Mad men, tomo 3

Spoilers hasta el 4 episodio de la 3 temporada

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Una de las cosas que mejor recuerdo de mis clases de Historia del Cine Clásico es aquello de que “los personajes del cine clásico tienen una psicología que se encuentra entre el detallismo de la gran novela y la voluntad sintética del relato corto”. La recuerdo, claro, porque es una explicación estupenda de como uno puede comprender y conocer mejor a un personaje de ficción en hora y media que a un hermano o una amiga reales en 30tantos años de existencia (en ambos casos somos espectadores cercanos). Eso se debe a que en el cine clásico uno entiende las líneas maestras del protagonista, líneas como pudieran ser la ambición, el deseo o el miedo, y ve cómo el relato se desarrolla conforme a ellas: el ambicioso muere de éxito, el libidinoso en la soledad y el temeroso se repliega a los valores tradicionales. Recordemos que eso ocurría en un cine clásico donde las películas duraban 90 min, y donde los personajes se definían activamente. Se hablaba poco: el ambicioso pisoteaba, el libidinoso violaba, y el temeroso gritaba. Quiero decir, aquello no era cine francés, como esa magnífica película que pueden descargarse en el blog amigo de Scalisto, La maman et la putain de Jean Eustache donde se pasan horas dándole a la lengua, hablando como seres humanos franceses de sus cosas francesas que si la angustia, que si el existencialismo, que si acostarse con una figura paterna o materna (padre, madre, panadero)…  ya saben, pero todo con un detallismo y con una minuciosidad que transformaba la película una sinfonía de angustia con muchas “erres” que se pronuncian como “egues”.

Sobre la limitación del relato clásico americano y de los excesos del relato europeo estaba pensando tras quedarme fascinado con la tercera temporada de Mad Men, que me hizo preguntarme cómo un producto televisivo puede tener esa excepcional calidad, hasta ser considerada en mi domicilio como una obra maestra absoluta. Tras mucho barruntar, emocionado, pensé que una de las claves debían ser los detalles. Los detalles hacen que esta obra se diferencie de las típicas series de lugar de trabajo que llevan triunfando desde los 80, y de ese subgénero temático del cine americano contemporáneo que es el “macho en crisis”: recordemos las pelis The Dark Knight o The Wrestler cuya fuerza masculina es la del sistema económico y cuya decadencia coincide o anuncia la crisis económica actual. Todos esos elementos se hallan en  Mad Men, pero los supera, como ya dije en otro post, para crear un drama masculino wagneriano, que cada día es menos “masculino”, dada la importancia que cobran tanto los personajes femeninos, como las guionistas y directoras que trabajan en la serie (7 de 10 guionistas, y 5 episodios de 13 de la primera temporada dirigidos por mujeres). Así que dejándolo simplemente en “melodrama wagneriano”, volvamos a los detalles…

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La serie está llena de detalles cruciales, de momentos que lejos de adornar superficialmente o hacer sentir al espectador más listo, complementan la acción a la perfección. A ver si logro explicar esto… los detalles que se nos ofrecen en Mad Men son esenciales para comprender la acción. Sin ellos estaríamos viendo otra serie, otra serie muchos más plana, correcta, y quizás académica. Pero bajo la luz de estos pormenores las escenas cambian de significado, los protagonistas muestran nuevos aspectos y los objetos acaban hablando de las personas. De esta nueva temporada y hasta el capítulo 4 he seleccionado estos tres, sin ningún ánimo de spoliar nada:

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Los tres momentos curiosamente pudieran tener resonancias sexuales, la leche  derramada pudiera hacer referencia al semen malgastado (relacionado con embarazos), un boli al que se le ha salido la tinta pudiera hablar de una eyaculación, y una caricia descuidada realizada al césped rimaría con una caria que se le pudiera hacer a un coño. Lo mejor de todo es que las interpretaciones que hacemos de  estas imágenes no tienen la más mínima importancia. Las imágenes funcionan por sí mismas y tienen sentido dentro del relato porque todas ocurren en momentos muy intensos y dramáticos. Y todos sabemos que es en los momentos más importantes de la vida de uno cuando ocurren siempre las cosas más idiotas: bombillas que se funden, bolis que se salen, faldas que se rompen… queriendo demostrar que ese acto trascendental no tiene la más mínima importancia, y que una gran declaración de amor puede ser interrumpida por un coche ruidoso, y una proeza pasional puede ser rota por un tirón en la pierna.

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Lo que sí que tiene una enorme importancia son, como decíamos, los detalles, y que esos detalles sean visuales aún más. A través de ellos Mad Men ha logrado expandir el relato audiovisual clásico para que abandone el terreno del cuento corto (chico-conoce-a-chica…) y se adentre en el terreno de la gran novela, la gran novela americana. Algo, que si me permiten, ya intentó Francis Ford Coppola con la serie  The Godfather Trilogy. Con el tiempo y los recursos que da una gran serie de unos 13 capítulos por temporada, ahondamos a través de los detalles en el carácter y las circunstancias del mundo de la publicidad americana de principios de los 60. Ya no existe la pura acción y la economía del relato (“Hemos comprado la empresa, estas despedido”), sino que podemos ver las reacciones, las miradas, los gestos que los suceden.  Acciones que son puramente visuales y que dan una entidad a la serie. Esta misma mañana (ya ves la tontería), hablaba de una amiga sobre Mad Men y me comentaba que muchas tomas le recordaban a las obras del pintor Edward Hooper, algo en lo que no había caído. Intentando encontrar ese paralelismo me di  de cabeza contra este blog donde comparaban el tráiler de la segunda temporada con los cuadros del pintor “de la soledad en la vida norteamericana contemporánea” y donde las semejanzas son innegables (que ojo tienes nena):

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Office at night Edward Hopper

Junto a ese saber qué contar y cómo contarlo está el trabajo de los actores, maravilloso, concienzudo y meticuloso. Sobre ese tema encontré una serie de entrevistas a los protagonistas realizadas para el Paley Center For Media, como esta, donde la gloriosa Christina Hendricks (Joan Holloway) habla, por ejemplo, sobre cómo enfocaron su relación con Peggy

O ésta donde un miembro del público le comenta a Vincent Kartheiser (Pete Campbell) que vieron 4 veces una escena en la que él se giraba después de haber intentado chantajear a Don Draper porque aquello no sólo era hilarante sino pura poesía

En fin, que creo que este post me ha quedado un poco rollo, pero que termino ya con lo básico, que es una serie estupenda, maravillosa, en la tradición del mejor cine americano clásico pero por el que han pasado por encima los Nuevos Cines y el mejor cine europeo. Y que en su retrato de una época concreta, la América de principios de los 60s, acaba dando una profundidad muy humana y oscura a aquellos que nos vendieron el mejor producto salido de las líneas de montaje capitalistas, la felicidad tal como América la soñó:

12 responses to this post.

  1. Posted by Olenska on September 16, 2009 at 12:41 pm

    El detalle de la pluma es una genialidad, pero reconozco que lo del césped me dejó fascinada, por inesperado y bello. Pero ¡¡cómo se puede decir tanto con tan poco!! Está muy bien lo que comentas de ese cruce entre el clasicismo y el cine europeo. Una obra maestra la mires por donde la mires.

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  2. Posted by xuspi on September 16, 2009 at 3:16 pm

    Chico, tu siempre dando ideas y alegrándonos la sesera y los ojos. hacia mucho tiempo que no podía seguirte y ha sido todo un placer, como el de acariciar c..esped?, muero por poder acabar de ver la segunda temporada, me llevas ventaja. Sigo reivindicando el plano de la espalda de Don de la primera temporada como uno de los más bellos, inquietantes y contundentes de la producción televisiva en tiempos….

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    • Xuspi para lucir ese moreno que luces comprendo que ha sido necesario que te alejaras de la pantalla del ordenador y te pusieran debajo de Lorenzo… a partir de septiembre, ya sabes, series, risas y cenas en el chino sorpresa…

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  3. Hola, como muchas tendrán curiosidad el número de Think Pink pertenece a Funny Face (1957) y la primera estrofa tiene esta letra:

    “Think pink! think pink! when you shop for summer clothes.
    Think pink! think pink! if you want that quel-que chose.
    Red is dead, blue is through,
    Green’s obscene, brown’s taboo.
    And there is not the slightest excuse for plum or puce
    —or chartreuse.
    Think pink! forget that Dior says black and rust.
    Think pink! who cares if the new look has no bust.
    Now, I wouldn’t presume to tell a woman
    what a woman oughtta think,
    But tell her if she’s gotta think: think pink—!”

    Me encanta que diga “brown taboo”. El otro número musical es el de Anne Margaret al comienzo de Bye Bye Birdie la peli de 1963 inspirado en el musical de Broadway, y que se utiliza como parte de una campaña en la tercera temporada de Mad Men, y que a Don Draper le sugiere “claridad y pureza…”, personalmente estoy fascinado con la cara que pone en el 0:49… madre mía!!!!!!

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  4. La sigo desde el primer episodio de la primera temporada. Bah, es la única serie que sigo y estoy un poco preocupado por la falta de “enfoque” en esta tercera temporada.

    Ann-Margret: sin escote hasta el ombligo, sin minifalda ni tanga y es más sexy que todas las rubias-estrellas intercambiables del cine actual. Creo que repetí el comienzo del espisodio con Bye Bye Birdie quince veces…

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  5. Posted by olenska on September 18, 2009 at 8:20 am

    Para scalisto: please, ¿a qué te refieres con falta de “enfoque”?, no acabo de pillarlo. A mí me han parecido cojonudos los 4 primeros capítulos de la temporada y muy coherentes con los personajes y su evolución.

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  6. [...] ¿De qué va este blog? « Mad men, tomo 3 [...]

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  7. @olenska: Me refería a varios cabos sueltos que no conducen a ningún lado. El ejemplo más claro es el del padre de la esposa de Don, una especie de McCain pero más cuerdo. Su demencia senil es muiy poco convincente y parece estar de relleno en la historia. (SPOILER: parecía). También los dos ingleses parecen de cartón pintado y no aportan absolutamente nada.
    Qué se yo, tal vez es puramente personal; extraño la tensión que había en las temporadas anteriores (especialmente en la primera). Contar con un gran equipo de escritoras/escritores es muy bueno, pero el peligro latente es que si el creador afloja el control un poquito, la historia comienza a naufragar.

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    • Aunque reconozco que a mí nadie me ha dado vela en este entierro yo tengo que soltar la mía: Scalisto puedo estar de acuerdo contigo en que el personaje del padre que tanto habría podido aportar a la familia, ya que originó escenas verdaderamente inquietantes cuando la niña leía el libro religioso, lo han finiquitado pronto. Pero, ¿tan falso te pareció?. A mí me recordaba a la historia del niño que se enamora de Betty Draper (aunque menos conseguido, eso sí): todo el mundo inquietante que rodea la vida de un ama de casa perfecta en suburbia. Creo que a Scalisto le faltó que se cagara en los pantalones o algo, pero creo que daba una imagen bastante arriesgada de lo que los americanos llaman “senior citizen” y aquí, “los viejos” o “los putos viejos”. A los ingleses hay que darles tiempo, creo… uhm, quizás también a mi me faltó una escena escatológica como aquella protagonizada por aquel que despiden por borracho…

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  8. Posted by Olenska on September 19, 2009 at 12:31 pm

    Es cierto que el personaje del padre de Betty daba para más (era taaaaan siniestro) y me quedé más bien sorprendida cuando los guionistas decidieron matarlo tan pronto, pero como dice nuestro anfitrión, añade todavía más inquietud y tensión al mundo del ama de casa perfecta. Y creo que contribuye realmente a que entendamos mejor al personaje de Betty (fascinante sin duda) y el entorno cruel de represión y sordidez enmascarada que siempre la ha rodeado. Y confío en la serie: creo que no deja cabos sueltos y las cosas que suceden en algún momento suelen ser de largo recorrido y actúan bajo la superficie hasta desvelar toda su carga y potencial varios capítulos después.

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  9. [...] acto con la caricia de un coño (su magnífico comentario sobre los cuatro primeros capítulos en http://palomitasenlosojos.com/2009/09/14/mad-men-tomo-3/). No se me habría ocurrido jamás. Mi apreciación digamos que era más sexual-bucólica. Mi [...]

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