2011, el año que nos hundimos en el universo líquido.

Si como crítico cultural tuviera que destacar algo de este terrible 2011 es que en este año se ha concluido ese proceso por el que hemos pasado de vivir en un mundo líquido a quedarnos sin liquidez. Lo del mundo líquido lo conocerán ustedes por la cantidad de libros que tienen en su título el adjetivo “líquido” y que seguro han visto de refilón en grandes superficies libreras camino de la sección de autoayuda: “Arte líquido”, “Política líquida”, “Ontología de lo líquido” y ya, en la siguiente estantería lo que han ido a buscar, es decir: “¿Quién se ha comido mi queso?”, “¿Por qué los hombres no saben expresar sus sentimientos (y las mujeres no saben mirar mapas)?”, o con suerte “Masaje tántrico para iniciados”. Y como seguro que ustedes, que ya tienen bastantes problemas con su queso robado, sus infernales relaciones heterosexuales y sus brevísimos coitos, nunca se han detenido a pensar el por qué de esa oleada intelectual que misteriosamente ha desaparecido camino de la sección de saldos, siendo reemplazada por una serie de libros cortos y con títulos exhortativos y modernistas como “Rbélate 2.0!” o “#Muevet: el año que retuiteamos la demos+kracia”… como ustedes, como decía, desconocen ese proceso de liquidez (¿o debería de decir liquidación?) que ahora remite, pues me gustaría explicárselo porque más vale saberse las cosas mal y tarde que nunca saberlas.

¿Qué es lo líquido (intelectualmente hablando)?. Pues lo líquido es ese caldo posmoderno en el que todos parecíamos vivir muy bien, como en un crucero de vacaciones, hasta que lo líquido empezó a encresparse, a pasar de marejadilla a marejada, y ya en el 2011 en plan tormenta perfecta a producir este naufragio que estamos viviendo. Puede que la economía haya sido el iceberg que rasgara el barco, pero el medio en el que nos estamos ahogando es el del pensamiento líquido, el del pensamiento posmoderno, y más vale conocerlo bien porque me parece que vamos a tragar mucha agua. Pero, no siendo, como supongo que no lo son, ni famosos artistas, ni dueños de emporios de la información, ni sesudos cátedros, ni extranjeros, ustedes se preguntaran  “¿cómo demonios he podido ser yo posmoderno?”. Pues sí señor, usted ha sido posmoderno, y yo se lo voy a afear explicándole los mecanismos por los cuales el español medio (y nacionalidades subalternas)  ha accedido a la posmodernidad y que ahora aparecen en la orilla como restos del hundimiento:

1)    El dildo. Si por un lado el neoliberalismo ha marcado de manera muy clara cuales eran los cuerpos normativos para las mujeres (flacas, tetudas y tontas) y cual el de los hombres (mediana edad, trajeados, masculinos y banqueros), por otro lado ha puesto a disposición través del consumismo un artefacto perfecto para disfrazar esta normatividad: el consolador. El consolador fue tendencia, se convirtió en un objeto de lujo y se vio de buen gusto que las señoras hablaran de ellos en vetustas cafeterías. El dildo fue también el instrumento mediante el cual la liquidez del sexo y del género entró en los hogares españoles más reacios a leerse la “Historia de la sexualidad” de Foucault o algún tomo infumable de teoría queer de la Butler. El consolador convertía a las parejas heteros en gays, a las parejas lesbianas en heteros, y era completamente redundante en los gays (siempre a la vanguardia y reivindicando ahora con sus conductas el sexo de riesgo)… en fin, que el juego de la liquidez del sexo tenía una sola lectura, la falocratización del personal. A parte, entre la comunidad queer española, formada por chicas bien de una extinta clase media, habían pocos discursos transversales y a nadie se le ocurría reivindicar discursos de raza porque todas eran blancas… y las inmigrantes, sinceramente, estaban condenadas a pasar todo su tiempo  tomando el sol en las plazas al lado de señores en sillas de ruedas, y por supuesto a nadie se le ocurrió reivindicar su agresiva sexualidad por heterosexista (existe pocas diferencias entre una fiesta porno-queer y un sábado normal en una discoteca de bachata, pero nadie ha querido investigar estas conexiones). Este ambiente, digamos, intelectual convirtió la lucha de clases en lucha de tendencias sexuales: estaban los queer por un lado y el hetero-logo-patriarcado por otro.  La clase quedaba, esa sí, difuminada, difuminada hasta desaparecer… pero ¿he dicho clase?…

1)    Hipoteca. Si el dildo sirvió para que todas nos travistiéramos y llevaramos la liquidez a nuestros dormitorios, las hipotecas sirvieron para llevar la liquidez a nuestras cuentas corrientes. La clase desapareció porque parecía que todos íbamos a formar parte de una clase media alta adornada con dobles residencias, coches para toda la familia y reservas de dinero en “b”. En este ambiente los problemas de los ricos y famosos eran, gracias a los programas del corazón, los nuestros y se decían cosas como “comprar una casa es siempre una inversión”.   Con esto no quiero decir esa cosa tan fea de  que entre todos nos hemos comido al estado del bienestar porque está claro que algunos malnacidos han tenido más culpa que otros. Pero, también sería engañarnos no apuntar que la crisis endémica de la izquierda, mantenida ahora con vida gracias a respiración artificial, ha tenido que ver en parte con ese sueño de una clase media universal que en nuestro país llevamos soñando desde los 60s pese a las graves crisis que hemos pasado. De todas formas, no todo ha sido malo, ese pasado hipotecado ha dado como resultado “la generación de jóvenes más preparados que ha tenido España”… o mejor dicho, la generación de españoles más preparados desde la generación de españoles que hicieron la Transición, que esa generación, como es de todos bien sabido, no se la salta un gitano y es suma y compendio de cualidades. Pero, ¿qué significa ser los mejor preparados?. Pues que mantenemos el conformismo en espera de un futuro brillante que es cada vez más improbable y que hemos acabado teniendo conocimientos básicos después de tantos años haciendo cursos y másteres en espera de un primer empleo y a ver si ahora la vamos a cagar asaltando un Palacio de Invierno que es cada vez más ilocalizable… En espera de un buen trabajo o de una revolución que harán los más jóvenes, optamos por el voto útil.

1)    Voto útil. ¿Qué hay más líquido que el bipartidismo?. No existe prácticamente diferencia entre ser un día un joven de centro preocupado por la economía (centro derecha) y al día siguiente por la cuestión social (centro izquierda). Si al final es tan sólo una cuestión de nomenclatura, de palabras, y si algo nos ha enseñado el posmodernismo es que se puede jugar con los conceptos, y que como bien dice nuestra ministra de sanidad, servicios sociales e igualdad Ana Mato da igual que me lo llamen “violencia de género” que “violencia ocurrida en el seno del sacramento matrimonial”, la cuestión es atajarlo. O que nuestro ministro de cultura José Ignacio Wert anuncie, tal como informa el ultramontano “La Verdad”: “Guante de hierro con los piratas, y guante de seda con los mecenas”, anunciando que acabará con esa situación anómala de que los pobres tengan acceso gratuito a la cultura, cuando ésta debería estar en manos de señores feudales y familias de fuerte raigambre y presencia social, vamos si se quiere el modelo de los Medicci, los Borgia o en más cercano los Ciscar-Blasco en el IVAM.  Institución que pronto va a sacar sus becas para cubrir las plazas de saltimbanco, enano de corte o mujer barbuda.

1)    Multiculturalismo. El multiculturalismo es esa visión líquida que expone que todas las culturas tienen el mismo peso siendo reflejo de una sociedad abierta y respetuosa, inserta en el devenir de información y personal en un mundo global pero que en España solamente se asocia con aulas copadas de niños que no saben es-pa-ñol (“ha-bla-me-es-pa-ñol”). En España lo del multiculturalismo ha llegado tarde y mal, si ha llegado, ya que nosotros seguimos siendo en un 85% norteamericanos (la UNESCO calcula que el 85% de todo el cine que se ve en el mundo es de los USA), siendo ésta la cultura más igual a todas las demás. El otro 15 % se reparte entre un sentimiento de repudia hacia los nacionalismos por paletos y un “¡viva España!” de esos que se gritan los países segundomundistas cuando ganan una copa futbolística. Es este esquema el multiculturalismo se cuela por la curiosidad por las cocinas extranjeras y baratas, rollo kebab, las cosas modernas que vienen de oriente y que reflejan un capitalismo no problemático y el clásico colonialismo de café con la chica de limpieza hispanoamericana.

Vaya que con esta visión completamente superficial de la década pasada he querido ponerles en aviso de lo que está out y no se lleva: los dildos, las hipotecas, el voto útil y el multiculturalismo. Con esto, que es lo mínimo que puedo hacer agradeciéndoles la inquebrantable atención a este humilde blog, les quiero desear sino un feliz 2012, por lo menos, un combativo 2012. Besos a todos. Trabajemos para la agitación y la revuelta.

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9 responses to this post.

  1. Posted by rori on January 2, 2012 at 11:36 am

    Tú lo has dicho: somos los mejor pre-parados… Como sigan las cosas así no pasaré de becaria hasta los 40, pero aún así nos empeñamos en seguir las reglas del juego, ¿por qué? Es esa especie de atmósfera vaga y complaciente en la que vivimos. Y yo sólo puedo decir: ay…

    Reply

    • Querida Rori, yo tengo 35 abriles, no he visto un contrato en mi vida y no sé a donde meterme de becaria para ponerme unos jerseyses ajustados que tengo en el armario… en fin, somos naufragas como en ese cuento de Emilia Pardo Bazán:
      <>.
      Me ha gustado, eso sí, lo de la atmosfera vaga y complaciente que alimenta el soniquete de “somos la generación más preparada de la historia de España” (ahí es ná).

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  2. Posted by Xispiiiiiiiiiii on January 3, 2012 at 1:57 pm

    Menos mal que no has dicho que los gintonics estaban también out, que sinos me da algo

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  3. Como todo vuelve ahora la tendencia es ser emigrante!! así que yo me cojo la maleta y hasta más ver España…

    Esperemos que el 2012 nos venga cargado, al menos, de suerte para no morir de asco en cualquier esquina!!

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    • Sí, sí, parece que los límites que antes marcaban el estado de “suertudo” están en no tener que volver a casa paterna/materna porque uno se está muriendo de asco… pero bueno, el 2012 o lo arregla o… en fin, que donde tiene usted planeado emigrar??…

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  4. Posted by marc on January 12, 2012 at 7:05 pm

    el dildo está aout, el multiculti también, el bipartidismo…. lo que está out es decir:
    lo que está out es “”. Por lo tanto más outing, en el fin del fondo… todo este ansia de matar lo que no es más que un punto de vista esconde algo tenebroso.

    Qué lo que importa es la clase social! todo el mundo está alienado, joder! lo que importa es contar, racionalizar, economizar, en la compra en la universidad , en el trabajo, optimiza tus post-it… pero qué mierda es esta? como optimizo mi relación con mi chati?..

    en fín, como defensor líquido diré: 1. lo líquido es más que la clase, porque se mueve. 2. lo líquido es triste en verdad: hola no hay nada que te ate aquí, me das igual. 3. una vez dicho líquido no hay vuelta atrás…. así que: líquido, líquidoooo!

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    • Sí, la verdad Marc creo que tienes razón en algunos partes tu mensaje telegráfico líquido, quizás podamos ser líquidos en nuestro entorno íntimo, porque la vuelta al esencialismo (o a más esencialismo) podría resultar fatal…ahora, que colectivamente tengamos que ser líquidos… eso creo que me lo tiene que explicar alguien tan espabilado como tú… que creo que al final, me captarías. Por otro lado, no creo que lo posmoderno sea sólo un punto de vista, pero aquí también nos podemos pelear. Si racionalizar es construirnos ideológicamente, sea…

      Un abrazo caluroso.

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  5. [...] y con las palabras precisas. Pongo como ejemplo una de las entradas recomendadas  titulada “2011, el año que nos hundimos en el universo líquido” en el que, después de un divertidísimo repaso por las estanterías de”libro [...]

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