Y ese fue tan sólo el principio de una serie de descubrimientos que aceleraron la muerte del posmodernismo y que han acabado afectando a los ámbitos más recónditos de nuestra existencia.

Unos jóvenes de los 80 fotografiados por Thomas Höpker celebrando el inicio del posmodernismo.

Unos jóvenes de los 2000 fotografiados por Thomas Höpker celebrando a muerte del posmodernismo. Encuentre las 7 diferencias.

Por ejemplo, si con el posmodernismo descubrimos, a través de la teoría queer, que todos podíamos ser hombres y mujeres, que el género era una máscara y que los bigotes y los dildos eran los complementos ideales para la mujer moderna, con la crisis económica descubrimos que hemos conseguido permeabilizar el concepto de género, pero que el concepto de clase continúa siendo tan impermeable como antes: da igual que te pongas un dildo y un bigote y te hagas llamar Ramón, que si has nacido pobre vergonzante, ahí te quedas, pobre y bollera. Además, vale, que sí, que nos cargamos el sujeto, bien, pero entonces… con qué peleamos señoras, qué lanzamos… ¿los dildos?…  yo es que chicas, no lo veo, y así se lo conté a María Ruido, que no es que lo diga a tontas y a locas, que se lo dije a una experta en el ramo, y ella me dijo de que sí, que a la Judith Butler la habían afeado en el New Left Review el no tener discurso de clase… y yo le dije “María, tía, a mi me afean en el New Left Review y me mu-e-ro, tía, me mu-e-ro”.

Pero vayamos al nudo gordiano que da origen a este artículo, porque ahora que el concepto de posmodernismo está agonizante conviene no ser incautas y no caer en ese genérico neutro de “lo posmoderno” y preguntarse: “pero… lo posmoderno, ¿qué fue?, ¿nene o nena?”. O para acotar mejor el concepto, para no atribuirle género a ideas filosóficas tan amplias, y por centrarnos en el análisis cultural, yo me empiezo a preguntar angustiado, pero… el cine posmoderno, ¿qué fue?, ¿nene o nena?, ¿se le ha de llamar el cine posmoderno o las película posmodernas?.

Crime fiction and ‘nasty’ postmodernism

Según un libro que me estoy leyendo titulado “Potsmoderm Chick Flicks” de Roberta Garret el posmodernismo, al menos el posmodernismo cinematográfico fue nene,  creció como un chico rudo,  y acabó convertido en un pandillero. Veamos lo que dice:

“La inclusión de dispositivos distanciadores y de encuadre, la mezcla de géneros o la referencias autoconscientes a formas o a películas anteriores [características todas del cine posmoderno] no es de ningún modo universal en el cine popular contemporáneo.  Y aunque estas características estén ligadas a acontecimientos históricos o socio-culturales específicos como la creciente disponibilidad de las formas de la cultura popular (a través del video, DVD, y la proliferación de canales de televisión), la recirculación de películas antiguas y a la expansión del lenguaje académico de los estudios cinematográficos, los elementos narrativos y estéticos identificados como posmodernistas están ciertamente más marcados en unos ciclos particulares.  La crítica de cine posmoderna ha asociado persistentemente estas características con textos fílmicos con altos niveles de violencia, con un tratamiento despectivo y a menudo abusivo de las mujeres y con una descripción de la subcultura criminal masculina: ciclos que Paul Gormley ha definido recientemente como ‘the new brutality film’ (el nuevo cine brutal)”.

Lo que la Roberta Garret nos viene a decir es que en los últimos años para reconocer una película posmoderna, una película posmoderna de malotes, uno tenía que usar un montaje rápido, una banda sonora retro soul/jazz y un interés temático en la cultura de bandas masculina, lo que viene a ser propiamente una película de Quentin Tarantino. Claro que a éste se le juntan otros directores o películas con demostraciones explícitas de violencia, empezando por Reservoir Dogs (Tarantino, 1992) Blue Velvet (Lynch, 1986), Natural Born Killers (Stone, 1994) y American Psycho (Harron, 2000) y ahí no queda la cosa que la señora continúa…

“La asociación de características posmodernistas con cine masculino (u orientado a una audiencia masculina) abarca el trabajo de directores de culto y experimentales como David Lynch, Quentin Tarantino, Martin Scorsece, David Fincher y Michael Mann así como películas de acción mainstream como Die Hard / La jungla de cristal. Por ejemplo, en la década de 1980 hubo un enorme interés crítico en el trabajo de David Lynch como autor posmoderno, de la mano de críticos como  Fredric Jameson, Tim Corrigan y Norman Denzin que elogiaban su trabajo como una alternativa innovadora al reciclaje soso y a las referencias vacías de las típicas producciones blockbuster de finales de los 70 y principios de los 80 como La guerra de las galaxias o Indiana Jones.  Los grandes éxitos de Quentin Tarantino – Reservoir Dogs y Pulp Fiction – recibieron una respuesta similar, a menudo de críticos varones que o bien ignoraron completamente los aspectos misóginos o los vieron como algo negado por las películas a través de la ironía o el juego autoconsciente.

Dada la articulación regresiva de las relaciones de género/poder dentro de estos textos (especialmente del tratamiento sexual sádico de Dorothy Valens –interpretada por Isabella Rosselini- en el clásico posmodernos Blue Velvet) no es sorprendente que la discusión crítica inicial de las relaciones entre feminismo y posmodernismo estuvieran centradas en el aparente deseo de excluir u ofender a las audiencia femenina (Creed, 1987: 47; Taubin, 1992; Shattuc, 1992; Layton, 1994). Análisis más recientes del cine posmoderno (realizado tanto por críticos hombres como mujeres) tienden a prestar una mayor atención a la articulación de género de este estilo, pero la asunción subyacente de que existe una afinidad entre las películas de orientación masculina, a menudo violentas y de estética posmodernista ha permanecido estable.

Algunos estudios recientes han llegado tan lejos hasta definir el cine posmoderno específicamente como una forma que se ha erigido para hablar, para articular la condición problemática de la masculinidad en el mundo posmoderno. Esta visión ha sido prevalente en respuestas cinematográficas que son especialmente autoconscientes del tratamiento de la masculinidad como en la película de David Fincher El club de la lucha/  Fight Club (Fincher, 1999).  Christopher Sharrett describe El club de la lucha como “el film más convincente sobre la histeria masculina en la cultura tardo capitalista”. De modo parecido, Alexandra Juhasz sugiere que el film señala que la “la condición posmoderna es, según se nos presenta, fundamentalmente una condición masculina que incluye nada menos que la pérdida de masculinidad… El club de la lucha se centra en una mundo-de-hombres completamente habitado por subhombres, causi-hombres, hombres inciertos, hombres-en-proyecto””.

La noción de que gran parte del cine posmoderno, violento y centrado en la masculinidad, señala de manera inconsciente la desestabilización de la identidad masculina en la sociedad posmoderna, parece completamente plausible dado las formas de masculinidad agresivas e hiperbólicas que encontramos en estos films. Tal como los críticos  Sharrett y Juhasz han sugerido, eso es más una respuesta al declive de los trabajos tradicionalmente masculinos en la sociedad postindustrial y la castración /emasculación de los hombres como nuevo consumidor de productos relacionados con el cuerpo, que una reacción a los avances feministas  (Sharrett, 2001; Juhasz, 2001)”.

A partir de ahí, y por no liarnos más, la autora va señalando como introducción de su libro, que se titula “Posmodern chick flicks”, es decir, “Pelis posmodernas para chicas”, que los ciclos de películas dedicados a las mujeres, los ciclos femeninos, también utilizaban recursos posmodernistas, como la recuperación de la comedia romántica de los 50 en Abajo el amor o del melodrama de los 50 en Lejos del cielo o Mildred Pierce ambas de Todd Haynes, por no hablar de la ironía o las referencias a Jane Austen en El diario de Bridget Jones, salvo que los críticos de cine nunca han visto estas películas como “guays”, “cool” o “dignas de estudios”… La autora continúa:

“Con esto no quiero sugerir que los autoconciencia o ironía [de estas películas] elimina el énfasis reaccionario en el amor y en el matrimonio de estas películas, de la misma manera que muchas críticas feministas podrían argumentar que la brutalidad, la violencia y la misoginia en el trabajo de Lynch, Tarantino o Fincher resultan inofensivas por el carácter de comedia negra y las alusiones que saturan estos filmes. Pero, del mismo modo que la preocupación con la masculinidad brutal y excesiva en el posmodernismo “malote” señala las relaciones entre las fantasías masculinas de omnipotencia y la evidente desestabilización del poder masculino, la distancia entre las viejas nociones cinematográficas de familia y los hábitos sexuales contemporáneos inevitablemente enfatiza cambios en percepciones socio-culturales de género y poder”.

 

Como supongo que ahora mismo estáis pensando “menudo peñazo nos ha metido Palomitas”, me gustaría defenderme y señalar brevemente por qué me ha parecido muy interesante este capítulo del libro  “Potsmoderm Chick Flicks” de Roberta Garret: primero porque al señalar que el cine posmoderno está basado, al menos críticamente, en ciclos de películas para chicos, desmonta ese categórico neutro de “el cine posmoderno”, señalando que deberíamos calificarlo como “el cine para chicos posmoderno”. El segundo aspecto interesante reside en señalar al posmodernismo como “esa condición masculina basada en la pérdida de masculinidad”, ya que desde la década de los 80, el cine está lleno, pero lleno, de películas de masculinidades violentas que de algún modo expresan los cambios en nuestras sociedades, en la que hemos dejado de ser productores para ser consumidores. Tomando dos ejemplos aleatorios, ciclos como Rambo o Terminator, especialmente este último que une la masculinidad cafre con la robótica mostrando el miedo a la mecanización progresiva de ciertos ramas industriales (por ejemplo, la de coches en EEUU), se crearon en ambientes de liberalismo caníbal, donde Estados Unidos e Inglaterra bajo Thatcher y Reagan desmontaban el tejido industrial, cerraban fábricas y empobrecían zonas enteras de sus países (Roger and Me de Michael More siempre me ha parecido una sesión doble estupenda para Terminator). Otro ejemplo de masculinidad cafre y pandillera en contexto económico difícil: el cine kinky español. Marco general: crisis del petróleo de 1973, España que pasa de ser un país de mano de obra barata a una pagada decentemente gracias a la aparición de los sindicatos y reforma laboral, multiplicación del paro juvenil, 1 de cada 2 jóvenes menores de 25 en paro…

Por último, la definición de posmodernismo como “esa condición masculina basada en la pérdida de masculinidad” explica como el neoliberalismo que estamos viviendo en los últimos años ha remasculinizado la sociedad al mismo tiempo que está acabando con los medios tradicionales de subsistencia masculina, ejemplo de ello,  es el cierre o traslado de fábricas o el parón en la construcción. En esta situación…¿qué puede pasar con los productos culturales?. Pues como dudo que entremos en una era de Acuario donde todos nos pongamos en contacto con nuestra parte femenina, probablemente se van a recrudecer los mensajes machistas, esta vez, despojados de la ironía y pasemos directamente a financiar, rodar y disfrutar de Rambo, a la vez que quemamos contenedores a la salida del cine. Estén atentas a sus pantallas.

9 responses to this post.

  1. cuanto vales oye! algo de esto también quiero para cuando vengas a zgza eh? y ya de paso te traes el seduce and destroy ese y lo probamos(!?)

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  2. En Zaragoza estais pidiendo para una semana!!!! 🙂 …. ya me lo imaginaba y escribir es la mejor manera de ordenar mi caos masculino (el teórico digo, porque si nos ponemos con el práctico… bufff… vamos que ni la miss… el hombre se complementa con… y a la inversa).

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  3. Posted by feulliescassantes on Desembre 2, 2011 at 12:28 am

    Ya empezaba yo a echarle de menos…
    un abrazo

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    • Hombre, Jorge… ¿cómo fue el Black Friday?, ¿pisoteaste la cabeza de algún empleado de Wall Mart?, ¿echaste gas pimienta a los ojos de embarazadas para conseguir un tele de plasma a buen precio?… bien hecho

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  4. Me parece muy interesante todo lo que nos cuentas pero lo de encajar la muerte del cine posmoderno ahora y no hace ya una década me parece un error. Si te fijas todas las películas que citas son como mucho de los 90 (excepto American Psycho que es de 2000 pero que se basa en una novela escrita en los 80). Se me vienen a la cabeza, y siguiendo con tus ejemplos, los posteriores trabajos de Tarantino, Jackie Brown (1997), Kill Bill (2003), Death Proof (2007), donde las autenticas heroínas son las mujeres, un tipo de mujer guerrera que se enfrenta directamente a los hombres y que consigue domarlos e incluso aniquilarlos. Claramente esas películas no encajan en los esquemas que se supone deberían tener las películas posmodernas para chicas pero tampoco en las de chicos, con lo cual, ¿qué hacemos con ellas? ¿dónde las metemos?

    Por cierto, aprovecho para declararme fan absoluto de tu blog! a pesar de que casi nunca comente…

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    • Pues Bertoff tienes toda la razón… y yo sinceramente también pensé en Kill Bill como una peli de venganza femenina, pero creo que más que inconsistencia del planteamiento de la autora lo que planteas es una cuestión cronológica…

      – El libro del que hablo es del 2008… que lo acabo de mirar… o sea que esas películas ya estaban rodadas. (a lo mejor habla de ellas más adelante… estoy por la introducción)

      – Lo de la muerte del posmodernismo yo lo explico así para hacerme el guay, para que resulte más entretenido y porque a mi las ideas se me ocurren con décadas de retraso… pero tambien me parece que en este caso, y desde el punto de vista de los productos culturales sí que creo que entre EEUU y Europa han habido diferencias cronológicas importantes, porque EEUU en el 2003, año en que se rodó Kill Bill, estaba sufriendo las consecuencias de los ataques terroristas del 2001. Y por lo que aquí nos interesa, las consecuencias de esos ataques en relación con el género eran ya evidentes, por lo menos así lo comenta Susan Faludi en “The Terror Dream: Fear and Fantasy in Post-9/11 America” (2007) en donde habla cómo cambió la representación pública de las mujeres en EEUU tras los ataques, vistas como débiles e incapaces de hacer frente a la nueva situación. El ciclo de películas de las que hablas podría hacer referencia a ese ataque a la masculinidad que supuso el 11S o a una reacción frente a ese nuevo tipo de representación de la mujer (no creo que Roberta Garret esté diciendo que Tarantino sea machista, si acaso, lo que dice es que la lectura que hace la crítica del cine posmoderno es ciertamente sesgada, como en realidad a mi me parece que lo es… “¡¡esa es mi verdad!!” como dicen los famosos en la tele).

      – A mí, y continúo con el ejemplo de Kill Bill, a pesar de la cronología, me parece una película posmoderna, con todos esos referentes a las pelis de los 70 de venganza o al cine de artes marciales, pero por mucho personaje femenino y por muy fuerte que sea, las dudas que me asaltan son: ¿por eso deja de ser una película de acción? ¿Qué pasaría si Tarantino hiciera una peli romántica?, ¿cómo sería?.

      – Por último, vuelvo a la cronología: si no recuerdo mal, la crisis inmobilaria americana fue en el 2005 y se trasladó a la bolsa en el 2006… ¿se acuerda como viviamos en España en el 2006?. A todo trapo, creciendo por encima del no-sé-cuantos %… Vaya, lo que quiero decir es que un Nuevo Orden Mundial no es nuevo orden ni nada sin un nuevo sistema económico, y que la muerte del posmodernismo, a mi me parece está ligada a la crisis económica y política de los últimos años… y que esa crisis en Europa no ha hecho sentir hasta 2008… por eso, la verdad, no sé, si señalar la muerte del posmodernismo en esa fecha, o por lo menos uno de sus puntos más bajos, está tan fuera de lugar… pero acepto sugerencias…

      Chico perdona, menudo rollo te he metido y todo sin tomarme mi segundo café… muchísimas gracias por comentar y por hacerme pensar. Te enlazo cuando antes. Besos.

      ¡¡Esa es mi verdad!!…

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      • Si el cine posmoderno es la desmaculinización del hombre y a la vez la masculinización de la mujer podríamos encontrarnos ante un cine posmoderno anti-género cercano a lo queer! Vamos esto me acaba de venir a la mente ahora mismo tras leer tu respuesta pero en cualquier caso echen lo que nos echen lo devoraremos igual. 🙂

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  5. Ampliando el rango, y no sé si viene muy a cuento, se podría decir que la crisis de la masculinidad se puede remontar incluso al cine norteamericano posterior a la II G.M., por ejemplo Nicholas Ray y otros semejantes, Cassavetes et al. Ya sabemos que la guerra y los cambios sociales y laborales trajeron consigo las levas forzosas provocaron fracturas significativas en el ‘frente doméstico’.

    En cualquier caso, ya nos dirás, me da la impresión de que el libro de referencia peca de cierto ‘norteamericanocentrismo’ y parte del presupuesto ‘cine hollywoodiense’, olvidando el resto: desde Godard a Tsai Ming Liang…

    Saludos

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  6. Posted by MArc on Desembre 14, 2011 at 10:10 pm

    este post me va afear la vida, pero ahí voy:

    apunto tres chorradas a ver si cuela:

    Todo esto del posmodernismo ha muerto. Ofkurs, pero no habia muerto también la modernidad? o es que no murió y estaba de parranda? desde algunos temas de debate es más bien difícil dejarse lo posmo atrás… la propia Roberta como le citas, no puede escribir más posmodernamente?

    Lo del género, no diría yo que sea tanto “todos podemos ser hombre-mujer-dildo” sino más bien, rompe el lenguaje o almenos se autocrítico con él. Y eso, en el fondo mayfrents, diría yo (que dice Z. Bauman) que es la posmodernidad: la fase autocrítica de la modernidad. Y lo de la autocrítica no nos lo quitamos de encima, por mucho que reneguemos de muchas otras cosas como el sujeto sin cabeza o el sujeto ausente. Si lo cool era decir: la modernidad ha muerto, somos posmo, ahora lo cool sería decir: la posmo ha muerto viva la esencia?… quién sabe?

    todo esto se me junta con que creo que tienes razón y la clase no se diluye por muy líquida que sea la sociedad….

    pero por otra parte no es Rambo el súmum de la posmodernidad? empezó en Vietnam decía Jameson, todo esto me trae sin dormir.

    seguiré pensando luego

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