El amor en tiempos de cólera: los 50.

Guiado por mi profundo interés en la arqueología sentimental he decidido hacer en los próximos posts un estudio comparativo que de lo mismo idiota y subnormal no puede más que dar unos resultados sorprendentes y revolucionarios a los ojos de los expertos y aficionados en este campo. El experimento va a consistir en comparar dos secciones de contactos de épocas tan dispares como los 50 y los 80 para comprobar como en unas poquitas líneas, explicando qué tipo de relación se quiere, y explicando cómo ha de ser el sujeto que reciba esa proyección en Technicolor © que llamamos Amor ©, podemos descubrir el estado de frustración y de aspiraciones colectivas de un país como España (¡¡Epaña-Epaña!!). Vaya, pero os lo voy a explicar bonito, como si tuvierais que resolver una beca en mi nombre: “se trata de descubrir cómo a partir de las secciones de contactos se elabora colectivamente el tema cultural del romance, y cómo esta construcción está ligada a unas circunstancias políticas y productivas concretas”. Pero apliquemos este enunciado y veamos a unas cuantas señoritas desesperadas de mediados del siglo pasado, como esta andaluza (más andaluza que nadie) que nos promete contar toooooodo lo emocionante que pase por la Huelva de los 50:

Mi pregunta tras haber repasado una cantidad considerable de contactos de revistas femeninas era: ¿qué tipo de cortejo precedía al cubrimiento de la hembra española evidentemente una vez cumplidos los oportunos sacramentos?, ¿cómo buscaba la hembra española al macho español en ciudades tan áridas y tan aburridas como un limbo?, ¿cómo asegurar la continuidad de la raza en un país donde ya solo pasear era sinónimo de golfería?. La primera regla general que podemos aplicar es que por muy desesperada que una estuviera, y suponemos que recurrir al correo de SISSI en lugares tan provincianos era ya correr un considerable riesgo, una muchacha no  debía pedir nunca relaciones sentimentales con un hombre directamente, sino recurrir a todo tipo de subterfugios. Quiero decir nada de “quisiera conocer a un hombre simpático”, si acaso y como mucho “desearía un buen amigo”. Todo lo demás era pecado mortal. De entre todos los anuncios lo que más se aproximaba a la petición formal de relaciones era ofrecerse como “madrina de guerra”, que era una excusa edípica (se hablaba de “madrina y “ahijado”) que nos habla del grado de delirio colectivo que había alcanzado una sociedad como la española que llevaba ya unos años, los anuncios son de revistas de 1958, bajo un régimen dictatorial fascista. Los hombres que triunfaban en el imaginario sentimentaloide y militarista de las jóvenes lectoras de SISSI eran especialmente los que estuvieran haciendo la mili en África y más concretamente en Sidi Ifni. Que por esos mismo años había vivido la llamada Guerra de Ifni en la que se enfrentaron “fuerzas españolas con marroquíes en la pretensión por parte de estas últimas de controlar el territorio de Ifni y Tarfaya, por entonces bajo administración española como parte de sus posesiones en el Sáhara Occidental (…)La guerra fue dirigida fundamentalmente por elementos del Ejército de Liberación Marroquí, la antigua fuerza de liberación que luchó por la independencia contra los franceses” (según la wiki). Aunque hubo un serio intento de asalto de Ifni, la cosa terminó con una alianza hispano-francesa para bombardear a los colonos rebeldes, que es como suelen terminar estas cosas. En fin, como pueden imaginar una de esas guerras de sainete que necesitan los regímenes fascistas de vez en cuando (¿recuerdan Perejil?) para remover el imaginario colectivo, para que los hombres podamos sacar pecho y las mujeres tengan un repertorio sentimental neurótico al que recurrir:

Vamos a ver, también las había que pedían “amigos”, pero eran las menos… no he encontrado muchas en los SISSI que tengo a mano… si acaso estas dos… y la segunda es puro surrealismo y capricho corneal:

Lo más usual, como decía, era el subterfugio y la excusa que escondía la intención de conocer varón casadero… algo muy en la línea de los tiempos porque el pretexto, la trampa y el engaño es el modo predominante de expresión en los regímenes totalitaristas. Y así como los grandes cineastas del momento (Berlanga y Bardem) se estrujaban el cerebro para poder engañar a las juntas censoras, las señoritas usuarias  de SISSI utilizaban recursos muy similares para esa gran junta censora en la que se había transformado la España de momento: el pueblo, el casino, el patio de vecinas, la fábrica… Veamos algunos de los pretextos más interesantes. El primero y que más me ha llamado la atención es utilizar la poesía, dura y pura, como pretexto para el amor. Vean este alucinante anuncio:

En esa línea, pero un poco más bruta, está quien recurre a las composiciones musicales a ver si alguien pilla la directa, que aquí se transforma en derechazo a la mandíbula:

Este recurso a pedir poesías o composiciones cuyos títulos muestren nuestras intenciones creaba, claro, tal estado de confusión que uno ya no sabía si de verdad estaban pidiendo el libro, un novio al que llevar con el brazo en cabestrillo, un cabestro o qué…

Luego estaban las que con la excusa del idioma pensaban conquistar a otro tipo de hombres, y suponemos dar el salto fronterizo y abrazar sino la igualdad y la fraternidad entre sexos (que los 50 fueron muy duros en todos los lados), sí, por lo menos la libertad.

Dentro de esa larga lista de subterfugios por los que las mujeres españolas NO expresaban lo que querían sino que simplemente lo dejaban como entrever con más o menos gracia… no por nada… primero porque una mujer expresando sus deseos abierta y francamente era algo inaudito en la España Nacional y Católica, y segundo porque oye, aumentar con reglas estúpidas la frustración sexual y sentimental de los ciudadanos pues no deja ser un buen método de control  social e ideológico, como el NODO… Bueno, a lo que íbamos, que dentro del capítulo de subterfugios estaban las que me recurrían al coleccionismo. Vamos, las que coleccionaban por ligar con hombres… como se lo cuento… vean…

Una pequeña mención merece esta última carta, primero para señalar como el noble arte de la vitolfilia alcanzó su grado de perfección en la España nacional, y desde ese momento empezó su decadencia, pues, hasta hoy que ya nadie recuerda lo da la vitolfilia esa y todo el mundo asocia esa palabra con alguna perversión extranjera. De todas formas, vitolfilicos o no, ya puedo ver arrugarse sus escépticos morros de lectores, pensando que estas señoritas tenían verdaderamente afición por los sellos y que no había doblez en sus peticiones. Como las anteriores amigas y lectoras de SISSI pedían “verdaderamente” una canción llamada “Dame candela”. Pues amigos descreídos tengo la prueba que ahuyentará todas sus dudas, una carta aparecida precisamente en SISSI:

El problema es que las madres, salvaguardas del honor (léase “himen”) de sus hijas, ya habían adivinado que esa afición desmedida por la filatelia, ese vestirse como una cualquiera para ir a las convenciones en el casino municipal o ir al Rastro los domingos buscando como una loca el sello del transbordador Juan de la Cierva… pues era algo extraño… y habían puesto cartas en el asunto dispuestas a apagar cualquier signo de vitolfilia en sus pequeñas Mari Carmen, sobre todo si residías en Lugo:

Luego estaban las condenadas al subterfugio de por vida y durante décadas, las lesbianas. “Lesbiana” era una palabra inexistente en el idioma español hasta hace bien poco, si exceptuamos cuando era utilizada por los alienistas y confesores católicos como un signo más, aunque grave, del histerismo femenino de toda la vida. Pero las lesbianas también tenían su corazoncito, sus ansias de amistad y abrazos furtivos, que igual podían darse en un cine que en unos retiros espirituales. El lesbianismo en la España de los 50 se refugiaba bajo los mismos disfraces que en cualquier parte del mundo, el deporte y la amistad femenina:

Finalemte estaban, claro, los chicos… los chicos que empezaron a escribir a SISSI viendo el alto porcentaje de muchachitas díscolas y vitofílicas que leían este simpático semanario femenino. Los hombres, claro, tenían la potestad de pedir las cosas directamente (y la mayor de las veces sin recurrir a un “por favor”) y de llamar pan, al pan, y guarra, a la guarra. ¿De tipos?. Pues los había de todo tipo y condición, desde este joven burgués aficionado a la masturbación, la equitación, El guerrero del antifaz y que tenía una cara de funcionario fascista de aúpa:

Hasta esta rumbosa belleza racial que tiene unos ojazos de esos de protagonizar una copla que acaba en cárcel, navajazo o perdición por los caminos…

Luego, como siempre, los surrealistas que piden no sólo novias con las aficiones más estrambóticas sino partituras para composiciones que debían de sonar a rayos y centellas..

Los de aspiraciones regionales que sueñan con la independencia y las relaciones entre los pueblos catalanes y mediterráneos:

Los crápulas que buscan señoritas aspirantes a secretarias y  a actrices (léase “putas”) y que después te abandonan al primer error tipográfico…

Y, finalmente, los que buscan el autobombo, la publicidad… o hablar en sloganes… o…vaya que no lo entiendo muy bien, pero que el chico parece formal… lo parece…

Pues hasta aquí ha dado las aspiraciones sentimentales de las mujeres lectoras de SISSI a finales de los 50, veamos que pasa con las aspiraciones sentimentales de la hembra y el macho progre en plena transición…

4 responses to this post.

  1. Posted by Ángel Morales on agost 9, 2010 at 6:22 am

    Oro puro
    ¿Qúe habrá sido de todas estas gentes? Ojala hayan encontrado a su mitad perdida, en verdad espero que hay sido así. Me llamó muchísimo la atención el de la lesbiana golfista. Seguramente se volvió una mujer muy rica y la favorita de todos sus sobrinos.
    Que formal era la juventud de antes. Igual todo extremo es malo… Me contaron de una prima que a sus diecinueve ya está divorciada.

    Sobre la violtfilia… ay, es que no lo puedo ni pronunciar, pero ¡que manera más original de perder el tiempo! Mis respetos, eh.

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  2. Este post no tiene precio, lo releo fascinado por tanto candor

    ; )

    Respon

  3. Posted by Candy Candy on agost 28, 2010 at 6:46 pm

    Querida Palomitas,
    Usted siempre instruyendo a la plebe. Hoy me ha hecho aprender una palabra nueva: vitolfilia. Nada, a partir de ahora nada de insultar en plan: “callate guarra, que eres la Barby Puta”. No, no y no. Desde ahora, “vitolfílica, más que vitolfílica!”
    Por cierto, un amigo de mi padre escribió a Sissí y acabó casándose con una de esas ávidas lectoras de la revista.

    Respon

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