Les cuento, este fin de semana estuve en Praga celebrando que mi señora esposa y el autor de estas lineas llevamos diez años pelando la pava, o como se dice en Facebook “in a relationship“… vamos que llevamos una década haciéndonos la vida imposible, y queriéndonos de una manera obstinada y a veces irritante. Pero todos esos años de relación han sido una gran mentira, una fachada que debíamos mantener cara al publico, porque yo soy… yo soy un magnicida. Y mi señora, por la cuenta que le trae, magnicida y media. Todos estos años que fingíamos tener una relación estábamos preparando un buen atentado contra una figura importante, algún jefe de gobierno, patriarca político o señor de la guerra. Principalmente porque nos parece asquerosa esa matanza indiscriminadas de ciudadanos de la política terror moderna, cuando lo que se debería de atacar es la causa de todos los males, por la cosa esa simplista de “muerto el perro, muerta la rabia”. Además que el magnicidio, qué decirte, es un asunto mucho más personal, más de tú-a-tú, como ese salir de la ópera, cuando Louis Pierre Louvel se acercó al príncipe francés Carlos Fernando de Borbón, y le metió la navaja en el costado en una especie de danza que continuaba la de la representación operística (“¡Oh! una daga me muero”).
O ese Nikolai Rysakov que finalmente acaba con la vida del indestructible Alejandro II de Rusia quien llevaba sobrevividos tres atentados, siendo el cuarto el fatal, y donde fueron necesarias dos bombas para acabar con la real persona, siendo la primera, lanzada por el propio Nikolai, la encargada de destrozar el carruaje (“Tras un momento de vacilación tiré la bomba. La tiré hacia los cascos de los caballos para que llegara debajo del carruaje… La explosión me golpeó contra la valla “). Y siendo la segunda la que fue a parar a los pies del emperador tras haber sido ofrecida por Ignacy Hryniewiecki, también miembro de Narodnaya Volya (La voluntad del Pueblo) quien había intentado tímidamente matar al zar en anteriores ocasiones pero temía lastimar a la zarina o a los espectadores, y que ¡¡caspita!! acabó haciendo una matanza tal como lo relató un espectador: “Yo estaba ensordecido por la nueva explosión, quemado, herido y tirado al suelo. De repente, en medio del humo y la niebla, y cubierto de nieve, escuchaba la voz débil de Su Majestad que gritaba, “¡Ayuda!”. Recopilé toda la fuerza que pude, me puse en pie y corrí hacia el zar. Su Majestad estaba medio de pie, medio sentado, apoyándose en su brazo derecho. Creyendo que estaba herido levemente, traté de levantarlo, pero sus piernas estaban destrozadas, y la sangre manaba de ellas. Veinte personas, con heridas de diverso grado, estaban sobre la acera y en la calle (…) A través de la nieve, los cadáveres y la sangre se podían ver mezclados con las prendas de vestir, sables, y sangrientos trozos de carne humana.”
Por no citar a nuestro querido Canovas del Castillo quien fue asesinado en el balneario de Santa Águeda, en Mondragón, Guipúzcoa, por el anarquista italiano Michele Angiolillo quien le paso la cuenta por la muerte de los anarquistas catalanes acaecida durante la dura represión que siguió a un atentando durante la procesión del Corpus en Barcelona (¡¡¿?!!) - aunque también se especula que el atentado pudiera haber sido financiado por las élites cubanas que veían como su país se desangraba al grito de “hasta el último hombre y la última peseta”. Canovas del Castillo fue asesinado de tres tiros mientras leía un periódico, creemos, conservador. A Canovas, se le unió Eduardo Dato, presidente español que fue asesinado por unos anarquistas en moto con sidecar (¿¿¡¡!!??), desde donde se dispararon veinte tiros al coche oficial a la altura de la Puerta de Alcalá. Claro que en la huida casi matan a un mulero…conducía Pedro Mateu.
Así que ajustándome al perfil de todo buen magnicida, que suele ser gente con un buen nivel de estudios y con un mal nivel de paciencia (matemáticos de la Politécnica, profesores, ingenieros) o gente con “afición al trabajo, si bien con carácter algo sombrío”, decidí encomendarme a Artábano primer magnificida reconocido por la historia quien acabó con la vida de Jerjes I allí por el 465 a.C. , y decidí, como decía, acabar con la vida de Benedicto XVI. Acción que iba a emprender en la medida de mis posibilidades, es decir, con escasos conocimientos técnicos, con poca resolución, con un aspecto llamativo, con reflejos más bien tirando a lentos, y con pocas habilidades sociales pero con el odio bilioso que siempre he sentido contra los Papas y con mi laicismo beligerante como únicas y mortíferas armas. La otra cuestión, claro, era la de la historia de los magnicidios, si hasta Ignacy Hryniewiecki no queriendo matar a nadie, salvo a si mismo y al Zar, hizo una destroza… qué podía hacer yo con un elemento implosivo. Las bombas estaban descartadas, las pistolas, fusiles y subfusiles también ya que mi mala puntería es legendaria, el gas se expande hacia todas las partes, y el sonido se transmite como cuando tiras una piedra a un lago… La decisión era complicada.
Entonces me se ocurrió una gran idea, un plan diabólico, un asesinato a distancia, un asesinato que uno podía ver en la tranquilidad de su piso franco o en casa de sus padres después de hartarse con la paella del domingo. Tras descartar los ingenios mecánicos teledirigidos por costosos, decidí adiestrar un animal peligroso, un campo en el que tenía una cierta experiencia ya que mientras viviamos en Colorado conseguí que unos colibrís (¿colibríes?) me hicieran cada día la cama tal como si fuera un princesa Disney “sil-ban-do-al-tra-ba-jar”. Claro que adiestrar una mascota mortífera, si exceptuamos un mono mayordomo asesino, tiene dos inconvenientes: un alto porcentaje de posibilidades de fracasar y la eliminación del factor humano, algo que facilita las cosas pero que reduce en una parte importante la cosa poética. Y con la poética del asunto me refiero a la frase lapidaria, al tropiezo tonto, a la sabia utilización de la escenografía. Tomemos como ejemplo el magnicidio perfecto, el de Abraham Lincoln, que es que los americanos lo hacen todo precioso. Bonito de verdad. El presidente asiste a ver la comedia musical Our American Cousin, cuando un actor John Wilkes Booth, simpatizante del sur le asesta un certero tiro (fíjense en el detalle: un actor asesinando en un teatro con balas de verdad, no de fogueo). Antes del disparo grita en latín “Sic semper tyrannis!” o “los malos al hoyo”. Después salta al patio de butacas y hace lo que la gente toma por una reverencia cuando en realidad se había roto la pierna por tres partes. ¡¿Se puede ver un espectáculo más bonito?!: el adagio latino tomado de Marco Junio Bruto, los tiros, el salto a platea, la reverencia, los gritos… dan ganas de decir aquello de “me habéis matado al chiquillo… pero ¡¡ que fiestas hemos pasado!!”.
Claro que para bonito bonito el asesinato de JFK con sus imágenes miles y miles de veces repetidas y ya carentes de significado salvo en su superficie, tema de un cuadro de Warhol, de un corto de Jhon Waters… pero, por supuesto, incluso el tema más manido tiene una vuelta de tuerca más: JFK, el video juego. O como me lo llaman JFK reloaded donde te puedes poner en la piel de Lee Harvey Oswald y volarle la puta cabeza a JFK. Los gráficos nunca mejor dicho son de lo más gráfico:
Vamos que parafraseando a un escritor del que hablé en otro post “cualquier cultura que puede convertir un terrible episodio de su historia en un vídeo juego y sobrevivir… ¡¡es indestructible!!”. A ver cuando hacemos un vídeo juego de “Operación Ogro”; que creo yo que sería todo un éxito un simulador de hacer saltar por los aires a Carrero Blanco, aunque como jugabilidad jugabilidad, yo la historia no la veo muy jugable, pero vamos que todo es ponerse, que en España sobra imaginación y ganas de pixelar. Que mejor lo hacemos nosotros, que no los extranjeros que no se enteran de la misa la mitad y además nos chafan las mejores ideas. Miren el caso del cineasta inglés Gabriel Range que se puso distópico, no despótico, y se imaginó un mundo donde al presidente Bush le metían su buena ración de plomo. La película se llamaba Death of a President (2006) y tuve la oportunidad de verla en dvd en Estados Unidos el último año de la presidencia Bush, cuando todo el mundo caminaba con la cabeza gacha, si eso es posible en un americano, muerto de vergüenza. La película era una buena broma sobre todo porque al final el asesino era, SPOILER, un ultraderechista que consideraba la política de Bush “demasiado blanda”:
Esto debe ser lo menos 10.000 puntos
Pero vamos a lo que vamos que si no no acabaremos con Benedicto XVI. A esas alturas del viaje y de la historia de los magnicidios la solución del animal adiestrado era la que cobraba más peso ya que si bien arriesgada era muy novedosa. En mis visiones más surrealistas veía a un loco oso hormiguero sorbiendo los sesos del Santo Padre pero tuve que conformarme con un animal más a mano pero no por ello menos mortífero, las arañas. Veamos con que simples elementos podemos desestabilizar el Nuevo Orden Mundial, tomen papel y boli:
Se cogen dos moscas, dos moscas peludas, peludas y apetitosas, dos tal que así:
Si por aprensión se piensa que esos dos ejemplares no son capaces por si mismos de servir como cebo se las puede caramelizar
Acto seguido se construye una trampa en la que pueda caer el arácnido, que si bien puede variar en sofisticación, es preferible que esté sujeta a un mecanismo que la atrape sin la necesidad de la presencia del Cerebro Diabólico, o sea, yo, ya que bien podría utilizar esas horas de vigilancia para tramar un nuevo y descabellado plan de dominio mundial, o bien para tomar una buena cerveza ahumada checa.
En este caso he utilizado mi caja para los tapones del oído con los que frecuentemente evito escuchar a la gente y un trozo de lija de uñas de mi mujer. Desaconsejo utilizar este último elemento porque el Gran Cerebro Diabólico se olvidó que estaba casada con la Gran Lengua Diabólica, y bueno, ya saben, qué por qué has mirado en mi neceser, qué te he dicho miles de veces que no lo mires, que si me tienes harta, que si en diez años que llevamos juntos… el cebo, el de antes, las moscas caramelizadas. El resultado este:
En este momento entramos en uno de las fases más delicadas del magnicidio propiamente dicho, el adiestramiento físico e ideológico del bicho en cuestión. La araña no por ser irracional no tiene porque no saber el motivo de sus acciones. Me dedico a pasear con la araña, me encariño con ella y ella conmigo, le pongo el nombre “Laika” por la perrita achicharrada en las pruebas espaciales rusas (y luego sustituida por el aparato propagandístico por una perrita parecida). Le cuento la historia de una ciudad mediterránea que también recibió la visita del Papa, le cuento que aún no sabemos cuantos trajes, digo dinero, costó la visita, que toda la ciudad estaba adornada por banderas y wateres, y que mucha gente se enfadó porque unos días antes había ocurrido un trágico accidente de metro que pronto se intentó solucionar como error humano pero que puso a la luz la falta de inversión en infraestructuras. Ella que es una arañita laica, por no decir directamente atea, que vive en una ciudad donde se recibe al Papa con absoluta indiferencia, y donde la visita no colapsa una ciudad abierta y progresista que sigue tranquila mirándose al Vlatva… ella, como decía, no me cree. Pero hace lo que puede en seguirme en los ejercicios que le servirán para atacar al Santo Padre y que consiste primero en meditación oriental y patadones americanos
Chuck Norris no necesita un arma, él es una
Y segundo, entrenamiento en cuestiones de estrategia básica, por dónde entrar, cómo dirigirse al Santo Padre, qué caminos tomar una vez situada encima de él, y cuestiones referentes a la moda eclesiástica: casullas, albas, estolas…
Trabajamos sobre un radio de acción muy similar al de una tela de araña siendo ese su movimiento natural
Una vez finalizado su entrenamiento decidimos que era el momento de entrar en acción. Salimos en busca de Benedicto SXVI. Pero antes Laika tenía que conocer iconográficamente a su objetivo, saberlo distinguir de un simple diacono, un obispo, un arzobispo o un vendedor de pitas en una feria medieval. Tampoco fue fácil encontrar una iglesia donde hubiera una foto del Papa pero finalmente dimos con ella. Laika iba a conocer a su target:
Una vez identificado, pensé cuál sería el mejor lugar para soltarla. Decidí escabullirme entre un grupo de Neocatecumenos, e ir con la marea humana al encuentro con el Santo Padre. Resultó que al final iban a rondarle al sitio donde Benedicto XVI se alojaba…
Las sonrisas previas al desastre
Tensas horas
Uhmm, aquello podía ser un paso en falso. Asistentes, ayudas de cámara, sirvientes, la Guardia Suiza (oh-la-la), y sobre todo, Benedicto sin su disfraz humano y con su piel y atributos reptiles libres en la intimidad de las estancias papales. Aquello era demasiado riesgo para Laika, decidimos esperar al día siguiente… Lo más seguro para ella y para el éxito de la misión era que atacara a plena luz del día y cuando el Santo Padre estuviera rodeado de gente…iba a hacerlo en el Castillo, durante un discurso que el Santo Padre realizara delante de los máximos dirigentes checos, he aquí los momentos previos:
En el castillo, con Praga a los pies
Momento en el que solté a Laika
Las televisiones internacionales captaron la heroica hazaña de la arañita Laika:
Bueeeeno, vale, se la ve dubitativa, no sabe por donde ir. Al final no da el mordisco final… pero sabéis qué, ¡¡¡que os jodan!!, al menos lo hizo mejor que el puto Ali Agca…
Me encanta me encanta me encanta la araña Laika!! Quizás siga merodeando entre las sábanas del santo padre y un día de estos se decida a atacar, no desistas de tu misión
Ay Paula chica miles de gracias… todo elogio de un experimento que venga de una física que estudia el “anti tiempo”, para mi al menos tiene doble valor. Además que ya sabes quien fue el científico que primero desarrolló un protocolo para el adiestramiento de colibríes (¿colibrís?) para que estos desempeñen labores domésticas… yo tan sólo soy un fiel alumno de un gran maestro.
Por cierto ya sabes que porque no paramos pero que me iba a Lisboa de cabeza, que Lisboa si que me pone rrrrrrrrrrrromántico.
Hablando de todo… ¿ te diste cuenta que los putos franceses no lograron acabar con el mundo con el acelerador de partículas?. Putos mariquitas … sabía que no iban a lograrlo… ¿qué el mundo se acabé por culpa de los franceses? Mi amiga, lo dudo. I doubt it.
Posted by Paula on October 1, 2009 at 1:18 pm
Me encanta me encanta me encanta la araña Laika!! Quizás siga merodeando entre las sábanas del santo padre y un día de estos se decida a atacar, no desistas de tu misión
Beijos desde Lisboa.
Posted by palomitasenlosojos on October 1, 2009 at 1:35 pm
Ay Paula chica miles de gracias… todo elogio de un experimento que venga de una física que estudia el “anti tiempo”, para mi al menos tiene doble valor. Además que ya sabes quien fue el científico que primero desarrolló un protocolo para el adiestramiento de colibríes (¿colibrís?) para que estos desempeñen labores domésticas… yo tan sólo soy un fiel alumno de un gran maestro.
Por cierto ya sabes que porque no paramos pero que me iba a Lisboa de cabeza, que Lisboa si que me pone rrrrrrrrrrrromántico.
Hablando de todo… ¿ te diste cuenta que los putos franceses no lograron acabar con el mundo con el acelerador de partículas?. Putos mariquitas … sabía que no iban a lograrlo… ¿qué el mundo se acabé por culpa de los franceses? Mi amiga, lo dudo. I doubt it.
Posted by Atiras on October 4, 2009 at 1:16 pm
el mundo no se, pero la alegria quizas sí….
niños, a Lisboa de cabeza….andando y viendo….
Paula, mucha suerte, ya sabes donde puedes hacer escala