Spain after work (Diagonal nº 201).

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Este texto se publicó en la contraportada del número 201 del periódico Diagonal en la sección dedicada a humor (aunque como veréis no tenía el coño para muchos ruidos ese día). En este enlace, en la versión digital del periódico, podéis ver el texto original con el magnífico chiste de MEL que suele ilustrarla. He incluido los enlaces que pusieron las chicas de Diagonal y el encabezado que pusieron: “Un homenaje a J.G. Ballard sobre la sociedad del fin del trabajo asalariado en este páramo sin esperanza.”
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Spain after-work (homenaje a Ballard).

2013 fue el último año en el que se trabajó en España. En junio de ese año recibimos la mística visita del FMI que aconsejó al gobierno que flexibilizara el mercado laboral abaratando despidos y eliminando trabas judiciales a los mismos. A pesar de que en 2013 estábamos regidos por una economía que había dejado de ser ciencia para ser superstición y de que todos practicábamos rituales para atraer la prosperidad económica como manejar dinero invisible o guardar para la jubilación, el FMI no había perdido un ápice de su prestigio. Más bien al contrario ya que en esos tiempos oscuros se había convertido en la Burocracia Divinizada que bajaba y pedía sacrificios rituales y que esta vez demandaba en su pira neoliberal, vuelta y vuelta, el concepto mismo del trabajo.

Gracias a esas medidas impulsadas por el FMI en 2015 se alcanzó un paro del 80% de la población activa y nuestro país se convirtió en una gran masa de prejubilados que apoyados en vallas veían como en Europa se cavaban zanjas. Los más jóvenes intentaron escapar pero las zanjas era muy profundas y además en época estival (de marzo a octubre) el paro descendía hasta el 65% debido a la llegada de turistas del primer mundo que llenaban nuestras plazas hoteleras. Así las costas mediterráneas se convirtieron en un lugar de residencia de muchos jóvenes que si bien vivían esclavizados durante el verano, hacían suyas las ciudades de vacaciones durante el invierno convirtiendo aquellos parajes en lugares peligrosos en los que el ejército hacía continuas incursiones.

Las personas mayores de cuarenta años que fueron incapaces de recuperar sus empleos tras el Gran Despido y que todavía unían la capacidad productiva a la dignidad personal sobrevivieron como pudieron: muchos montaban y desmontaban los motores de sus coches aparcados en las puertas de casa y otros convirtieron la petanca en un deporte estrella en el que se apostaba grandes cantidades de dinero. Muchos parados y paradas crónicos se encerraron en las escasas bibliotecas que quedaban abiertas y convirtieron aquellos centros en escuelas improvisadas ante el colapso de la educación pública que para el gobierno había dejado de cumplir su función principal: educar a los cuadros intermedios (universidad) y a la mano de obra especializada (Formación Profesional) para el acceso a un mercado laboral que había dejado de existir.

En todo este proceso se vivió una espectacularización del trabajo: la televisión estaba llena de personas cuya riqueza provenía de la nada (famosos, comentaristas o la familia Real) o de programas sobre trabajos que al principio se centraban en labores tradicionales pero que pronto se extendieron a cualquier tipo de actividad remunerada: fascinantes documentales sobre empleadas del metro, jardineros, camareros o dentistas. Así mismo se empezaron a hacer concursos literarios sobre curriculum vitae o “historias de la carrera de la vida” y obras de teatro sobre entrevistas de trabajo. Se levantaron estatuas a la figura del emprendedor y las ciudades más prósperas se vendieron como “viveros de emprendimiento”. La nueva religión de estado que vino a sustituir al catolicismo era el “couching” regido por personas consideradas como sanadoras laborales que transformaban el paro endémico en una cuestión de culpa personal que solamente se podía expirar a través de la actitud. En aquellos tiempos todo el mundo consideraba de muy mala educación preguntar por el trabajo y las conversaciones sobre ese tema siempre empezaban con un delicado “qué mal están las cosas, ¿eh?” que se había convertido en la forma protocolaria perfecta de echar las luces largas a otros parados.

 
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Una lectura marxista de Gru 2 (MAKMA)

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Este artículo se publicó originalmente en la web MAKMA: http://www.makma.net/una-lectura-marxista-de-gru-2/

Gracias a la ubicua cartelería que contamina nuestras ciudades cualquiera con ojos en la cara puede comprobar que Gru 2 es uno de los estrenos estrella de la cartelera del verano. Una inocente película de animación que tiene mucho de atracción de feria en su dispositivo tridimensional y que ofrece no pocas dosis de golpetazos, zancadillas y bromas para todos los públicos. Sin embargo, bajo la fina y colorida capa de diversión industrial que la cinta ofrece aparecen escondidos entre las tinieblas de las gafas tridimensionales los síntomas y las tensiones sociales de una sociedad como la norteamericana que conforman una inquietante radiografía.

Para conseguir reflejar las pesadillas norteamericanas sin logar despertar a los niños que duermen tranquilamente el sueño de una película de verano, la cinta mezcla elementos progresistas como las relaciones familiares que presenta y que están ejemplificadas en la figura de Gru. No sólo un ex villano metido a salvador de la humanidad sino también un padre soltero (¿viudo?) al cargo de sus tres hijas, una de ellas lo suficientemente gay-friendly como para bromear sobre su posible lesbianismo algo, todo sea dicho de paso, completamente inusual para una cinta de animación dedicada al público familiar. Sin embargo este progresismo en el terreno de lo afectivo deja un amplio espacio para cargar de manera cómica y un tanto (un mucho) preocupante sobre otros dos grupos sociales marginados: los inmigrantes y la clase obrera que protagonizan los principales gags humorísticos. Pero vayamos por parte y expliquemos la perversa trama que se teje alrededor de esta hora y media escasa de diversión.

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En esta secuela Gru decide desmontar las acciones de un villano que se ha hecho con una poderosa y peligrosa pócima y que, tomando la parte por el todo, se ha refugiado en un centro comercial escondiéndose bajo la apariencia de un étnico empresario del mismo. De este modo no sólo tenemos la imagen de EEUU como un centro comercial y como prolongación de la propia experiencia cinematográfica de Gru 2 que probablemente se desarrolle en uno de estos lugares, sino que también tenemos al enemigo interno: por un lado, el mexicano que regenta un restaurante y por otro, el chino, que en un alarde de originalidad no regenta un establecimiento de comidas sino una tienda de peluquines. Descartado al afeminado chino, y en este punto lamento chafaros el argumento, el malvado resulta ser el mexicano que bajo su tienda de tamales, gorditas y tacos esconde un verdadero y aparatoso emporio del mal. Los chistes sobre este personaje pasan de lo folclórico a lo levemente racista en su repertorio de gracietas dedicadas a la cultura “latina” que incluyen máscaras de luchadores, bailes sabrosones y una alta capacidad amatoria o “hipertrofia sexual de las clases socialmente inferiores” que diría Román Gubern. Si todo esto no fuera lo suficientemente estereotipado como para ofender a una de las principales naciones migratorias a EE.UU. el antagonista luce un aparatoso tatuaje de la bandera mexicana en su peludo pecho. Y esas mismas bromas pesadas pasan de lo levemente racista a lo profundamente preocupante cuando la única razón que esgrime el héroe para sospechar y atacar a este empresario mexicano residen en que el hijo de éste corteja a la hija del gótico pero anglosajón Gru. Así y tras la primera parte de la película la conclusión a la que llegamos es que parece que las nuevas estructuras familiares son menos amenazantes para la industria mainstream que el mestizismo propio a una sociedad como la norteamericana que está dejando atrás a pasos agigantados su mayoría blanca y sajona.

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“Miracolo a Milano”, Vittorio De Sica, 1951.

Pasemos ahora a la clase obrera que en la película está representada por los “minions” unos seres diminutos e infantiles y que forman parte de una larga tradición iniciada por la Disney  de objetos o seres humanizados que son aptos para el trabajo  pero que aparecen representados sin la dignidad del protagonista o su círculo íntimo. Pensemos, por ejemplo, en toda la colección de soperas y teteras cantantes de “La Bella y la Bestia” o en las laboriosas herramientas de Manny Manitas que siempre ayudaron a su dueño sin necesidad de un convenio laboral, porque, vamos a ver, esos seres amarillos diminutos que ayudan a Gru ¿bajo qué régimen cotizan? En este caso en particular y sin lograr averiguar si pertenecen al sector industrial o servicios los “minions” de Gru tienen un parecido significativo con los Curris de Fraggel Rock (Inges en la versión latinoamericana) que sin ser objetos humanizados no pertenecen al género humano sino a una raza de asalariados sin otros rasgos culturales distintivos que el vivir en una analidad permanente. Sin embargo, estos seres viven su propia aventura cuando son secuestrados por un ingenio mecánico del malvado mexicano que construido en forma de aspiradora gigante los absorbe hacia el cielo en una escena que recuerda a la controvertida ascensión a los cielos de los pobres de “Milagro en Milán” de Vittorio de Sica. De igual modo estos obreros, los minions, los ascienden a su cielo particular ya que el “calabozo” que les ha preparado el mexicano son unas vacaciones pagadas en una remota isla paradisiaca. Claro, que todo tiene su trampa: en ese espacio maravilloso el mexicano les inyecta el malvado suero que ha creado y que según especulaciones de esta humilde crítica debe de consistir en una especie de esencia de latinidad que tiene fatales consecuencias ya que los trabajadores se vuelven violetas y se rebelan contra el orden establecido. De esta guisa y completando la lista de guiños reaccionarios nos acercamos al final de la cinta a través de la transformación de los minois en monstruos de apetitos voraces. Una transformación en la que queda patente la influencia nociva que los inmigrantes (mexicanos) pudieran tener sobre la clase obrera (norteamericana) consiguiendo que en esta vuelta por la montaña rusa del cine tridimensional se pase del color violeta de la piel monstruosa al negro de la pesadilla neoliberal.

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Críticas de cine: “Un invierno en la playa” y “Los becarios”.

Hola, como imagino que muchas de vosotras estaréis planeando con el periódico delante cómo pasar esta calurosa tarde de junio os pongo las últimas críticas que he hecho para el semanal de el periódico valenciano El Levante EMV que con infinita paciencia lleva ya dos años acogiéndome entre sus colaboradores, que las disfrutéis:

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UN INVIERNO EN LA PLAYA.

¿Pueden tener las personas atractivas problemas profundos? Esta película apuesta definitivamente porque sí y no sólo eso sino que según “Un invierno en la playa” esos problemas pueden ser tan complejos que pueden llegar incluso a convertirse en novelas de éxito o por lo menos eso se deduce de esta historia que nos cuenta como una saga familiar de escritores (la película también se conoce como “Writers”) viven las vacaciones navideñas lidiando con sus vaivenes sentimentales. La película está llena de norteamericanos guapos y sanos (¡¡hasta las enfermas terminales parecen atractivas!!), tópicos intelectuales y diálogos sesudos que se producen en escenarios de telenovela adolescente y que entre otras cosas ensucian el buen nombre del grandísimo escritor Raymond Carver al que todo el mundo debería de leer. Claro que no todo es negativo, ya que la cinta está llena de valiosas lecciones morales aunque en su mayoría éstas sean terriblemente reaccionarias sobre todo en el terreno de las relaciones sentimentales que es el tema principal de la historia y donde nos encontramos por un lado a varones melodramáticos que aman y sufren en silencio esperando a sus enamoradas tal como en los años 40 hacían Bette Davis o Joan Crawford y por otro lado están las mujeres que engañan a sus maridos, son promiscuas, adictas a las drogas o víctimas de terribles dolencias. Este melodrama para varones donde el sacrificio masculino acaba reponiendo los valores de la familia nuclear (que es radioactiva) y haciendo volver al redil hogareño a las díscolas es más falso que unas acciones preferentes y su construcción como película se basa en un manido truco industrial que llevamos soportando desde los 90: dar la apariencia de una película alternativa que cuenta una historia sensible, sobre todo con una banda sonora indie, recuerden sino al éxito “Juno”, para esconder debajo de ella un discurso reaccionario basado en la defensa a ultranza de valores tradicionales. Como anécdota significativa diré que en el pase de prensa al que asistí coincidí con el también escritor Sánchez Dragó quien salió de la proyección con una amplia y beatífica sonrisa.

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LOS BECARIOS

¿Qué relación podría tener reciente la visita del Fondo Monetario Internacional a España y el estreno de una comedia de verano sobre unos becarios de un famoso buscador de internet? Que ambos nos recomiendan que nos tomemos el trabajo más a la ligera. Y esto, desgraciadamente, no es un chiste porque si por una parte el FMI pidió hace un par de semanas flexibilizar el despido, por otra parte el director de esta cinta, Shawn Levy y Google actuando como productor nos cuentan la historia de dos cuarentones cuyos empleos se pierden por culpa de la crisis económica llegando por una serie de desatinos a ser becarios dentro de esa fantasía laboral juvenil que es Google: toboganes, campus, piscinas. La mayoría de chistes (algunos graciosos) de esta comedia facilona se basan en el analfabetismo digital de sus protagonistas y la mayoría de sus lecciones se centran en lo beneficioso que es mezclar viejas y nuevas habilidades laborales, pero todo esto es superfluo: en esta cinta y en tiempos de paro el verdadero espectáculo es el trabajo y el verdadero protagonista de la película es el omnipresente logo de la empresa.

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Women films (2): Joan Crawford y el porno sadomasoquista melodramático.

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Unas de mis grandes lagunas de la historia del cine y que se ha convertido en un terreno pantanoso en el que me estoy introduciendo hasta las rodillas con mi tesis es en la filmografía de Joan Crawford.  Ya que si una ha tenido que ser de algo era de Bette Davis que bajaba muy bien las escaleras y que también disparaba armas muy bonito o incluso hacía ambas cosas a las vez como en el inconmensurable inicio de The letter  de William Wyler:

¿Qué más se puede pedir señoras? La poderosa dueña de una exótica plantación postcolonial, los trabajadores de otra raza que la cámara sitúa visualmente con los animales de compañía, la luna lunera que es rajada por una nube y la Dette Davis con un vestido que tiene un vuelo precioso (pre-ci-o-so) descargando un arma sobre un señor. Pues poca cosa más se puede pedir para que sea un inicio de película perfecto. Ahora, snif, que aquellos eran otros tiempos ya que “The letter” se estrenó en 1940 cuando el cine para mujeres, el “women films”, iniciaba su época de máximo esplendor alimentado después por la nutrida población femenina de EE.UU. que aprovechaba la independencia laboral de la Segunda Guerra Mundial gastándose los salarios en el cine. Claro, que cuando decimos “cine de mujeres” no decimos nada o en realidad queremos decir “melodrama”. Porque lo de “women films” fue básicamente un invento de los estudios feministas de historia del cine, ¡¡alabados sean!!, que dieron sus primeros taconazos con libros como “From Reverence to Rape: The Treatment of Women in the Movies” (1974) de una joven Molly Haskell  y que fue una de las primeras aproximaciones a la imagen de las mujeres dentro de las películas y más concretamente dentro del melodrama clásico.

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Básicamente, tan básicamente que voy a ser simplista, desde el libro de Molly Haskell la mayoría de reflexiones sobre el melodrama clásico se han movido sobre tres presupuestos: subrayar la importancia del protagonismo de la mujer (la heroína femenina), subrayar los placeres que proporcionan estas historias a través de temas como el Lujo o el Romance, así como subrayar toda la carga de inquina heteropatriarcal que le meten a una con esa cucharadita de azúcar visual. Dentro de la ya larga lista de teóricas cinematográficas las hay como la propia Haskell que dicen que si bien estas historias están basadas en la autocompasión femenina y que están destinadas a que las mujeres se reconcilien con sus miserias más que rebelarse contra ellas (unos lloros y a fregar chicas), al mismo tiempo pueden tener un valor progresista, especialmente al celebrar a mujeres fuertes. Otra estudiosa como Mary Ann Doane dice que de eso nanay, que puede que ese tipo de cine puede crear una mirada femenina a través de sus protagonistas pero que sólo se utiliza para volverla en contra de las propias mujeres que encuentran placer pero sólo a través del sadomasoquismo “un lugar imposible de deseo puramente pasivo donde el placer de las espectadoras se encuentra indisoluble del dolor, el sufrimiento y la agresión no sólo contra los personajes sino contra las espectadoras”.

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El sadomasoquismo visual del melodrama clásico es un gran tema y lo podríamos relacionar con la reivindicación del sadomasoquismo guarro que hacen las hermanas del postporno, aunque, seamos serias, el del melodrama clásico es mucho más heavy y lo lleva más allá ya que al contar historias básicamente enseña a vivir, haciendo que el dildo heteropatriarcal llegue más allá del ano llegando directamente hasta el alma. Pensarán que exagero y que hablo postmoderno, pero no, no, creedme, que las bestialidades del cine clásico no las supera ni usted ni yo, ni aquella de allá ni esta otra de acullá. Déjenme que les ponga el ejemplo que más me escandalizado, disgustado y revuelto las tripas, la empalagosa y pasiva-agresiva Autumn Leaves  con una esplendorosa y valga la redundancia otoñal Joan Crawford en una película realizada en 1956, cuando el cine clásico empezaba a declinar y cuando sus historias femeninas mandaban a las mujeres a casa tras la Segunda Guerra Mundial, ya saben el tipo de películas que una se imagina que le encantarían a la Betty Draper de “Mad Men” y su mística de la feminidad y vuelta al hogar. Una peli doblemente interesante porque está dirigida por el gran Rober Aldrich  (“¿Qué fue de Baby Jane?” o “Doce del patíbulo”) y entre sus autores estaban los guionistas defenestrados Jean Rouverol y su marido Hugo Butler. Jean Rouverol fue una actriz cómica prematura, escritora de novelas durante la Segunda Guerra Mundial y guionista profesional hasta que el Comité de Actividades Anti-americanas se le echó encima por su pertenencia al Partido Comunista Americano y tuvo que marcharse a México desde donde continuó escribiendo y criando a sus seis hijos (su marido colaboró con dos películas de Buñel: “Las aventuras de Robinson Crusoe” y “La joven”). A la película se le cambió el título de “The way we Are” a “Autumn Leaves” pare subirse al carro de la exitosa canción de Nat King Cole con la que empieza la peli pero a pesar de este giro de marketing la reacción de taquilla fue más bien templada y esta obra he quedado olvidada salvo por los amantes del camp y las señoras aparatosas. Pero veamos el argumento.

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La peli cuenta la historia de la solterona y madura Millicent “Millie” Wetherby (Joan Crawford) que se gana la vida como taquimecanógrafa particular y que luce durante toda la película unos impolutos guantes blancos que sólo se los quita cuando tiene que arremangarse por su hombre. Porque Millie, la adorada Millie que llena su condominio de Los Ángeles con el ruido de su máquina de escribir y con sus conversaciones intrascendentes con otra solterona conoce a un hombre. Un hombre, por cierto, mucho más joven, guapo y militar de servicio llamado Burt Hanson (Cliff Robertson) quien se sienta una noche por sorpresa en la mesa que ocupa en un dinner y que con esa agudeza a la hora de calibrar el carácter que sólo tienen los locos la encuentra maravillosa. Porque Burt, vamos a ver, está loco, como una cabra. De este modo la cosa se pone freudiana ya que los problemas mentales de Burt tienen su origen en un padre acosador y en una ex mujer malvada, ambos compinchados hasta límites inimaginables por lo que la leona Millie tiene que defender su Amor ante dos frentes: el exterior con el acoso familiar y el interior con la locura de Burt.

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De este modo “Autumn Leaves” como obra se ajusta a los patrones del melodrama con una historia sadomasoca (ahora veremos) que proporciona a las mujeres una liberación temporal con una escapatoria al amor romántico y la sexualidad a mismo tiempo que cuenta la historia de un prototipo de mejor melodramática: la mujer ordinaria que se transforma extraordinaria (según Haskell) frente a la simplemente ordinaria. Pasemos pues a ver una de las escenas en las que todo estos elementos se desatan y se subrayan, una que he subido yo directamente al youtube y que pese a tener el logo de Telemadrid fue imposible de encontrar en dual. ¿Qué pasa en esta escena? Pues que Millie acaba de tener un agarrón en la puerta de su apartamento con la familia de Burt y éste en plena paranoia agrede a su mujer en una descarnada visión de violencia de género, pero atentas al modo en el que se desarrolla la historia:

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Burt sufre un ataque y no recuerda nada después de la agresión y es él quien descansa en la cama, ella se acerca a servirle con las gafas de sol, este es la conversación que tienen:
– Millie: ¡¡Dios mío!! Pareces muy descansado.
– Burt: ¿Estabas hablando con alguien?
– M: Sí, el doctor. ¿Has dormido bien?
(Burt la besa).
– M: Te traeré una sopa…
– B: Millie espera, creo que tienes algo en la camisa (más besos).
– M: ¿De dónde salió ese beso? Debes haber estado practicando (más besos).
– B: Resulta curioso, pero como este beso [que te acabo de dar]… no recuerdo nada de lo que hice…Uhmmm (le mira la mano herida).
– M: Te traeré la sopa.
– B: ¿Qué le pasó a tu mano? (le intenta quitar las gafas de sol).
– M (disculpándose por la herida): Intenté ir en dos direcciones opuestas a la vez.
– B: Oh, sí, ya recuerdo, déjame ver tu ojo morado…
– M: ¡Oh no!, es fascinante pero sólo para mí. Cambia de color cada día. No me voy a quitar las gafas de sol. Hay algo muy poco femenino en una mujer con un ojo morado.

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“There is something unladylike about a black eye in a woman” es quizás, sin “quizás”, es seguro la frase más horrorosa de toda la historia del cine clásico y aunque la narración lo intente suavizar convirtiendo al agresor en un amnésico neurótico que no se acuerda que ha pegado a su mujer sus implicaciones son monstruosas: la mujer que sufre la agresión se esfuerza por continuar pareciendo femenina ocultando sus heridas que son “unladylike” bajo unas grandes gafas de sol. Así el compensatorio romance otoñal que nos ofrece la película la historia deja claro que el verdadero trabajo de una mujer es “ser mujer” caigan los golpes que caigan. Al final y después de tamaño esfuerzo, Millie obtiene su premio realizándose como tal. Esta vez la mirada femenina del cine clásico tiene un color morado y la historia femenina central se vuelve contra su protagonista como una pesada máquina de escribir que cae.

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Palomitas, crítica de arte en el MAKMA.

"Señora mirando lo Sublime y viendo que le queda un poco lejos" de Caspar David Friedrich.

“Señora mirando lo Sublime y viendo que le queda un poco lejos” de Caspar David Friedrich.

Esta mañana se ha publicado la primera de, espero, una larga colección de colaboraciones con MAKMA un portal cultural con el que me hace mucha ilusión trabajar porque hace que mi nombre titile electrónicamente junto al de periodistas de sobrado reconocimiento en la escena cultural valenciana. Náufragos, como si dijéramos, de lo que alguna vez fue cultura en aquellas tierras de calor húmedo y que no se resignan a morir ahogados por la ferocidad del vendaval provocado por un desgobierno cuya actuación en el campo de la cultura es especialmente flagrante. Pero lo que me parece más bonito de MAKMA es que no sólo se trata de sobrevivir sin tragar agua, ni de hablar contra la cultura de los otros, un tema, por cierto, poco tratado en el apesebrado panorama cultural valenciano sino de construir alternativas en las que las nuevas propuestas puedan convivir y donde internet se junte con el concierto en el bar o la proyección en el casal alternativo o en el debate en el colegio mayor. Pero yo es esto poco sé porque soy un recién llegado y continúo mandando los textos sintiendo esas polillas nocturnas que sentimos las escritoras en el estómago cuando creemos que nos van a rechazar. Os dejo con los primeros párrafos de mi crítica a la exposición de Dalí y el enlace para que continuéis leyendo…

Dalí putrefacto: guía personal de la exposición del verano

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La primera crítica que me ha encargado MAKMA tiene algo de mitológico, como de descenso a los infiernos ya que ha consistido en una visita a la exposición del verano, la macro exhibición que sobre la obra de Salvador Dalí que se está realizando en el Reina Sofía hasta el 2 de septiembre bajo el aparatoso título de “Todas las sugestiones poéticas y todas las posibilidades plásticas”. El mismo día que visité el Reina en esa arriesgada misión, Madrid había decidido abrir sus carnes y soltar todo el calor que llevaba acumulando durante meses. Neptuno, cuya ira es capaz de provocar terremotos (“Las paredes del Reina Sofía tiemblan” decían los periódicos aludiendo a los 16.000 visitantes del primer fin de semana), se derretía en su fuente y su tridente flácido apuntaba al agujero en el asfalto por donde salía un calor seco y una gran cantidad de personas norteamericanas y jubiladas que formaban una fila que llegaba hasta la puerta de entrada del museo. Porque Dalí gusta, pero no nos engañemos, gusta a los jubilados y a los norteamericanos, quienes se convirtieron en mis compañeros de ese viaje estético hacia las profundidades de un autor cuya decadencia artística y personal culminó en una canción de Mecano: “tirita su burbuja / al descontar latidos / Dalí se decolora / porque esta lavadora / no distingue tejidos”.

El Dalí del Reina Sofía está lejos de esa decadencia que cantaba Mecano y muestra su encanto mentiroso en una larga fila de visitantes que ahoga al propio museo en una exposición llena de logos y de subvenciones pero previsiblemente cara y que recupera esa tradición extinta de las exposiciones espectáculo. Grandes exhibiciones con colas milenarias que parecían imposibles en un panorama cultural como el que estamos viviendo y que recuerda –esta vez sí- al Dalí de los últimos años: una Cultura Contemporánea que baila con la Muerte una sardana de deshidratación de subvenciones e incendios de recortes. En ese panorama desolador y surrealista, el Reina Sofía saca músculo…

http://www.makma.net/dali-putrefacto-parte-1/

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Conferencia en Madrid dentro del LadyFest

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¡¡Ay!!, ¡¡qué cabeza la mía!!, que se me olvido deciros que mañana actúo reflexionando sobre las comedias románticas dentro del inconmensurable marco del LadyFest, aquí la explicación de la falla y una pequeña muestra de lo mío, pasaron por eso y por todo:

18.00h – Vestiario: Paseo de los Melancólicos nº 9, 3º B
sábado 22/jun/2013

Aunque nace para entretenernos, el humor en el contexto de la cultura popular es un lugar de fuertes tensiones, en el que se luchan importantes batallas ideológicas. Las charlas Groserías y Piropos nacen con la intención de explorar qué se esconde tras las películas o series que nos gustan y nos divierten. ¿Por qué unos chistes tienen gracia y otros no? ¿Se puede bromear sobre las mujeres y no morir en el intento? ¿Qué hay de las comedias románticas? ¿Por qué las rubias siempre tropiezan dos veces? En Ladyfest uniremos fuerzas para arrojar entre todas algo de luz sobre estas y otras preguntas.

En Groserías y Piropos tenemos el honor de contar con la presentación de Filósofa Frívola, que compartirá con nosotras opiniones y consejos a partir de su experiencia en el arte del humor con perspectiva de género.

La jornada de GROSERÍAS Y PIROPOS se estructurará en dos charlas:

18:00-19:00 “NI CURAS, NI ENANOS NI TESTIGOS DE JEHOVÁ: reflexiones sobre el humor políticamente incorrecto en la TV”. Por Paula Jiménez.

19:00-20:00 “LA COMEDIA ROMÁNTICA ES COSA DE CHICAS”. Por Nacho Moreno (Palomitas en los Ojos).

20:00-20:30 Debate.

Más sobre nosotras en:

http://palomitasenlosojos.com/

http://filosofafrivola.blogspot.com.es/

paulajimenezjimenez@gmail.com

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SÁBADO 22 de junio < Centrosuroeste : Carabanchel / Chamberí CSOA La Morada 12h a 20h Taller > Guerillas cotidianas / escénicas y feminismos (Blanca Ortiga y Jara Cosculluela)

Vestiario

16h Proyección Cicliátrica > Dudey Free Zone + The Ovarian Psycos
18h Gatxs callejerxs sobre ruedas > Alleycat cicliátrica >> ruta por la ciudad
18h Charla > Groserías y piropos: Conversaciones sobre comedia y feminismo (Nacho Moreno y Paula Jiménez)

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17h Charla > Las relaciones de amor como proceso creativo revolucionario (Brenda Bengala & Kiara Magnafranse)
19h Taller > (Parte 2) Cuerpos aberrantes: gordas, cancerosas, defectuosas, ¿anormales? (Caro Lúdica & Lucre Pantagruélica) [con ILSE]
19h Taller > Mezcla & Scratch (Cut Loose)
21h Performance > Cuerpos aberrantes [con ILSE]
21h Performance > Jeleton: “Turntable”
21:30 Conciertos >
Lidia Damunt
She Said Destroy!
Hanselett
Después de los conciertos, pinchadas > Humo y selva mix set + Cut Loose
23:30 Fiesta de los cuerpos gozosos

DOMINGO 23 de junio < barrio castizo : Chamberí CSOA La Morada Comida + Sobremesa y carajillo 15h Pasting up > Vegan Bunnies
16h Muestra del taller de escénicas
17h Proyección > Fillius Nillius (María Khan)
17hTaller > Turntable (Jeleton)
18h Taller > Autogestión bicisexual
19h Taller > Tango-queer: de/generando los roles del tango
20:30 Velada okuplé > Raquel Meller (Hugo Pérez)
22:30 Performance > Tango-queer

Direcciones

Checoslovaquia34 y Vaciador34: c/ Matilde Hernández 34, Oporto | Gruta 77: c/ Cuclillo 6, Oporto | Espacio Naranjo: c/ Naranjo 33, Tetuán | PKMN: c/ Santa Eulalia 4, local, Tetuán | Panamericana Disco: c/ Ourense 22, Nuevos Ministerios | CSOA La Morada: c/ Casarrubuelos 5, Quevedo | Vestiario: Paseo de los Melancólicos 9, Puerta de Toledo

Valencia y resentimiento: nuevo número de “Bostezo”

Valencia

Esto es complicado y como todo lo interesante es también agridulce. Yo aprecio mucho a la revista Bostezo y a las personas implicadas en ese proyecto, es tal el amor que les profeso que muchas veces sueño con que soy un fideo de sopa perdido entre las barbas de su editor. Las razones de ese amor son muchas y variadas pero si tuviera que elegir la más superficial es que se edita en papel bonito y si tuviera que elegir la más egoísta sería que me pidieron ser colaborador suyo en un momento en el que estaba arruinado económica y académicamente. También aprecio mucho el País Valenciano que es donde me hice medio persona (work in progress) y donde están mis familias y mis amigos. Pero cuando Bostezo me pidió que reflexionara sobre ese pedazo de tierra, bañada por el sol y parcelada por la especulación para su número que acaba de salir “Valencia y (p)resentimiento” se me cayó el mundo encima porque me di cuenta que era un valenciano viviendo en Madrid y a la vez un madrileño veraneando en Valencia. Así ni puedo dejar de poner cara de estupor cuando pregunto “¿para la línea Vodafone-Roja?… por favor” ni puedo dejar de decir “¡¡Qué bien vivís en Valencia!!, pero…¡¡qué bien vivís!!” cada vez que os visito mientras veo las carreras de mis amigos y amigas, de 30, 40 y 50 años (algunas vinculadas a CulturArts) yéndose al garete o desembarrancando antes de empezar. Encima Bostezo me pidió que escribiera algo sobre el mal rollo valenciano y esto es lo que salió: una gran cantidad de bilis que esconde que en casa lloramos (literalmente) cada vez que Radio3 pone “València no s’acaba mai“:

El artículo se ha publicado en la versión online, para la de papel eligieron uno antiguo que escribí para desaparecida y llorada “Eines” llamado “45.000 jugadores de golf” además de una crítica al libro de Emilio Bueso “Cenital”.

Bajo el influjo del mal rollo mediterráneo

 

1. Un concejal de urbanismo de un pueblo alicantino que utiliza frecuentemente la palabra “democracia” posee memorabilia franquista en su casa –un cenicero con la forma del Valle de los Caídos- y asiste a sangrientos combates de vale-tudo en olvidadas naves industriales donde apuesta grandes cantidades de dinero en compañía del presidente de una asociación de prostíbulos que ha convertido su organización empresarial en una especie de fuerza paramilitar de ultraderecha que realiza regularmente batidas de inmigrantes.

2. En uno de los establecimientos de esa organización que se puede encontrar en toda la costa valenciana una de las máximas atracciones es una línea de telesillas muy parecidas a las utilizadas en las estaciones de sky donde las prostitutas cuelgan y sobrevuelan las cabezas de los clientes. Las prostitutas intentan sonreír y hacer movimientos elegantes que las conviertan en figuras etéreas pero pronto se acaban pareciendo a chorizos o jamones colgados, carne inerte dispuesta para ser consumida. Un cliente, un trabajador casado de una entidad bancaria que ha sido trasladado de oficina debido a las amenazas de los habitantes de un pequeño pueblo por la venta de unas acciones que no resultaron ser tan provechosas como predijo, se aburre del espectáculo y decide elegir a una de las chicas de la barra. Para seleccionarla realiza siempre el mismo protocolo: se sienta al lado de ella, le da un poco de conversación y jugueteando acaba introduciéndole una moneda por la vagina, separando los labios mayores e introduciendo un euro como si fuera una máquina recreativa. Es algo que le excita mucho y que le recuerda a sus éxitos laborales…

Para leer el artículo completo pinchar aquí.

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