Ciertos tonos del ocre: la figura pública de Alberto Fabra.

Hay gente que, la verdad, no es muy significativa visualmente y esa situación, creedme, tiene mal remedio salvo  buscarte un disfraz, o sea, convertirte en otra persona (a otras en cambio, se nos reconoce en la lontananza y nos sacan coplas, que también es triste: “¡¡¡ahí, viene la Palomitas!!!”). Porque lo bueno de esa cualidad, de la significancia visual,  es que no se adquiere ni a través de la fama, el dinero o el poder, sino a través de la pose y la apariencia natural, vamos que se tiene o no se tiene. Voy a poner un ejemplo para explicarme mejor: uno puede estar en un vagón de metro lleno de gente en la línea gris y tener al lado a un joven del mismo color y sentir ante esta persona de súbito (prono) una revelación estética comparable al de un turista ante la Capilla Sixtina.  Y  abalanzarte sobre él para abrazarlo, porque a las obras de arte no se les puede tocar pero a las personas sí,  y decirle: “Usted mi querido amigo debería figurar como ilustración a pie de página del artículo Hastío en la juventud del nuevo milenio en la Enciclopedia Ontológica del Conocimiento Universal”.

Pero hay gente que no, que no te dice nada, porque parecen no tener relación con ningún concepto, y vagan por el mundo como gente sin sombra. La cuestión es que esta dolencia inexpresiva puede darse entre gente rica y famosa, pero se da especialmente entre altos mandos de la cosa política, esos funcionarios de provincias venidos más, esos señores de Valladolid entre cuyos logros podríamos encontrar el haber transportado con éxito la burocracia bancaria a la cosa pública… en fin, ya me entienden. Últimamente y en mí proyecto de progresivo análisis de la hiperburguesía, y de su rutinario ordeno, mando y recorto, estoy fascinado por la insignificancia visual de nuestro “molt honorable President de la Generalitat Valenciana Sr. D.” Alberto Fabra. Que ocupó tal puesto, ustedes lo recordaran entre risotadas, a los meses de que Francisco Camps fuera elegido para el mismo y tuviera que salir por la puerta grande entre gravísimas acusaciones y solemnes declaraciones de sacrificio. Vamos, una risa. Total, que quizás por semejante sainete, quizás porque provengo del mismo ambiente cultural que D. Alberto Fabra, pues a mí, chica, no me dice nada, ni fu ni fa… pero oye, como presidente mío que es, algo tendré que decir, vamos digo yo.

Pero...¿ya le han hecho muñeco de cera?...

Angustiado por si había perdido mi capacidad de análisis y andaba por el mundo tuerto que para mí es peor que andar cojo, utilicé como medida de urgencia el método warholiano patentado de la vision serigráfica. Veran, la loca de Andy Warhol que para mí es Deu nostre Senyor, inventó un modo de sacar dinero a la gente rica haciendo serigrafías de grandes iconos de la cultura. Lo que es curioso es que poniendo estas imágenes unas al lado de otras, estos iconos completamente planos adquirían verdadera profundidad: no eran más que pura apariencia. Así que guiado por el espíritu de Warhola puse en el google imágenes  las palabras mágicas “Alberto Fabra” y me dispuse a analizar la serigrafía electrónica resultante:

Fantasmagoría fabriana.

Viniendo como vengo, tanto intelectual como  sexualmente del campo de la historia del arte no pude como menos que extasiarme por la cantidad y la calidad de ocres de la piel de este señor. ¡¡¡Que maravilla!!!, ¡¡¡que gradaciones!!!… A veces su piel tenía las tonalidades de un atardecer lluvioso en un paraje de suelos rojizos o castaño-rojizos. Esos suelos saturados de óxidos de hierro, elemento que parece estar también en la sangre de nuestro Presidente, ya que su carácter coincide con el de estas superficies como si tuviera un matiz edafológico: “está bien drenado, no es húmedo en exceso y es fértil”, palabras que bien podrían definir al Gran Timonel de esa embarcación a vela que es la Comunidad Valenciana.  Esa cualidad plástica de nuestro Máximo Burócrata enmarcada, eso sí, en un entorno adecuado podría incluso remitirnos a obras maestras del arte como el cuadro Sunset de J.M.W. Turner.

Sunset de Turner.

Claro que ahora tenía que averiguar qué significaba ese color de piel en esa persona en particular. Lo primero que me vino a la mente es que tenía ese color de piel porque era un trabajador incansable, y que sus labores transcurrían principalmente bajo el inmisericorde sol valenciano que ha sido este año capaz de convertir octubre en agosto. Muchas de las fotos que encontré así lo confirmaban…

Buena, ésta no, pero comparen los colores de tez...

Aunque en seguida desestimé esa idea ya que desde época egipcia hasta el SXIX, el moreno obrero no era signo de distinción social sino todo lo contrario: la persona de piel morena pertenecía a las clases bajas y su trabajo era agotador.  ¿Qué significaba, pues, esa paleta de marrones que nuestro lucía nuestro Sastre del Poder (si es que heredó tal título de Francisco Camps)?. Y buscando la razón por la cual esos marrones que refulgían con fulgores indelebles en la piel de Alberto Fabra llegué a conprender ontológicamente, ojo, ontológicamente, es decir, in toto su figura.  Alberto Fabra era un veraneante, un veraneante del poder y su color de piel demostraba el mucho tiempo que pasaba tostándose bajo los rayos de los poderosos. Ese punto también me explicaba porque aparentemente no existían diferencias significativas entre las fotos “oficiales” de su trabajo como político y las “no oficiales” descansando.

"Pero... ¿tú no estabas de vacaciones?" parece preguntarle la niña.

Lo que me parece fascinante es que este carácter relajado, amable, simpático, esa cercanía como de ir con chanclas que  intrínsecamente posee su figura se trasmite e impregna todas sus apariciones públicas. Vean esta foto con el Rey en el desfile de las fuerzas armadas y aprecien su expresión. Su lenguaje gestual no dice “Estoy representado a todos los valencianos en este importante acto institucional” sino que expresa “¡¡¡Coño!!!… ¡¡¡me he encontrado con el rey!!!… cuando se lo cuente a la Mari, ay, ay no se lo va a creer… y que campechano y que alto es”.

O tomen esta otra foto, muy bonita también, del funeral de un antiguo alto cargo de la administración valenciana y vean su pose que es que solo le falta la cerveza, las olivas y los boquerones en vinagre.

¡¡Ojo!!… y no es que yo critique esa actitud ni mucho menos, yo mismo soy una persona muy relajada (más me vale con la gran cantidad de paro que hay). Es más, no sólo no lo critico sino que francamente aplaudo su actitud de veraneante y veo en ella una de sus máximas virtudes, y el modo en el que se puede perpetuar en el poder,  cuestión que supongo que debe de ser unas de sus máximas aspiraciones. Miren, a mi entender, y  por una cuestión de azar, de ese azar que únicamente se puede dar en el arte o en la política, Alberto Fabra ha alcanzado la Generalitat Valenciana dando forma física y administrativa a uno de los sueños más extendidos entre los valencianos: ser veraneantes de su propia tierra. Del mismo modo que Alberto Fabra se maneja en el poder, el valenciano quiere manejarse en su tierra: quiere estar pero sólo circunstancialmente, aprovechar esos meses de buen tiempo, que por ser sinceros en la Comunidad es la mitad del año, para pasearse, tomar un poco el sol, adquirir ese tono ocre, charlar con los amigos, pagar si hace falta la comunidad de los apartamentos, asistir a las reuniones a ver si al final se pone la piscina (o qué), pelearse con la familia de Albacete del 2º F porque no quiere pagar la derrama… y-ya-es-tá, ya está hombre, a ver si la mierda del apartamento va a dar más dolores de cabeza que descanso…

"-¿Cómo van las vacaciones? - ¿Y a tí?..."

Aquí en su etapa de alcalde de Castellón con unos jóvenes que reclamaban un parque de skate y parece preguntarse seriamente: "¿Y decís que lo del monopatín es divertido?".

Miren, yo no dudo que los valencianos, entre los que me incluyo, amemos nuestra tierra, pero me parece que la hemos acabando amando como los veraneantes: nos parece preciosa, luminosa, simpática, se come muy bien, pero… pero… no queremos ni pensar un minuto en el mantenimiento del sistema de basuras o en la iluminación de las calles (que, por cierto, en Valencia capital sobra). Por ese mismo motivo votaremos al partido que no nos rompa el sueño de que somos vereantes de nuestra propia tierra y cuyo programa electoral se parezca más al de un folleto de una agencia de viajes.

"Mira yo allí en Benicasím tengo un apartamento a Voramar, oye, y precioso... eso sí, todos los días vengo a por el pan a Castellón".

Esta visión de valencia como vergel hortelano y playa infinita tuvo su última representación en la visita de Esperanza Aguirre a Gandia  a la que el alcalde de la ciudad le ofreció el Mar Mediterráneo, sobre el que al parecer tenía jurisprudencia, y ya que las llaves de la ciudad se quedaban cortas, al decirle: “Esta es tu playa, es la playa de Madrid”, lo curioso del asunto es que a nadie le pareció ofensivo porque lo que de verdad deseamos todos los valencianos, los gandienses, los castellonenses, los de Alfás del Pí, los de Peñíscola etc etc, es ser turistas de nuestra propia tierra en un verano eterno, al modo de ese cuento de  J. G. Ballard titulado “El parque temático más grande del mundo” donde cuenta como todos los turistas europeos deciden quedarse a vivir en el Mediterráneo:

Cómo tarda Esperanza, estará haciendo los bocatas.

Por favor... ¿para Gandía?.

“Al principio la decisión de quedarse sólo afecto a los jóvenes y solteros, a antiguos estudiantes y a la tradicional intelligentsia del lumpen playero. Pero entre los modernos refuseniks pronto se incluyeron abogados, doctores y contables. Incluso las familias con hijos decidieron permanecer de vacaciones perpetuas. Ignorando los telegramas y llamadas de sus nerviosos jefes desde Amsterdam, Paris y Dusseldorf, inventaron educadas excusas, se dedicaron a untarse el bronceador en los hombros y volvieron a los veleros y las barcas de pedales”

"Nene que apartamento más chulo, en primera línea..."

“Afortunadamente el sol seguía brillando a través de los numerosos agujeros de ozono y las previsiones hablaban del verano más caluroso del siglo. La determinación de los exiliados de no volver nunca a las oficinas y las fábricas estaba basada en una nueva filosofía de ocio y un sentimiento acerca de lo que significaba una vida que realmente mereciese la pena. La lógica de las vacaciones playeras anuales, que había sostenido Europa desde la Segunda Guerra Mundial, había sido llevada al extremo. El crimen y la delincuencia no existían y la tolerancia social y racial de los que se reclinaban en sillas de piscinas contiguas era virtualmente infinita”.

"¡¡¡Que señor más típico me encontré en Gandía... y used, ¿hace cúantos años que veranea?".

Nótese como el azufre hace burbujear el mar a sus pies.

  “Durante el verano de 1994 se produjo el primer desafió para este reino del ocio.  Para entonces las comunidades de playa albergaban a unos cinco millones de exiliados y sus recursos financieros estaban agotados. Hacía mucho que las tarjetas de crédito habían sido anuladas, las cuentas bancarias congeladas y los gobiernos de París, Londres y Bonn esperaban la vuelta de los expatriados a sus escritorios y bancos (…) los hoteleros locales y los propietarios de apartamentos se encontraron dando cobijo a una enorme población de clientes que no pagaban. Se llamó a la policía y se produjeron los primeros disturbios en las platas de Málaga, Menton y Rímini. Los exiliados, sin embargo, eran difíciles de desalojar. Un año de sol y de ejercicio los había transformado en un cuerpo de soberbios atletas”.

Fuente: Fiebre de guerra, JG Ballard en “Contemporaneos Berenice”.

EPÍLOGO EN NEGRO

La crónica negra nos devuelve sin embargo a la realidad, a esa realidad que nos explicaba el  cuento de Ballard en la que los valencianos somos un pueblo que vive en unas eternas vacaciones sin pagar los apartamentos, ni los hoteles.  Como decía, de vez en cuando el mismo mar Mediterráneo y tal nos contaba el periodico El Levante nos devuelve a nuestra realidad socio-económica rompiendo nuestro sueño vacacional:

“Un vecino de Cullera que había salido a correr por la playa del Marenyet se encontró a última hora de la tarde de ayer parte de un cadáver en descomposición que el mar acababa de expulsar a la orilla. En concreto, se trata de las piernas y parte de la columna vertebral de un varón que mantenía puestos unos pantalones vaqueros y al menos una zapatilla deportiva. A juzgar por el aspecto del cuerpo y el avanzado estado de putrefacción, el cadáver debía llevar mucho tiempo en el agua. De hecho, el pantalón estaba parcialmente cubierto por lapas de gran tamaño y otros moluscos que se habían ido adhiriendo a la tela durante el tiempo que ha permanecido en el agua.”

4 responses to this post.

  1. Posted by rori on Novembre 9, 2011 at 5:21 pm

    Este Fabra es un sosainas, podrían habernos traído a su primo Carlos, que da para más cachondeos y tomaduras de pelo. A mí me da que Rita no quiere que ninguno le haga sombra, que a nadie le queda el rojo-menstruación como a ella.

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    • Bueno, mira a Camps, que parecía dar para pocas bromas y luego fue todo un reirse, y él diciendo que se sacrificaba para que el Imperio del Mal se extiendiera por la España entera… que risas. Yo lo que no puedo dejar de pensar, aunque fueran en dos playas distintas y en dos momentos distintos, en Esperanza Aguirre bañandose al lado de un torso comido por los cetáceos.

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  2. Posted by Eloy Beltran on Setembre 21, 2016 at 3:55 pm

    Este hombre tiene organizada unas tramas buenas en los municipios de castellon, pero, estan todos igual, ciudades como alrededores de valencia y sobre todo Alicante. Todavia queda mucho que sacar de corrupcion. Pero de lo que hay saldra un 1% y de ese 1% saldran 0.1% en pruebas para poderse llevar a juicio, de los cuales de ese 0.1% se Indemnizará por robo a las arcas del estado el 0.01% de casos llevados a la justicia. Y de ese 0.01% se tomaran responsabilidades politicas un 0.001%. De los cuales la mitad van aforados al senado , asi que el 0.0005% real toma responsabilidad politica, porque si alguien es del senado no se le puede investigar. A parte, ningun cidadano puede pagar a un abogado, un procurado, un perito, o un testigo, porque luego empiezan las amenazas, se alarga el caso, y no puedes vivir tu vida. Por experiencia es inutil ir en contra del estado, ya que la nueva reforma del sistema judical , no solo perjudica a los ciudadanos, si no a los jueces, donde loos casos precriben rapidamente, no trabajan ni tienen los instrumentos adecuados, y siempre esta fiscalia, que actua como abogado defensor de los politicos corruptos.

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