
Aunque una de las conclusiones lógicas del capitalismo es el canibalismo, lo que más o menos vendría a significar que llegado un momento nos vamos a acabar comiendo los unos a otros como si fuéramos animales de rapiña, aunque, como decía, ese sea el fin natural del sistema económico en que vivimos resulta difícil plantearlo en términos tan crudos, porque caramba, todos tenemos nuestro corazoncito. Por ponerte un ejemplo, cuando vemos una de esas fotos de negritos con moscas en la boca, pues oye, quien más y quien menos se pone sentimental, y empieza a pensar en cómo pulir las aristas del sistema: que si dando un % del PIB, que si… Menos mal que para acallar esa voz en off que es el sentido común, el capitalismo no sólo produce cosas brillantes, sino también imágenes brillantes. Imágenes que tienen una función precisa y práctica en ese proceso trófico que es acabar con el otro (o “merendarse a la otredad” dicho en fino): para que nos comamos los unos a los otros de facto, es preciso haberlo hecho antes iconográficamente, principalmente para reducir las previsibles arcadas. Lo que vengo a decir es que ya llevamos mucho tiempo haciendo boca, devorando a personas a través de la imagen, y que eso está creando un estado de emergencia previo al holocausto. “Estado de emergencia” es además el título de un famoso reportaje de Steven Meisel (Septiembre-2006-Vogue Italia) quien como experto en la fotografía del porno-terror ha cultivado un nombre propio dentro de la categoría de “fotógrafos de comida humana”; o dicho de otra manera Miesel es uno de los fotógrafos de moda más importantes de la actualidad.


Sin embargo, decir que las imágenes por las que hoy paseamos nuestros ojos son simplemente “perversas”, chicas, no nos lleva a ningún lado. Salvo a adoptar los típicos tics de las izquierdas europeas con la cultura pop: pereza y moralismo. A mí, que quede claro, estas fotos también me parecen repugnantes por imperialistas, sexistas, inhumanas y por una largo etceterá pero al mismo tiempo me parecen fascinantes. Y creo que es mucho más interesante descifrar ese aspecto fascinante, que convertir esto en una muestra de indignación y chasquear de bocas. Principalmente porque las fotos no están tomadas por un arribista que quiere abrirse camino en el mundo de la fotografía sino por un experto en la producción y comercio de imágenes. Ya que Steven Meisel, nacido en 1954, saltó a la fama con las fotos del libro Sex de Madonna y actualmente es apadrinado, nada más y nada menos, que por dos mujeres-travestís de la talla de Franca Sozzani y Anna Wintour, editoras jefa de las versiones italianas e inglesas de la Vogue. Se le califica como un maestro y un “técnico brillante del glamour” y aquí está su extensa obra en el mundo de la moda para demostrarlo. Sin embargo, un día, el fascinante Steven Mielsel decidió apartar su vista de esa esfera virtual que es la Alta Costura y sus anoréxicas cocainómanas, y ver el mundo que tenía a su alrededor (en el que vivimos las personas reales). Esta es la historia de lo que vio, como lo reflejó, y como intentó sacar provecho de él.


Ese contacto con el mundo, como decía, dio como resultado unas imágenes asquerosas y fascinantes, unas fotos de las que es imposible apartar las mirar a pesar de que la sangre nos hierva a 100 grados. Pero, ¿por qué son tan subyugantes, por qué parecen imágenes de una pesadilla de la que uno no se quisiera despertar?. La razón de esa seducción la podemos encontrar en la esencia de la fotografía de moda, que es, según Olivier Zahm, vampírica y pornográfica. Este famoso crítico de arte y de moda expuso en el artículo On the market change in fashion photography (se puede encontrar aqui) que “La fotografía de moda es un icono híbrido del presente, una imagen compuesta de todas las otras imágenes posibles, al mismo tiempo amnésica e invasiva (…). Por lo tanto la imagen de moda está mejor adaptada que cualquier otra para capturar o revelar su tiempo (…). La fotografía de moda es un vampirismo de la representación, o una representación en su forma vampírica. Es esencialmente impura y una forma híbrida de comunicación que asimila, integra y fusiona todos los posibles territorios de referencia, secuestrando, reciclando y absorbiendo implacablemente sus signos característicos en una manera no diferente al “sampling” en la música electrónica”. Al ser un arte cambiante que asimila todas las formas pasadas y presentes de representación, desde el retrato rococó hasta la fotografía de prensa o de denuncia, la fotografía de moda, verdaderamente, está llamado a ser el “arte de nuestro tiempo”. Al ser por excelencia el arte que muestra cuales son las preocupaciones, intereses y sentidos de nuestro tiempo resulta un poco idiota negarlo categóricamente. Decir “la fotografía de moda es una mierda” es como decir “menuda mierda el Partenón” en tiempo de Pericles. Pensemos, por ejemplo, en otra obra de Steven Meisel una que copia, roba o samplea la fotografía de uno de nuestros fotógrafos favoritos Kohei Yoshiyuki, aquellas fotos de mirones y sexo en el parque de las que hablamos en un post anterior



Resulta bastante molón pensar que Miesel utiliza a Kohei Yoshiyuki como en otras ocasiones utiliza la obra del pintor Fragonard y su famoso cuadro del columpio. Es decir, es bastante guay pensar que todo arte vale igual y que vivimos en una constante coctelera cultural. Que todas las imágenes se equivalen y que podemos jugar con ellas en collages, fotos, cuadros… pero, y paren orejas amigas, esta es una gran pregunta: ¿realmente todas las imágenes tienen el mismo valor?. Es decir, ¿podemos jugar con la obra de un fotógrafo o pintor de la misma manera que lo hacemos con una fotografía de prensa que muestra sufrimiento humano?. O dicho de otra manera, ¿por qué es intelectualmente aceptable que Fernando Botero rehaga las imágenes del centro de tortura de Abu Ghraib y en cambio no lo es que lo haga Meisel. ¿¿¿¡¡¡Joooo, mamá por qué yo no puedo jugaaar!!!???. Aquí entra en juego el segundo elemento que comentábamos antes, el pornográfico. Según Olivier Zahm la fotografía de moda ha aprendido de la pornografía a “ritualizar el deseo sexual, a convertir en fetiche la relación con el cuerpo, y a convertir estéticamente el acto sexual en un imposible intercambio de tipo prostitucional”. Es decir, a parte del obvio interés por vender cosas (“La imagen de moda es sobre todo una imagen comisionada (…) hasta la mejor imagen de moda es industria al servicio de la industria. Es una industria de la imagen al servicio de una industria especializada como el pret-a-porter, los accesorios y los cosméticos“), a parte de ese interé mercantil la fotografía de moda vende sexo y cuerpos en un sentido pornográfico. Y cuando se junta la venta de objetos y sexo pornográfico con la denuncia social, saltan chispas.



O saltan chispas o nos encontramos metidos en un libro de Ballard (el escritor de Crash), porque Miesel hace porno-terror de primera calidad tal como lo definió ese autor y tal como lo recoge este blog . Si quieren ver un producto ballardiano, háganme caso, cómprense la Vogue Italia que une el fascismo duro de la moda con el fascismo blando de Berlusconi (o al revés), allí podrán ver la pesadilla de “la violencia convertida en un deporte de consumo para espectadores”. Pero la violencia no es sólo es un espectáculo deportivo sino sexual. Porque uno de los elementos más atrayentes y revulsivos de estas fotos es el aspecto sexual, y sobre ese aspecto pone el acento la escritora y profesora de historia Joanna Bourke en este artículo de The Guardian: “El personal de seguridad fuertemente armado exuda violencia; la modelo rezuma sexo. En aeropuertos o en mugrientas calles de ciudad, la modelo es representada con sus piernas separadas mientras los hombres uniformados con pistolas fálicas y con porras exploran formas de abusar de ella y torturarla. En otras fotografías la modelo se convierte en el agresor.” Si llegado este momento del artículo, ustedes ya han perdido el Norte, comparemos las fotos de Meisel con otras de represiones reales, poco glamourosas y nada sexuales y descubramos las diferencias



Abuso policial, fotografía de Carles Rivas para El País 18-03-2009
Mientras, Bourke continua con su artículo: “Esta es fotografía de moda adecuada a los intereses de las políticas de tortura y abuso. Uniendo la Alta Costura con la llamada “Guerra al terror” las fotografías hacen algo más que simplemente proporcionar emociones baratas a los lectores a través de una transgresión estética. Las fotografías portan los propios tabús que violan. Existe una satisfacción vicaria en ver estas descripciones de crueldad a favor de los intereses de la seguridad nacional. No es una coincidencia que se muestre a las fuerzas de seguridad protegiéndonos de una persona que no es un hombre y que no es obviamente musulmán. En vez de eso, la amenaza terrorista es una mujer irreal. En contraste con el personal de seguridad descrito, ella está más allá del reino de lo humano. Su piel es de plástico, como la de un maniquí; su cuerpo es demasiado perfecto, incluso cuando retuerce de dolor”. A partir de ahí llega a un punto clave: “El elemento más perturbador de estas fotografías, es que se han inspirado en las fotografías de tortura tomadas en la prisión de Abu Ghraib y en cualquier parte de Iraq (…) En estas fotos de moda vemos como la tortura ha sido transformada en productos de consumo. La tortura no sólo se ha normalizado, sino que ha sido integrada en una de las formas más glamurosas de la cultura de consumo – la Alta Costura. En nuestro estado moral de emergencia, la imaginería de tortura se ha convertido en moda”.


Estas fotos se completan con otro reportaje de Meisel (es que este hombre es una joya) donde con el (des)propósito de difundir un mensaje supuestamente pacifista, no en vano el reportaje se llama, “Make love not war”, Miesel retrata de una manera muy glamurosa los rigores del ejército americano. Hay mucha posturita, mucho tatoo, mucha tontería y mucha inconsciencia por parte del fotógrafo ya que tras las víctimas civiles, el propio ejército americano ha sido, siempre, el segundo grupo de personas en subir al matadero. A “nuestros chicos” se les sometió a las primeras radiaciones en las distintas pruebas de la bomba de hidrógeno, se les roció en Vietnam con el agente naranja, en el Golfo estuvieron en contacto con uranio empobrecido… Con estas fotos, además no sólo se ritualiza y se embellece a los torturados sino también a los torturadores. En el no-mundo de Miesel todo es bello, la tortura, los peinados, la guerra, los espléndidos conjuntos, la invasión. Todo es juvenil, atrevido y picante…





[Pasatiempos: En la siguiente colección de fotografías se nos ha "colado" una foto que no es de Steve Meisel, adivina cúal, y gana fantásticos premios...]
De entre todas las fotos, y por comentar algo casi al azar, la siguiente aparece como la más obscena: una modelo débil y desamparada casi en la desnudez se asimila con el mapa de África que tiene al fondo, ambos necesitan ayuda y protección de un hombre joven, robusto y fuerte, Estados Unidos. De esta clara actualización de la propaganda Imperialista (el Tercer Mundo como semi-animales o débiles), se puede decir que es una crítica de Miesel a nuestros prejuicios o que es una broma, pero si así fuera, todos nos preguntamos: ¿tiene puta gracia?.

Junto a toda esta sana indignación, encontré en el mismo blog sobre Ballard una opinión sobre “Estado de emergencia” que me sorprendió: “Uhmmm, en realidad, bastante anodino. Tan sólo se parece a una foto de moda. Lo que hace que uno se pregunte si las fotos de moda se parecen cada vez más a las imágenes de atrocidades, o si es al revés. ¿Es esto el efecto de la muerte de la realidad, cuando en realidad todo es jodidamente aburrido?”. Con esa afirmación no meteríamos en el terreno del Situacionismo y la suciedad_del_espectáculo: que si la muerte de la realidad, que si todo es una representación, que si no podemos ya experimentar nada porque todo se ha convertido en imágenes, que si la fotografía de moda “participa en la extensión de lo que Guy Debord llama espectáculo integrado, que es otra manera de decir que participa en el desarrollo del aspecto inmaterial del capitalismo” (según Olivier Zahm)… En fin, unas teorías complicadísimas que tardaríamos una eternidad en entender y después explicar, por lo que vamos a atajar por lo práctico. Lo de la Sociedad del Espectáculo se lo voy a explicar yo en dos patadas y con sólo mirar la fantástica foto de bajo que hace unos meses me descubrió mi amiga Aurea (gracias). Mírenla detenidamente y piensen en ella

Pues sí, ganadora del premio World Photo Press de 2006, esta fotografía de Spenser Platt saltó a las primeras páginas de la prensa para ilustrar los bombardeos del Líbano. Viendo la escena que en ella se representa todo los textos que acompañaban a la foto iban en el mismo sentido: la deshumanización, el espectáculo de la guerra, aquellas personas guapas y modernas en un descapotable retratando las atrocidades del bombardeo, qué eran, ¿turistas?…porque no parecían pertenecer a la raza humana… Este equívoco se mantuvo hasta que Platt escribió a los principales periódicos señalando que no, que eran víctimas. Que una de las chicas del coche buscaba a su familia, mientras que la otra retrataba con el móvil la casa destruida en la que habían vivido (quizás para luego comprobar que lo que había visto era real). En serio, ¿victimas?… quiero decir, están buenas. La rubita de primer plano tiene un buen polvo. Quiero decir, las víctimas son siempre unas viejas con pañuelo en la cabeza y dientes de oro, gente pobre, que vive lejos y muy probablemente ignorante… y las de las fotos, ¡¡madre mía, que jacas!!!. En fin, así están las cosas: no podemos sentir empatía por las victimas porque no podemos concebir a las víctimas como tías buenas. Hemos hecho el camino contrario al de Miesel, hemos transformado el fotoperiodismo en fotografía de moda. No si al final va a tener razón, el hombre…


Posted by palomitasenlosojos on September 5, 2009 at 12:19 pm
Ala, pues me contesto yo mismo a mí mismo, que le perro solo bien se lame… ya sé que el post es largo y que el internet está básicamente para transmitir información rápida y visual. Pero de vez en cuando también está para pensar y afinar un poco. No les pido que no paseen los ojos, sino que piensen con ellos…
Posted by Olenska on September 6, 2009 at 8:08 pm
A ver, mi querido bloguero, danos tiempo para pensar y poner algo inteligente que no desmerezca ¡por dios!, que tus textos son abrumadores, no por largos, sino por densos, con la cantidad de cosas interesantes que dices y con los temas que tratas. Ten compasión.
La verdad es que las fotos de Meisel son de una obscenidad (y no me refiero al sexo precisamente) que tira de espaldas, pero no hace más que llevar hasta sus últimas consecuencias el cinismo del discurso publicitario y la hipocresía de los consumidores. Dices que en la serie “Make love not war” hay mucha inconsciencia por parte del fotógrafo y yo, discúlpame, discrepo. No puedo creerme la inconsciencia de ningún creador o artista o comoloquierasllamar de hoy en día. Creo que es muy consciente de lo que está haciendo y responsable de las imágenes que produce, así como de los valores y temas que utiliza para vender tanto su obra como las marcas a las que sirve.
Queda otra cosa más que escurridiza, que es la posición del espectador. No sé si has visto la polémica que se ha montado con las fotos de las prostitutas haciendo su trabajo en La Boquería que publicó en portada El país. Muchos lectores han protestado ofendidísimos, con argumentos de lo más peregrinos algunos de ellos. Aquí está el texto de la defensora (o no) del lector al respecto:
http://www.elpais.com/articulo/opinion/Fotos/sexo/limites/mueven/elpepiopi/20090906elpepiopi_5/Tes
A hipócritas no hay quien les gane a todos estos lectores indignados por ver en imágenes lo que ven en la calle: “¡Quítenlo de mi vista, que me ofende!”, pero seguro que de las fotos de Meisel y otras que la publicidad ofrece (para vender, no lo olvidemos, para vender) no apartan la vista. ¿Qué tal esas top models glamurosas posando como prostitutas en la Boquería con los taconazos y medias de costura? Ah, pero es que eso es otra cosa, que no son de verdad y no ofenden, no me vaya a comparar.
Posted by Atiras on September 7, 2009 at 10:32 am
uf….que gustazo de articulo
Posted by feullies cassantes on September 7, 2009 at 1:39 pm
Nacho, sóc Jorge, mai no t’escric encara que sempre intente llegir-te. Però el vostre nivell m’impossibilita llençar opinions formades. M’ha encantat! Ara hi estic d’acord en què cal digerir-ho una mica. Molt bé! i moltes gracies.
Posted by palomitasenlosojos on September 8, 2009 at 6:42 pm
Hola, os contesto enseguida que estoy haciendo encaje de bolillos con mi matrícula…
Posted by Realismo capitalista « Palomitas en los ojos on September 18, 2009 at 11:37 am
[...] era muy aburrido y pintaba coches y hacía cuadros de grandes cuchillos), las fotografías de Steven Meisel pero también las de Martin Parr, los planos quirúrgicos del cine porno que transforma las vaginas [...]