Esta es la foto de mi amigo David. David es lo que antes se solía llamar “un amigo de la familia”, una categoría hoy desgraciadamente en declive. A los amigos de la familia te los encontrabas siempre en celebraciones de cumpleaños, bodas, comuniones, y cuando había que hacer una mudanza. Muchos de ellos solían ser practicantes, fumaban ducados, y hacían chistes verdes mientras ponían inyecciones. David no fuma ducados y las agujas las impregna en pigmentos para hacer un sinfín de diseños sobre la piel de personas modernas y desocupadas, cajeras de Mercadona, hipsters y makineros, señoritas que trabajan en Telefónica y que están enamoradas, y performances polimorfos que viven en comunas queer. David fue el autor de mi primer tatuaje, que por cierto, según él, y dicho en confianza, no le gustó mucho: “eso es una peca, todo negro…pero si para ti simboliza algo”. Y claro que simbolizaba algo: Amarcord (1973) es la primera película de autor que vi, de uno de mis directores de cine favoritos Federico Fellini, con música de Nino Rota, un compromiso, de esclavo marcado, con el mundo del cine en particular y con el delirio en general.
La cuestión es que durante ese primer trabajo y mientras me hallaba tumbado de cubito prono y estaba siendo agujereado empecé a pensar en la posibilidad de escribir algo sobre el tatuaje. Lo primero que me llamó la atención fue el ambiente (yo es que soy muy de ambientes). Vamos a ver, en la tienda de David, el Nido situada en la C/ Castellón 19 de Valencia, ¿qué teníamos?, un montón de gente normal que venía a por su tatuaje además de un montón de modernos que venían a pasar el rato y a hablar de su última modificación corporal, su último grupo, o su última idea. En el centro de este emocionante escenario había un tatuador intentando trabajar, siendo amable con los desconocidos y dando un rato de conversación a los amigos. Vamos, teníamos un taller de artista en toda regla en el que se vivía el mismo ambiente que en los estudios de los pintores decimonónicos antes de que éstos se convirtieran en vasallos de las instituciones. Un lugar donde el arte se vivía de una manera directa, corriente y cotidiana, no en vano se llaman “estudios”.

¡¡ Xispitas que sales en esta foto !!!!... Ah, y Angel, nene, ahora que te veo, menudo culazo se te está poniendo.
La segunda oportunidad de escribir sobre tatuaje se me ha presentado este año que estoy cursando una asignatura que me daba mucho coraje conceptual porque se llama “Practicas, Técnicas y Conservación de Bienes Culturales”, y a mí, es que los bienes culturales me dan mucha rabia. Yo destruiría todo el arte y los museos los convertiría en parkings y las esculturas en piedra de cantera, todo, claro, como paso previo a acabar con la humanidad al completo. La cuestión es que con muchísima amabilidad y una inusual mente abierta la profesora aceptó una propuesta de trabajo realmente alternativa, un proyecto sobre la restauración y la técnica del tatuaje realizado sobre mi persona (la profesora resultó más abierta que un compañero que me espetó “pero… pero… tú no eres un bien inmueble” y yo “jaja… ya estás dentro del sistema y no vas a poder salir…jaja… ya has caído”). A raíz de esa investigación he descubierto un tema de estudio nuevo que tiene tooooodooo lo que me gusta: emoción, epidermis, desinfección sanitaria, dialogo entre alta y baja cultura, los locos locos locos límites del arte contemporáneo además del estudio de los estilos de los creadores del tatuaje occidental como si fueran el de los pintores románicos (pero en vez de ser el Abad de Cluny se llama Jerry the Sailor)… estoy emocionado. Así que os voy a transcribir una parte del trabajo, para que la flipéis, la verdad, más concretamente, la parte que habla de la concepción del tatuaje como arte, que como objeto de reflexión estética es brrrrrrruuuuutaaaaal (Xispi, lo que yo te diga, brrrrrrrruuuuuutalaaaal):
Queremos preguntarnos si el tatuaje es arte, y con ello interrogarnos por los límites de la actividad humana artística. Cómo todos sabemos, la clasificación de un objeto como artístico es un concepto socialmente construido y como tal sujeto a cambios sociales, políticos y filosóficos (es decir, lo que una clase social, una religión, o un régimen político considera arte, otra lo censura como pornografía, propaganda o blasfemia). Sin embargo si estudiamos las características de los objetos que han sido bendecidos con el calificativo de arte nos encontramos con que el tatuaje tiene grandes posibilidades de entrar dentro de esa categoría de acuerdo con unos parámetros que se repiten. Por ejemplo:
- El tatuaje tiene una larga historia como proceso cultural (conectado con otras prácticas),
- Produce piezas únicas (es decir, que no han sido realizadas en masa).
- Muestra abiertamente características estéticas que derivan de una habilidad técnica y talento creador,
- Y usa para su realización materiales más o menos convencionales (tintas).
Sin embargo frente a esas, podemos llamarlas “cualidades” existen características que separan al tatuaje de cualquier actividad artística establecida, como por ejemplo, que al no ser un arte objetual al uso, existen enormes dificultades para que sea coleccionado y por tanto entrar en el mercado del arte, que demanda que dicha actividad esté constituida por objetos que puedan colocarse en una vitrina o colgarse en una pared (recordemos los problemas de comercialización que tuvo y tiene el arte conceptual). Diferencia esta que reside en el hecho de que el coleccionista y el soporte de la obra coinciden, y que por lo tanto sería bastante desagradable separar el soporte artístico del coleccionista para exhibir uno independientemente del otro. A este hecho se le ha de sumar un doloroso y peculiar proceso de realización (herir al coleccionista con agujas impregnadas de pigmentos), además de una falta de organización en el sector implicado para reivindicar la artisticidad de su actividad (muchos de los tatuadores están contentos con el status comercial de su actividad y no buscan más reconocimiento fuera de su comunidad). A todos estos elementos que separan el tatuaje del arte se le ha de sumar uno extra en el que los historiadores del arte tenemos un papel esencial: la consideración del tatuaje como práctica cultural, lo que añade un valor extra a esta actividad. Pensemos por ejemplo en la pintura. Todas las pinturas consisten en lo mismo, es decir, en pigmentos esparcidos por una superficie, por lo que las diferencias que encontramos en su precio no dependen especialmente de los materiales empleados o de los costes de producción, sino principalmente del valor cultural que la élite intelectual le otorgue, principalmente si existe una discusión académica sobre este tema, si las obras están exhibidas en importantes museos o si existen importantes coleccionistas que den vitalidad al mercado. Por baja o por popular que se considere la actividad artística, el beneplácito de los expertos puede hacer que ésta entre dentro del campo del arte produciendo tanto numerosos dividendos como numerosas publicaciones (pensemos en como el graffiti fue fagotizado por el mercado del arte durante la vertiginosa década de los 80, cuando críticos y millonarios sacaron ese arte de las calles y lo llevaron a las galerías).
En los últimos años, y a raíz del boom comercial del tattoo, se han producido algunos cambios en el campo del análisis y presentación académica del tatuaje sobre todo dentro del ámbito anglosajón. Empezando por el seminario Art of the body organizado en 1983 por el Museum of Cultural History y por el departamento de historia del arte de la universidad de UCLA. Pasando por el reconocimiento a mediados de la década de los 90 por parte del Smithsonian Institute en Washington del tatuaje como un arte (y por tanto incluyendo diseños dentro de su colección permanente). Y terminando por la atención prestada por los cultural studies que a la sombra del auge de los movimientos feministas, de liberación gay y otros movimientos relacionados con la cultura New Age han politizado el cuerpo como un lugar privilegiado de control social y por lo tanto también de subversión social, dando un nuevo impulso al body art (el cuerpo como juego). Todas estas iniciativas convergen en una idea: el cuerpo es y ha sido un lugar privilegiado y tradicional para practicar el arte. O tal como afirmó Enid Schildkraut conservador del Museum of Natural History y especialista en la historia del tatuaje: “Many people who have tattoos see it as art, collect it as art and wear it as art.”[1]
Sin embargo el cuerpo como lienzo presenta una característica peculiar: está vivo. Es decir, la piel humana como material artístico, envejece, suda, transpira y le crece vello. En ese sentido, el tattoo estaría más próximo al land art que a la pintura tradicional. Todas estas similitudes, diferencias, contradicciones entre arte tradicional y tatuaje, y muchas más que se le han ocurrido a él, han sido puestas en evidencia por el artista conceptual belga Wim Delvoye, famoso, entre otras obras por crear una máquina que fabricaba mierda (es decir, una máquina que imitaba el proceso del aparato digestivo, incluyendo tener bacterias vivas, llamada Cloaca).
Un artista que empezó experimentando en el campo del tatuaje a través de la piel de cerdo; hemos de señalar que la piel de cerdo es muy similar a la de los humanos y es utilizada frecuentemente por los nuevos diseñadores como un buen método de aprendizaje. Sin embargo, Delvoye dio la vuelta al asunto y convirtió a los propios cerdos en obras de arte vivientes en su obra Farm art. Lo que Wim Delvoye hizo fue alquilar una granja de cerdos en Beijin, donde las leyes de protección animal son menos restrictivas, para confeccionar unos animales / obras de arte vivientes tatuados con motivos que van desde personajes de la Disney a los famosos logos de Louis Vitton. En esta compleja obra y transacción económica y artística, los coleccionistas compran el cerdo vivo, que es tatuado por el artista o por los tres tatuadores residentes de la fábrica, teniendo potestad sobre el animal. Es decir, pueden sacrificarlo joven y exhibir la obra tan pronto como sea posible en la pared de sus casas, o pueden dejarlos vivos hasta que la superficie pictórica crezca. La obra se presenta en tres formatos, es decir, te puedes llevar vivo el cerdo a casa (algo que ningún coleccionista ha llevado a cabo) o, una vez sacrificado, se puede ofrecer solamente la piel o el animal entero completamente embalsamado, tal como ha sido presentado en muchas galerías.
Farm art es una obra muy polémica que muchos relacionan con el maltrato animal, una obra que ha sido censurada en, por ejemplo, Shanghai Contemporary Art Fair ante las quejas amargas del autor quien explicó que tres coleccionistas se iban a acercar a Shanghai a conocer a sus cerdos. Frente a las acusaciones de maltrato, el autor responde que los cerdos son sedados, que no perciben sus tatuajes y que su calidad de vida supera a la del chino medio. Además, vender estos ejemplares a £106,000 según el Daily Telegraph, ha hecho que mejore la vida de los granjeros implicados. Pero un artista que fabrica máquinas de mierda, no se iba a parar en los simples cerdos. Efectivamente, el siguiente paso hay sido tatuar y vender la piel de un ser humano después de su muerte. Más concretamente la piel del compositor Tim Steiner aún con vida, que habiendo sido completamente tatuado en su espalda con el tema de la Virgen María, esta fue vendida por un valor de 150.000 euros, a cobrarse (la piel, no el dinero) después de la muerte del compositor.
A pesar de la obligación de actuar como “lienzo viviente” tres veces al año para la galería que compró la obra, creemos que la obra ganará en presencia una vez fallecido el soporte, cuya piel será expuesta como fascinantes restos de una momia moderna, o mejor, como un conjunto escultórico donde Wim Delvoye haga de Apolo despellejando a un Marsias. Sin embargo terminemos con una reveladora afirmación de Delvoye cuando explicó para un tabloide inglés: “la única diferencia entre trabajar con cerdos o con gente es que los cerdos nunca tienen opinión”.
Y hasta aquí el trabajo, ahora el comentario de texto: ¡¡¡Dios mío!!!, acabo de encontrar mi futuro, mi vocación: ¡¡¡convertirme en material museable!!!. Tantos años en un estado de completa confusión para descubrir que mi puesto no es estar detrás de una vitrina explicando arte, sino estar DENTRO de la vitrina siendo el objeto de la mirada. Desde ahora mi único deseo es que me disequen, que me viviseccionen y que me pongan en una pose pues como moderna y natural, partiéndome la caja eternamente, estilo esta foto de la evolución de los estilos modernos a lo largo de la primera década del S.XXI:
Mi segunda opción sino puedo ser la pava que se descojona, entonces sería el hombre de las montañas moderno, o mejor me podrían disecar como dando un saltito, mostrando mis tatuajes y siendo sujetado por hilos de pescar, así como muy loco. Con el paso de los años, y como todos los que hayan visitado el Museo de Onda sabrán, las costuras ceden un poco y la paja y todo el material que sirve de relleno empieza a esparcirse por el suelo. Así me imagino pasando mi eternidad, siendo forever young, tatuado, y viviendo entre mi relleno interior. Así o vestido al estilo de San Antonio y el puerco, siendo el puerco, por supuesto una de las obras de Wim Delvoye, que eso si que sería devotio moderna pero de la buena.
[1] Kosut, Mary, artículo An Ironic Fad: The Commodification and Consumption of Tattoos, dentro de The Journal of Popular Culture, volume 39, número 6, pp. 1035 – 1048.



















Posted by palomitasenlosojos on May 2, 2010 at 12:02 pm
Mariangeles desde el Facebook nos comenta esto y nosotros lo encontramos harto interesante:
“La verdad es que lo del cuerpo humano como objeto artístico, merece la pena pensarlo, yo creo q en primer lugar en caso de ser un bien, sería mueble, porque para ser imnueble tendría que estar agarrao al suelo con cemento, y además cuerpos monumento tampoco hay tantos, y respecto al arte del tatoo, veo lejano el momento de su consideración como tal en este nuestro encorsetado sistema universitario. En todo caso creo q cabría una clasificación similar al grabado, considerando las posibilidades de multiplicación, así estaría el tatoo original, con un diseño exprofeso, el tatoo de reproducción q el practicante copia de un diseño en cualquier otro soporte, y el tatoo de interpretación, que sería “yo lo quiero como el de “la Esteban” pero que no se note q es copiao”
Posted by Xispiiiiiiii on May 2, 2010 at 12:18 pm
Txe Conchin quin conjunt!!! He llegao tarde pa las fotos!! pero la que has puesto supera con creces cualquiera de las que le hice y además la que has elegido dará confianza a sus futuros clientes, pudiendo observar que como todo buen artista que se precie se pone bieen cieegako antes de empezar a artear!!
Posted by palomitasenlosojos on May 2, 2010 at 4:58 pm
Chica Xispiiii que yo te confundía con Chispitaaaaa… pero que sois dos personas distintas… ahora ya lo entiendo. Sabias palabras viniendo de un subscriptor de Eines.
Posted by Xispiiiiiiii on May 2, 2010 at 12:39 pm
El tatu será arte, lo que tu digas, pero, y Rita?? Quien se acuerda de Rita??
Rita Barberá si que es un artistaza!!! Un poco Incomprendida pero muy del estilo de Christo y Jeanne-Claude. Lo que pasa es que el Land-art en Valencia como somos muy de pueblo es algo que aún no!!!
Posted by palomitasenlosojos on May 2, 2010 at 4:56 pm
Que somos muy de pueblo que tu lo has dicho Xispiiiii…. y gente muy ignorante y pegada a la tierra, y por ello plagados de prejuicios… y por eso no comprendemos la visión de Rita de transformar el Cabañal a base de plazas de cemento, garajes y grandes bloques de viviendas. Urbanismo performance que me lo llaman. Y fíjese que yo, hablando como historiador del arte, me cago, pero óigame, yo me cago en el patrimonio histórico-artístico como si fuera un constructor con almorranas. Pero como decía el gran filósofo Agustín García Calvo “si no es por defender lo que hay, es por defendernos de lo que vais a construir”… porque decía que defender un barrio utilizando palabras como Arte o Patrimonio era reforzar esa visión del Poder y su lenguaje burocrático que llevaría de destrozar otro barrio en otra parte de la ciudad… bueno, que por ahí nos metemos de lleno en un berenjenal…
Posted by palomitasenlosojos on May 4, 2010 at 6:35 am
Mientras yo continúo pensado que una persona que ha fabricado una máquina que cagar sólo puede ser un benefactor de la humanidad, Paula desde Facebook suelta la suya, y por una vez no es para cuestionar mis palabras:
Estoy segura de que la “modernización-de-la-iglesia-catódica” dará el golpe ahí, justo ahí, cuando muestre a sus figuras tatuadas, donde ‘figuras’ serán hombres, mujeres y animales embalsamados (tocando así la cúspide de su propia morbosidad), y entre esas figuras, tú??? Qué locura. Cuando en la procesión de San Antón te saquen los costaleros a pasear con tu cerdo al lado… Qué devoción la nuestra.
Oye, y de verdad que me alegro de que ya no exista sólo el concepto “donar tu cuerpo a la ciencia” sino que también podamos escoger “donar nuestro cuerpo al arte”, ¡qué poético!
Y a mí lo de que el propio coleccionista sea el mismo soporte de la pieza artística me parece el colmo de la comercialización del arte!! Qué más se puede pedir como buen consumidor!!
Besos y buenos días!!
Posted by Paula Pirridos on May 4, 2010 at 10:15 am
Me pregunto qué quieres decir con que por una vez no cuestiono tus palabras
Posted by Anonymous on May 4, 2010 at 12:10 pm
Hola guapetón,
Esta tarde iré a ver la pelí y a escucharos, tengo ganas de hacer algo interesante que no sea el currele diario, puaffffffffffffffffffffff.
Besotes de la xelix
Posted by Atiras on May 6, 2010 at 12:24 pm
molan los cerdos, podrian comprarse jamones tatuados…
Posted by Soporte on May 13, 2010 at 1:22 am
Excelente post! intersante, saludos!
Posted by palomitasenlosojos on May 13, 2010 at 5:46 pm
Gracias por pasarte y saludar
Posted by laura on November 19, 2011 at 9:06 pm
Llegue aca buscando informacion para un Final q debo presentar en la facultad cuyo tema es ” el cuerpo como soporte artistico”.
Quede facinada con el trabajo de investigacion que venis haciendo, quisiera tener alguna referencia de contacto contigo, si puedes me sumas al facebook vale?
Laura degui