
Miren detenidamente la fotografía de arriba, con su papel higiénico, su carne picada y su periódico sensacionalista… parece una imagen vulgar, un día cualquiera en un supermercado cualquiera. Sustituyan las latas de baked beans, por latas de frijoles o lentejas, y tendrán una composición igual o muy parecida pero en su cultura de origen. Es una imagen que parece dar muy poca información y que tiene una valor artístico, cuando menos, discutible. Incluso podríamos argumentar que el fotógrafo, Nigel Shafran, no participó en la composición de la obra ya que probablemente fueron las manos expertas de la cajera los que arreglaron el conjunto: los productos que vienen en envases duros como latas y agua están agrupados entre si, y separados de los que tienen envoltorios más frágiles como la carne y el papel de váter. Sin embargo, he descubierto que esa foto es para mí una imagen clave, una pieza de gran importancia para el puzzle que estoy montando. Primero, es evidente que la fotografía de Shafran remite a una imagen tradicional de la historia del arte como es el “bodegón” o dicho en bonito “naturaleza muerta” (en inglés “still life), sino vean y comparen esta foto con un par de maestros de ese género que consistía en poner encima de una mesa y de un cuadro una col, un conejo, unas flores y si estabas inspirado, una calavera. Los maestros pintores de ese género, como decía, son Luis Egidio Melendez y en plan chungo, chunguísimo, están los bodegones horror de Jan Van Kessel III (ya saben… no confundir con Kessel I y II):

Bodegón Luis Melendez

Bodegón horror: peces moribundos, cangrejos reptantes, y gatos y perros enloquecidos...
La cuestión es que esa foto no es simplemente una actualización del bodegón barroco o del bodegón cubista, sino que es una imagen de nuestro tiempo porque participa en una tendencia artística que podríamos denominar como “realismo capitalista” (o así lo llamo yo, al menos…). He descubierto que el realismo capitalista es el elemento que une un montón de cosas que me gustan pero que se dan de hostias entre si. Presten atención y aprendan cómo supere la esquizofrenia cultural que me produjeron las neurosis consumistas de esta sociedad, que además es la suya también mentecatos.

¡¡¡Descubrí la clave!!!

Bien podríamos pensar que el realismo capitalista es aquel arte (incluyo cine y publicidad) donde se ponen en evidencia, deliberadamente o no, las relaciones de explotación y de compra-venta de esta sociedad de consumo. Es además un arte donde existe una masiva presencia, un protagonismo de los objetos, u otros elementos reducidos a objetos, que marcan la estética general de la obra con sus superficies brillantes. Esta bonita ecuación, con la que finalmente espero entrar por la puerta grande del academicismo y conseguir una cátedra para impartir las clases de “Realismo Capitalista I: hasta 1970” (incluiría como obra obligatoria Mad Men)… es esta ecuación, como decía, la que me permite unir obras tan separadas entre sí y que me encantan como son Der siebente Kontinent de Michael Haneke (una obra excepcional basada en los objetos) y Sex and the City (una película que reduce a las personas a objetos, a maniquís), las grandes serigrafías de Warhol (el mejor Warhol es el peor, el de los 80, cuando era muy aburrido y pintaba coches y hacía cuadros de grandes cuchillos), las fotografías de Steven Meisel pero también las de Martin Parr, los planos quirúrgicos del cine porno que transforma las vaginas en formas abstractas o las enculadas en actos mecánicos… ya me entienden. Si algunos de ustedes cree que lo de arriba no tiene ningún sentido esperen al siguiente giro porque…

¿Esa escena de Haneke se parece a un bodegón de Kessel o la estoy flipando?

Desde luego se parece a esta foto de Jeff Wall
Este realismo capitalista no sólo se queda en la fabricación, venta y distribución de imágenes bidimensionales sino que también abarca la producción de objetos tridimensionales, de objetos tridimensionales graaaandes, casas y esas cosas. Vamos que existe una arquitectura del realismo capitalista. Ustedes pensarán “ahhh, las grandes obras de los arquitectos estrella”, pero no, olvídense de esa chorrada, eso es capitalismo disfrazándose de cultura, y aquí estamos hablando de buena mierda, de mierda pura y peligrosa. Estamos hablando de centros comerciales, de grandes almacenes, de laberintos de ratas consumistas, un tema en el que soy, y tomen esto con pinzas, “experto”. Miren, mientras vivía en Estados Unidos porque mi mujer fue becada, pasaba las tardes en una biblioteca donde descubrí el apasionante tema de la arquitectura comercial: sus locos arquitectos, sus trucos de vodevil, su manipulación espacial. A la vuelta a España fui invitado por un museo, el MUVIM, y por la ETSAV (Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Valencia) a impartir unas conferencias sobre el tema de la arquitectura comercial que acabaron convirtiéndose en una serie de charlas sobre la influencia del cine en la arquitectura comercial, y sobre la influencia de la arquitectura comercial en los primeros cines. Como en la ETSAV el estupendo servicio académico y técnico te da todas las facilidades, te trata de maravilla y encima te graba, he decidido colgar un breve fragmento de la charla porque va al pelo. Aquí me tienen, verme no se me ve, la verdad, pero se puede oír mi voz nasal, afeminada y pretenciosa (sueno pretencioso porque estaba nervioso, que el público parecía estar formado por ídolos de Pascua…no, que luego se ríen):
Estas ideas que suelto en el video se manifiestan en, evidentemente, la arquitectura comercial pero también en mi arte comercial preferido, el cine. El cine a veces, como en Confessions of a Shopaholic (2009), refleja a la perfección que el gran romance del SXX es aquél que mantenemos con los objetos y que se materializa en el acto de la compra-venta. Y vamos terminando porque pocas escenas han reflejado mejor ese acto que la famosa secuencia de los suertes / sweaters de la película de culto Lord Love A Duck (una de surfistas y tal), frente a esto poco se puede añadir salvo “Pa-pa-ya surpise?!!!”:
pd: Una reacción muy parecida tuvimos Sara y yo cuando descubrimos la cadena de tiendas “New Look”, bruuuutal…
pd: El fotógrafo del bodegón capitalista Nigel Shafran tiene en su página web una serie de retratos de trabajadores de supermercados que son muy chulos. A verlos.
pd: Se acaba el chorro de posts y de escribir en el blog, me tengo que poner a currar y a estudiar, buuuuuhhhh…
Posted by pablo on September 19, 2009 at 12:19 am
Una conferencia realmente magistral.
¿Vas a colgar más fragmentos?
Apuntame a esas clases de realismo capitalista. Creo que las peliculas de Ulrich Seidl podrían formar parte del temario, así como las letras de Foster wallace.
Bueno, y muchos más supongo, todo es que te pongas a redactar el temario.
Yo creo que en menos de diez años la ciudad de las artes se ha macdonalizado. Pondrán un gran fish and chips en el acuarium.
Saludos.
Posted by palomitasenlosojos on September 19, 2009 at 10:23 am
Hombre, gracias por lo de “realmente magistral”… pero nos entenderemos mejor si adoptamos un lenguaje económicamente adecuado. Así que mejor digamos que mi capital cultural fue bien invertido y que mi capital social (conocer a la gente adecuada) me permitió crear una conferencia-producto adecuada en calidad-precio al dinero invertido por la institución para la formación de sus usuarios. La ecuación es esta:
Capital cultural + Capital social= conferencia producto +/- a la inversión de la institución x.
Todo esto no quita que “realmente magistral” me haya sonado a glory (hole). Le apunto como el primero de mis futuros colaboradores (a usted le toca la parte de fotografía), aunque quiero que sepa que el departamento que voy a crear “Formas culturales del Capital”, que probablemente se aloje en una universidad privada, estará basado en una terrible tiranía sexual e intelectual. ¡¡¡Quiero ser un sápatra universitario!!!.
Apunto a Ulrich Seidl, del que no me acordaba ya que sólo he visto “Models”, que ciertamente es realismo capitalista chungo chunguísimo… la deje a mitad, porque no pude aguantar más la cháchara cocainómana e imbécil de las modelos… Y eso que me cuesta mucho dejar una peli a medias pero pensé “que les jodan, las modelos no verían una peli inspirada en mi vida”. ¿Qué tal “Import-export”?.
Colgaré, probablemente, dos fragmentos más. Uno dedicado al que considero gran maestro de la arquitectura comercial y otro a la arquitectura de los cines.
Yo ya tengo nombre para el negocio que dice que van a montar dentro de la Ciudad de las Artes y Ciencias: “Dolphins and chips”… un pequeño snack para multimillonarios aficionados a la Formula 1.
Gracias, Pablo…por los motivos que expongo en el artículo, y otros que aclararemos delante de una cerveza y unas tapas, me encantaron tus fotos de gente delante de escaparates.
Pd: Que irónico me resulta que me haya tragado todos los programas-concurso de supermodelos de la tele americana (especialmente el de Tyra Banks) y sin embargo no pueda con la peli de Ulrich Seidl…y era la misma cháchara cocainomana y vacía no se crea…
Posted by Atiras on October 4, 2009 at 12:45 pm
gran conferenciante…enhorabuena