Azucecismo: adorable cabeza de chorlito (1).

Para centrar un poco el tema de hoy, el de la imagen de la mujer en los tebeos de época franquista-autárquica y más concretamente en la revista Azucena, empezaremos con las palabras de  Antonio Altarriba en su libro La España del Tebeo (La historieta española de 1940 a 2000):

“La novela sentimental aparece como género específico en la inmediata posguerra y viene promovido por la necesidad de proporcionar al público femenino un producto acorde con su sensibilidad. La línea divisoria entre  los valores masculinos y femeninos, tan marcada en la época y especialmente acentuada en la España franquista, invitaba a la creación de soportes especializados donde las chicas pudieran encontrar unos relatos afines a las preocupaciones de su sexo, o, quizá más bien desde donde se las pudiera encauzar hacia unos objetivos que perseguían la sacralización de la institución familiar y presentaban el matrimonio como la culminación de todas las aspiraciones (…) las diferencias entre la historieta sentimental y la historieta de humor o de aventuras no se limitan a la manera de presentarlo [el producto] o promocionarlo. Entrando ya en las peculiaridades narrativas de cada uno de los géneros, descubrimos que los tebeos para chicas no se sustentan en la explotación de un mismo personaje a lo largo de numerosos episodios (…) Y es normal que sea así. Las historias de amor no se prestan a personajes fijos, a no ser que se quieran alagar indefinidamente los lances sentimentales o hacer que una misma protagonista repita una y otra vez la experiencia de la pasión (…) Los personajes cambian en cada episodio, también los escenarios y las formas de presentar la historia, pero se mantienen constantes narrativas muy marcadas y perfectamente asumidas por el público. Estamos ante una auténtica ley de hierro del guión que encauza las derivas efectivas y se encarga de guiarnos a través de la trama. Así al hilo de la lectura, se reconocen inmediatamente los comportamientos a rechazar, las actitudes que serán recompensadas, los indicios de nobleza, de frivolidad o de vulgaridad, y por supuesto, se adivina al tiempo que se desea el desenlace. Se trata de una familiaridad genérica que hace que ninguna lectora tenga dudas a la hora de distinguir al príncipe del villano, al merecedor del amor del merecedor del oprobio, sintiéndose siempre gratificada en sus expectativas. Las pautas narrativas, el reparto de papeles y los finales de las historias se hallan tan fuertemente codificados en los tebeos sentimentales que hacen que, en la práctica, estos funcionen como productos seriados”.

Estas características a las que hace alusión Antonio Altarriba hacen que virtualmente en todas las historietas exista tan sólo un pequeño abanico de personajes-tipo, y que esos personajes (la frívola, la pobre de pedir, la princesa…) sean a su vez reflejos ideales de los vicios y virtudes de las españolas. Hoy vamos a tratar uno de esos prototipos, uno que he dado en llamar la “adorable cabeza de chorlito”:

¿Quiénes son las adorables cabezas de chorlito?… pues las mujeres que acceden a la cultura o que tienen aspiraciones propias y personales tanto intelectual como laboralmente. Una de las cuestiones más problemáticas y contradictorias de la heroínas de los cuentos de Azucena es aquél que se refiere a la mujer culta o la mujer lectora. O dicho de otro modo, a la mujer que ha ido acumulando capital cultural a través de lecturas, clases, internados o tutelajes familiares y que tiene unos vicios y virtudes propios y característicos que Azucena tiene la obligación de censurar en algunos casos y aplaudir en otros, esta aparente contradicción me ha llevado a dividir el tema de hoy entre las “maleducadas” y las llamadas “doctas paupérrimas” que se dividirán en dos posts.

LA MALEDUCADAS

La revista Azucena no era ajena a los peligros de los excesos de lectura, que eran de lo más perjudicial para la hembra española y por lo tanto eran vigilados y censurados por el aparato ideológico de las revistas femeninas. Esta censura caía en prejuicios culturales ampliamente establecidos que unas veces derivaban hacia la broma del preciosismo ridículo, según el título de la obra satírica de Moliere Las preciosas ridículas inspirada en los salones de Madeleine de Scudéry y en el movimiento cultural de la preciosité (los salones literarios de las mujeres cultas de la época y el movimiento que abogaba por la pureza y elegancia del lenguaje). Y que otras veces derivaban hacia el Bovarismo, ese quijotismo femenino, donde la mujer lectora a través de sus aspiraciones románticas acaba sumida en un estado psicológico incompatible con el matrimonio. Pero empecemos con el estudio de campo, a través de nuestra primera historieta La flor maravillosa (número 2 de Azucena) que cuenta la historia de Gabriela una chica que aspiraba a ser una gran dama de nuestra escena alentada por su tía:

Esta historieta es un tanto particular porque en pocas ocasiones podemos ver en Azucena un cuento contemporáneo, es decir, un cuento  ambientado en el mismo momento en el que la revista se publicaba (en este caso los años 40), cuando lo usual es que las historias sucedan en tiempos y lugares remotos y muy rrrrrománticos. Sin embargo, tal como comentaba Antonio Altarriba, frente a esa novedad temporal existían unas características codificadas que hacen que esta historia se inserte perfectamente en la línea editorial de la revista facilitando la identificación de roles por parte de la lectora. Y ¿qué puede ver la lectora asidua en esas dos viñetas?… pues primero y principalmente la histerización de la cultura en manos de las mujeres. Las mujeres soñadoras, o excesivamente soñadoras, lo son en tanto en cuanto su aprendizaje se produce en ambientes exclusivamente femeninos como internados o bajo la dirección del personaje de la “tía” que se repite en diversas historietas (aunque aquí, como hemos visto en la primera viñeta las amigas sustenten la voz masculina censurando las aspiraciones de artista de Gabriela). Claro, la histerización de la mujer culta lleva al segundo paso:

Estas viñetas son muy interesantes porque Gabriela rechaza una doble tutela, por una parte  la tutela de su pretendiente, al que elude no sólo como amante sino como profesor: no quiere leer el libro que le ofrece para irse con su tía y su afeminado profesor de dicción (créanme, no tengo sitio para todas las viñetas pero es gordo y afeminado) persiguiendo sus sueños de gran actriz. Y por otra parte rechaza el tutelaje de la propia revista Azucena al refutar los romanticismos sobre los que construye sus historias. Aquí vemos como la histerización de la cultura puede llevar a la enajenación sexual de la mujer, es decir, a través de la cultura la mujer egoístamente deja de estar disponible para los hombres y tan sólo persigue sus aspiraciones (las mujeres deben estar siempre disponibles sexual y afectivamente para los hombres). Este acto de supremo egoísmo, evidentemente tendrá su castigo, y su Casa de muñecas de Ibsen será calificado por la crítica de “regulero”:

A través de la magia del amor las mujeres olvidan sus aspiraciones intelectuales y se lanzan a una fulgurante carrera en el terreno de la dispensación de afectos y de cuidado. Y este fenómeno tal como la relata Azucena es interclasista, que lo mismo le pasa a la vulgar y soñadora Gabriela de La flor maravillosa como a la Princesa Real Sonia de Trebor del confusamente prusiano reino de Zeruch:

 El tema de zurcir calcetines como metáfora de la vida cotidiana y privada que aparecía unas viñetas más arriba, vamos a decirlo, era uno de los elementos claves para saber si una mujer era apta para matrimoniar o no. Si superaba lo de zurcir calcetines era capaz de todo… En el cuento Adorable muchachita la protagonista recibe toda clase de befas, mofas y chuflas por parte de sus hermanas al desear a un muchacho de pintas vulgares pero carácter noble que luego se desvelará rico heredero…

La contraposición efectiva entre zurcidoras de calcetines / lectoras de folletines se producirá en el cuento Hogar dulce hogar protagonizado por dos hermanas, una de ellas morena y sensata, que sabrá cuidar de la casa, remedar ropa y disponer de las miles de cosas prácticas que pueden hacer el hogar agradable para un hombre, y su doppelganger, su doble negativa: la hermana rubia, sexy y soñadora (blondes have more fun) que no hace más que leer novelas románticas que la inhabilitan para el matrimonio. El rico heredero, efectivamente, se quedara con la morena:

En La aventura de Olivia, la protagonista acaba siendo una simpática soñadora gracias a su avidez por la lectura y por los juegos que le prepara su tía, a quien visita en su residencia del campo…

La historia termina cuando tras unos cuantos enredos y humoradas creadas por Olivia y su tía Adelaida en la casa de campo aparece el pater familias para poner orden y concierto al concertar un buen matrimonio con un hombre cabal que acepta gustoso a la imaginativa niña. Hemos de señalar que la imaginación en un ambiente campestre siempre es más inocuo que en un ambiente urbano; con imaginación, una en un prado desierto, por ejemplo, puede ver a la Virgen. Pero cuando la cultura urbana y la frivolidad asociada a ella aparece en escena, la imaginación y las lecturas se complican. En la ciudad están los internados donde las niñas burguesas van a hacerse señoritas, donde circula toda la cultura trivial de las revistas de modas, donde se pueden encontrar los trapitos y las costumbres cosmopolitas que arruinan a las muchachas. Este contraposición cultural entre el campo y la ciudad se puede ver en La provincianita:

La cuestión es que estas urbanitas emperifolladas, estas cursis con toda su sofisticación de trajes y de costumbres acaban siendo unas negligentes en cuanto a las tareas domésticas, y la provincianita descubre con ¡¡¡horror!!! esta dantesca escena:

Una mujer con una plancha gana mucho.

A parte de confirmar el hecho de que una plancha no hace más que subrayar la belleza femenina, este cuento, que acaba como todos los cuentos, es decir, el desenlace se produce cuando se descubre que la provincianita es dueña de un gran Capital (al final de todas las historias de Azucena el Amor se acaba mostrando como una beneficiosa transacción económica)… este cuento, como decía, no hace más que dejar patente las tensiones que se producen entre una cultura femenina sofisticada basada en lecturas, revistas de moda y vestidos y las virtudes tradicionales reservadas al género femenino. A las lectoras se le unen otro tipo de desviadas como “la lujosa, amiga de exhibiciones, frívola, egoísta, novelera, teatrera, murmuradora, envidiosa, descontentadiza, indolente, gastadora, golosa, antojadiza, inconstante, imprudente, ruin, llena, en fín, de tantas mezquindades que no quiero enumerar para no cansar” (Vilariño, p.53 tal como aparece citado en el libro La morena de la copla).Todas ellas, al parecer concentradas en la ciudad, a la que se accede como decíamos a través de un familiar o a través de los internados de señoritas, como en El amigo de la infancia:

Uno de los máximos peligros de la lectura sostenida por ojos y manos femeninas, y más si esas lecturas aparecían combinadas con el cosmopolitismo era la aculturación. Es decir, la pérdida de la propia cultura y la adopción de costumbres raras y extranjerizantes, ya que “cuando la mujer española cedió en virtud, perdió su recio casticismo e imitó a las extranjeras, sobrevino la decadencia de la Patria” tal como avisaba Prados en La morena de la copla. Para poner en guardia a la española frente a las modas extranjeras Azucena utilizó un símil alucinante en la historia de Kalua, la bella joven de Nueva Guinea Papúa que se enamora del naufragado noble Lord Archibald rescatándola de su salvajismo:

Una vez que llega a Inglaterra, Kalua vive un proceso de aculturación a base de lecturas nocivas como revistas de moda, libros de etiqueta y tratados de geografía, animada por una rival en amores. Estas lecturas no hacen más que mancillar el natural salvajismo de nuestra heroína que aspira, ¡¡¡horror!!!, a querer ser como su marido. A Lord Archibald que su mujer lea, por supuesto, no le gusta nada, pero nada de nada, y la censura, pero cariñosamente, porque no deja de ser una “adorable cabeza de chorlito” por muy étnica que sea:

Verdades como piedras dice este hombre…a nadie nos gusta una mujer sabihonda. Sin embargo perder la inocencia aniñada de la salvaje que cocina y lava y barre su casita es, si se quiere un mal menor, ya que el verdadero peligro de la aculturación entendida como una educación que no se centra en temas exclusivamente femeninos, esconde un peligro mayor: ¡¡¡ el deseo de movilidad social y de clase!!! (¡¡¡doble horror!!!). En el último ejemplo que voy a poner hoy, el cuento titulado Mariuca, se tratan y se condensan todos los temas anteriores, tales como la influencia de las modas extranjerizantes, la vanidad, la histerización de la cultura que se produce en ambientes exclusivamente femeninos… articulándolos  rígidamente en un esquema de melodrama. Mariuca es la hija de un rico pescador gallego que suele jugar con  el hijo de un pescador pobre hasta que su padre decide mandarla a un internado femenino… por cierto, esta parte está dedicada especialmente a mis lectores gallegos, Don Felix y Doña Dasein:

El gran pecado de Mariuca es, por supuesto, utilizar la cultura para poner de manifiesto las diferencias de clase, un tema especialmente complejo para el franquismo que intentaba crear la ilusión de una sociedad sin diferencias, sin conflictos y con una sola ideología. Al evidenciar este hecho, Mariuca, como  toda heroína de melodrama, ha cometido un pecado, por lo que debe de pasar por una especie de limbo social, un castigo que le podría permitir reincorporarse a la sociedad tras haber purgado su mal (las películas de Bette Davis de los años 30 están todas cortadas por este patrón), consecuentemente la familia de Mariuca se arruina en una tempestad:

Sin embargo el amor que todo lo redime, convierte a la superficial Mariuca, que a través de la pobreza ha aprendido cual es la verdadera función social de la hembra española, desaprendiendo todo lo inculcado en el colegio femenino,  confirmando las palabras de Vilariño  en La morena de la copla: “Se enseña a las niñas muchas cosas inútiles, muchas cosas extranjeras, muchas franceserías e ingleserías, mucha lectura, muchas cosas vanas y muchas curiosidades, todo menos el ser mujeres, el ser españolas y el ser verdaderamente virtuosas”… aprendido lo esencial, Mariuca se entrega a su hombre que esta vez sí, está capacitado para escalar socialmente y convertirse en esa burguesía dominante bajo el franquismo. En próximos posts más y mejor:

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12 responses to this post.

  1. Posted by bbking on Juny 14, 2011 at 10:56 pm

    Vaya traca de viñetas…la de Mariuca y su retorno a las Cíes (?) me ha impactado especialmente (también soy gallego).Tanto estudiar en La Coruña y aprender a tocar el piano le desvió de su destino,que finalmente se cumple (por la Gracia de Dios).
    Me alucinan estas viñetas..tienen algo hipnótico,parecen inofensivas pero tienen una carga “castradora” flipante.
    Aunque no venga mucho al tema de Azucena,el otro día pensé en lo políticamente incorrecto que era para el franquismo un personaje como Carpanta,mendigo español hambriento que vive debajo de un puente en los años 50 y que sin embargo no tuvo censura.

    Bueno,me despido…un saludo y sigue colgando estas joyas cuando quieras,que aquí tendrás a un friki-lector avido de verlas.

    Respon

    • Ya sabia que eras gallego, pero creía que eras otra persona… soy un poco idiota y siempre me confundo con ciertas identidades de los lectores que amablemente comentáis … la historia de Mariuca es suma y compendio de todos los males de la lectura y el cosmopolitismo femeninos, y esa historia ligeramente gallega, ya que no lo dice en ningún lado pero resulta evidente la procedencia, tiene efectivamente una enorme carga castradora. Una carga que va ganando terreno en estos comics y espero que podamos explorarla juntos porque a mí, solo, me da miedo.

      Besos.

      Respon

  2. Flipo. Acabo de descubrir que se pueden poner likes en los posts de wordpress. O sea, que esto es un poco como un concurso de popularidad. Pues que bien; yo voy a hacer todo lo posible porque lo gane usted, reina.

    Qué le voy a decir del post que no le haya dicho ya?

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  3. Posted by La Pere on Juny 17, 2011 at 12:00 pm

    Hola muchachote, me mola mucho tu rollo porque yo también he estado investigando las revistas azucena, Sissi, Lili…, que además sufrieron una censura más cañera que las supuestamente para chicos, guerrero del antifaz…irónicamente lo bueno que aportaron fue la incorporación de las mujeres al mercado laboral, en calidad de guionistas o dibujantes.besos

    Respon

    • Pere… tu ya sabes… no sé si lo has notado… pero chica, yo me muero de ganas de trabajar contigo… ya sabes, si tu pones el furor vaginal yo pongo la prosa meliflua…

      Respon

  4. Posted by Marc on Juny 17, 2011 at 1:13 pm

    Impresionante, como siempre! Me chivo a twitter!
    Salut…

    Respon

    • Ey, Marc… gracias por compartir, que es le mayor elogio que se puede hacer en la época de la inteligencia colectiva… además el pájaro azul no canta muchas veces para mí.

      Respon

  5. Posted by Ramón Gómez de la Sorna on Juny 22, 2011 at 2:26 pm

    Me encanta la idea de unas revistas femeninas que se dedican a cagarse en la boca de sus potenciales lectoras, y que armen un discurso de NO LEAÍS!!! NO LEAÍS!!!
    Pues coño pa’ que editas la revistita Azucena que es que me dejaís la cabeza loca los poderes fácticos y sus trasuntos económicos.
    Aunque esto del discurso contradictorio en las revistas femeninas es algo aun vigente, no sé por qué establecer una relación sadomasoquista con tus lectoras, pero funciona, desde luego.

    Respon

  6. Posted by Lesbiana impenitente on Abril 7, 2012 at 10:43 am

    Cómo me gustaría saber que también en esa época, y referente a la viñeta de portada, había una flor maravillosa que hacía que la hermosa chica de azul consintiese a las declaraciones románticas de Azucena, jejeje.

    Respon

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