Verán, una de las cosas que encuentro maravillosas de esta vida son las múltiples y variadas formas de resistencia y de abstracción a nuestro entorno que nos podemos encontrar. Si vosotros sois de los que no queréis marearos mucho la cabeza siempre podéis recurrir a las drogas y el alcohol que pueden aligerar tanto cualquier atiborrada reunión, como las largas y solitarias tardes de domingo. Pero si sois imaginativos, ¡oh Dios!, ahí afuera existe todo un ramillete de negaciones, anulaciones, y dispersiones, siendo las más atractivas los trastornos mentales. Decir que todos estamos un poco tocados me parece una banalidad de lo puro obvio que resulta: quien más o quien menos es un egocéntrico despiadado, una masturbadora compulsiva, un pasivo agresivo necesitado de cariño, aquél busca a su madre, aquella otra es una obsesiva del orden incapaz de relajarse. Vaya que al final uno se encariña con las ideas fijas, las idée fixe propias y de sus conocidos. A respecto me he fijado que entre mi círculo íntimo (aquél que uno puede llamar tras las 10:30 de la noche) existe un esquema neurótico que se repite, de múltiples y variadas formas, y que se corresponde al fracaso absoluto y garrafal de la titánica tarea de ser hombre o de ser mujer. Porque ser hombre o mujer, o por lo menos las partes más molestas y opresivas de ser hombre y de ser mujer (tener determinado aspecto o comportamiento) son culturales, y por lo tanto aprendidas, o aprehendidas. O no, o no, como mis amistades y como yo mismo, que suspendimos la EGB, o la ESO, de la Gran Escuela de la Vida y del Género. Así cuando veo a un hombre terriblemente afeminado, a una mujer de aspecto monstruoso, a una lesbiana furibunda, a un heterosexual sensible que odia la vida social… pienso “¡eh!, tú eres de los míos… bienvenido a casa”. Sin embargo, todas esas muestras de resistencia tienen su precio, sus desajustes, pues a la sociedad nunca le ha hecho mucha gracia aquellos elementos que no tienen a gala los aspectos más económicamente reproductivos de la existencia, y lleva siglos apartando a los dandis, las estériles, las hombrunas. Así pues se establecen las más extrañas respuestas de estos degenerados ante las presiones de la sociedad por poseer y por pasear una hombría de bien (o una mujería de bien). Hoy vamos a hablar de una de esas respuestas, de una disparatada y pop, una que lleva a las mujeres a enterrar su feminidad debajo de toneladas y toneladas de gatos. Hoy vamos a hablar de las locas de los gatos.
La loca de los gatos es un estereotipo machista de la mujer fracasada, de la mujer, ¡¡oh no!!, que vive en una de las condiciones más innaturales para el género femenino, la soledad. La soledad en una mujer, claro, sólo puede traer consigo terribles estados neuróticos, como la acumulación de basura, de animales, o la falta de combinación en la ropa (de hecho uno de los elementos que marca al personaje es que lleva una ropa disparatada o que mezcla colores que pueden herir a la vista). Sin embargo, en una serie como los Simpson que ha acabado popularizando el estereotipo de la loca de los gatos a nivel mundial, y que siempre ha dado muestras de mucha y cabal progresía, la figura de la loca tiene unos matices distintos. He encontrado este extraño vídeo que recoge las andanzas de la loca de los gatos y su historia en castellano y alemán (creo) pero tranquilos porque en lo que quiero que se fijen es en lo que pasa tras el seg. 45, donde se cuenta la trayectoria vital de este gran personaje, Eleonor:
“Voy a ser abogado y médico porque una mujer puede ser lo que quiera”. Eleonor consigue ambos objetivos, es una profesional brillante, una médica y abogada respetada, que además consigue realizarse a través de la maternidad. Pero ninguna de esas facetas le colma (¡¿le falta un hombre?!), y empieza a beber tras volver del trabajo, se compra un gato… otro gato… otra botella… hasta esa maravillosa secuencia final de Eleanor lanzando gatos y sus diplomas de Harvard y de Yale en un estado de total locura y paroxismo. Este estereotipo, el de la mujer loca vestida extravagantemente, no el de la mujer triunfadora vestida con traje de chaqueta, se repite tanto en múltiples películas como series, y por supuesto en los telediarios, que los podemos considerar como una extensión de los anteriores (los telediarios nos cuentan las historias que queremos oír, que están fijadas en relatos anteriores).
El caso de Nina Kostsovo, originaria de la ciudad de Novosibirsk, tiene su terrible belleza entre los degustadores de mujeres locas con gatos, al representar a la perfección y en la vida real el estereotipo que estamos estudiando: mujer, solitaria, de 50 años, que vive en un apartamento de dos habitaciones donde aloja 130 gatos, lleva una bata de vivos colores con un tocado en el pelo a juego, y lo más angustioso, para evitar que se reproduzcan ¡¡¡ha castrado a todos los machos!!!. Con este plan, claro, hacer una lectura freudiana es muuuuuy atractivo, o sea, la mujer solitaria que sustituye sus instintos maternales por gatos, y que (risa maligna) castra a los machos. Mientras, creemos, desea irremediablemente a su apuesto vecino, quien la maltrata psicológicamente. Vamos es como A Streetcar Named Desire (1951) pero como si Blanche DuBois en vez de manías tuviera 200 gatos.
Pero claro, todo esto son historietas que yo me monto en la cabeza porque a las pobres mujeres locas de los gatos nunca se les deja una tribuna donde hablar. Reducidas a meros chistes, huyendo de las cámaras intrusivas de los telediarios en su enloquecido y felino ecosistema, las mujeres locas de los gatos están condenadas a representar su pulsión de una manera repetitiva y espectacular. Sin embargo, he descubierto un reportaje Cat ladies donde se cuenta la historia de cuatro de esas mujeres dejándoles, a lo largo de sus 60 minutos, el tiempo para que expliquen sus historias y sus sentimientos:
Sin embargo, este documental tampoco ha acabado de gustar a los grandes grupos implicados en este tema: ni a las mujeres ni a los amantes de los gatos. Muchos han calificado de condescendiente y paternalista la visión del director, especialmente en este blog donde se critica el documental como un freak-show que contribuye a asentar los estereotipos fáciles sobre mujeres que tienen gatos y a su bullying por parte de los vecinos. Sin embargo, el documental contiene ciertas joyas. Por ejemplo, en sus sinopsis explica que: “Lo que define a alguien como cat lady no es el número de gatos, sino sus lazos, o la carencia de éstos, con otros seres humanos. Ellas crean un mundo con sus gatos, en el cual sus aceptadas, y en el que tienen el control [recordemos la rusa castradora], un mundo, que en último caso tiene valor”. O dicho de otra manera, el mundo exterior, no gatuno, es un asco, y así lo explicaba esa simpática señora del minuto 2:32, esa que dice “Creo que estoy mucho más cuerda que mucha gente que puede dejar morir a un gato, que deja afuera a un gato para que muera de frío o de hambre, eso sí que pienso que es una locura”. Esa actitud de persona extravagante acostumbrada a luchar contra un mundo odioso, me recordó a una película preciosa que vi hace unos años, Year of the Dog (2007). Una peli dirigida por Mike White, el director de Nacho Libre, donde se contaba la historia de Peggy (interpretada por la gran Molly Shannon), una mujer que entra en una terrible depresión tras la muerte de su perro, y como en su lucha por salir de la desesperación intenta convertirse en una persona más articulada socialmente, esto es, intenta ser una persona menos centrada en los perros, y más en las personas. El resultado, claro, es fútil:
SPOILER: La película acaba de una manera preciosa y por lo tanto de la manera más anti-social posible. El personaje principal, Peggy, como las locas de los gatos, fracasa en su intento de integrarse socialmente, fracasa en su intento de ser una persona responsable, con trabajo, familia, pareja… Pero, sin embargo, en todo ese proceso de frustración, el personaje acaba aceptando su locura, acaba aceptando que ser una persona obsesionada con los perros es una manera digna de estar en el mundo, o por lo menos es una manera mucho más digna que las que se encuentra a su paso en un mundo totalmente enloquecido.
Sin embargo, todo este orgullo de freak, de mujer solitaria y por tanto loca pero consciente de que esos desajustes no son sino una manera diferente de estar en el mundo, no podía quedar sin contestación por parte de otras formas de pensamiento menos, digamos, sensibles al devenir de los sentimientos humanos. Me estoy refiriendo al mundo de la ciencia, que como cualquier otra forma de pensamiento organizado responde a las características y a las voluntades de una sociedad (ey, chicos y chicas científicas no os mosqueéis, sabéis que a veces NO trabajáis con hechos totalmente comprobables, y que hacéis los puntos más gordos en las gráficas para que pase la línea por ellos… pero, ¿qué os voy a contar yo?). A lo que vamos: ¿Cómo responde el mundo de la ciencia al tema de las mujeres locas? Pues según este artículo que descubrí “Cats: fluffy puffy friends, or instigators of mental illness?” en el pecado está la penitencia, o dicho de otra manera, la esquizofrenia de las mujeres con gatos están producidas por los propios gatos a través de un parásito llamado T. gondii. Descubierto por estudiosos de la universidad de Stanford, encabezados por la neurogenetista Sharon Moalem, quienes escribieron un artículo para la revista New Scientist llamado “Parasite Hijacks Brain With Surgical Precision” (aquí el abstract). Allí exponían la existencia de ese parásito que proveniente de los gatos a través de sus excrementos atacaba especialmente a los roedores haciendo “cambiar el comportamiento de las ratas, con tal precisión quirúrgica que pierden el miedo a los gatos, a la orina de gatos, o al olor de gatos”. En esa misma entrevista con la Dra. Sharon Moalen, esta explicaba: “las mujeres infectadas tienden a ser más hipersexuales, tienen más parejas (…). En las mujeres también hay una obsesión por las compras y la apariencia. Un cambio en el comportamiento. Desde el punto de vista del parásito y del anfitrión está claro, especialmente si piensas en algo tan aceptado como las rabias. Hace que los animales sean más agresivos. Esto no es un simple virus, sino que hay un control y cambio sobre el comportamiento. T. gondii es mucho más complicado que un virus”.

Las instrucciones del juego dicen literalmente: "Presuponiendo que aún tengas amigos humanos, este es un juego para 2-4 personas que consiste en recoger tantos gatos como puedas".
Este panorama nos introduce de lleno en el tema de la mujer psicótica, del infierno de la mujer que acumula y maltrata animales, aquella que es victima de sus obsesiones y mantiene un régimen tiránico en su hogar. Aquella que, quizás víctima del T. gondii es capaz de congelar a los gatos muertos:
Esta mujer, que es una reiterada congeladora de gatos muertos, ya que según la noticia no cree en la cremación y sí, en cambio, en la posibilidad de que en un futuro próximo podrán ser clonados, esta mujer, como decía, está medianamente cuerda ante el infierno de mierda, mugre, enfermedad, piojismo, y muy probablemente T. gondiis campando a sus anchas, que ha creado la siguiente mujer que no es una cat lady sino psycho-cat-lady:
Pero, ahora, pensemos seriamente que representan estas imágenes, y la razón por la que están colocadas en un medio de comunicación de masas. Seamos todo lo rigurosos que podemos. La excusa por la que este tipo de noticias tienen repercusión en medios de amplia difusión es evitar el maltrato animal (podemos considerar que 160 gatos es un apartamento de dos habitaciones es un tipo de maltrato). Pero, ¿en serio me estás diciendo que con varias guerras sangrientas, crisis económicas generalizadas, y maltrato humano a gran escala, que una mujer tenga dos gatos de más, aunque tengan legañas, es un tema de interés nacional?. Creo que nada en los medios de comunicación de masas en gratuito, y que la super-abundancia del tipo “mujer loca con gatos” tiene que significar algo. Y las imágenes de arriba, ¿qué nos sugieren?. Un infierno, pero no infierno cualquiera, un infierno matriarcal. Una mujer sola, construyéndose su espacio y organizándose su vida sin un hombre sólo puede acabar en una terrible tiranía psicótica: animales castrados, esvásticas de mierda en las paredes, ropa que no combina, este tipo de cosas. Por lo que todas esas imágenes no vienen más que a subrayar las ideas preconcebidas que tenemos sobre el género femenino y su incapacidad, o la poca deseabilidad, de su independencia. Además que ese control sobre los animales, no deja de ser una bonita metáfora de su deseo de control sobre el hombre, y por lo tanto sobre la raza humana entera, tal como ilustra esta bonita canción con la que termino el post:





Posted by xuspi on February 22, 2010 at 2:07 pm
¡Válgame dios! como andamos, pero no ellas, sobre todo los medios de comunicación, que son muy absurdas de las historias de animales que suelen aparecer en ellos. Los animales heróicos, los sentimentales, y que cutres los humanos que viven con ellos, pero oiga: ¡Que son animales! . Yo que viví 17 años con un gato (sólo 1), vivía tambien con más gente, y además la felina en cuestión decició que mi partenaire le molaba más y me ignoró hasta el día de su muerte (bueno la parte de intendencia alimentaria corría por mi cuenta, pero los mimos se los profesaba al macho, jejeje). Me entusiasma la canción final, si es que a lo mejor debería haberme disfrazado de gatita de fieltro y orejitas de leopardo, ¡Genial!
Posted by palomitasenlosojos on February 23, 2010 at 9:19 am
Ya sabía yo… que tú ibas más para felina enloquecida que para crazy cat lady… pero bueno todo se puede enderezar y empezar a poner gatitos en tu vida hasta que los vecinos llamen a los servicios municipales. Por cierto, feliz cumpleaños, tía… con esta canción tan cuchi Palomitas en los Ojos le desea un feliz día:
Posted by Atiras on February 22, 2010 at 2:43 pm
yo no paro de ver “crazy cat ladies” en programas tipo callejeros, españa directo, españoles por el mundo, etc. Siempre las sacan, vestidas raras y eso. No hay gatos, pero no importa, el espectador los pone en su mente, muchos gatos y ningun hombre…..
Posted by palomitasenlosojos on February 23, 2010 at 9:24 am
Es que ver a una mujer loca es siempre siempre muy muy divertido… que un famoso alienista, Charcot, que inventó/estipuló la histeria como enfermedad hacía un teatro de las histéricas en el manicomio donde trabajaba donde las desafortunadas se rasgaban la ropa delante de los prohombres parisinos del momento. Y de ahí a “Anticristo” de Lars von Trier el espectáculo no ha parado. Ver locas es divertido porque ver a un deficiente siempre es divertido, con más motivo si no son hombres (que es un poco deprimente).
Posted by la pere on February 23, 2010 at 12:41 pm
hola nachito investigando por internet he encontrado este video que t paso… está muy pero q muy mal reirse de una de las vergüenzas mas vergonzosas del planeta pero los personajes de avatar gaseados,y te sientes miserable…
Posted by palomitasenlosojos on February 23, 2010 at 3:10 pm
Joderrrrr Pere, como te pasas… sí que son unas imágenes que te hacen sentir miserable…por cierto, tú, ¿que tipo de loca te consideras?. Aspirante a amante de los gatos, o de las que los tiene congelados…
Posted by Atiras on February 23, 2010 at 6:42 pm
que video mas bizarro…
Posted by la pere on February 24, 2010 at 12:06 pm
yo aspirante a que me coman el gato pero bien comido
Posted by xuspi on February 24, 2010 at 12:29 pm
Joder con el video, si la imagen del “palesavatar” con la bandera a contraluz es dolorosa y patética. En el fondo la desesperación le hace a uno hacer unas cosas…..
Posted by Bohe on April 22, 2010 at 8:28 pm
diosss esto supera toda ficcion!