Este verano, por si a alguien le interesa la crítica mundana, París fue prácticamente tomada por el fotógrafo Martín Parr, quien fue objeto de dos exposiciones que me convirtieron en fan absoluto de su obra. La más importante de ellas, la del museo de la Jeu de Pomme consistía en una recopilación de objetos y fotografías que configuraban el llamado “Planete Parr”, título de la exposición que hacía referencia a una frase de Cartier Bresson quien dijo algo así como que Martin Parr “era de un planeta completamente distinto al suyo”. Porque Martin Parr es definitivamente de otro mundo, un inglés extravagante, coleccionista de objetos bizarros y fotógrafo inspirado y crítico. Ácido a muerte y bastante cabrón, cualidades todas que hicieron que su elección como miembro de la Agencia Magnum fuera bastante polémica. Ya que una parte de los progres y humanistas fotógrafos de la Magnum alegaron que era frío, comercial, y demasiado irónico. Ese estado de opinión empeoraba a raíz la incapacidad innata de Parr de mantener la bocaza cerrada y solar perlas como estas: “Los fotógrafos de la Magnum debían salir al exterior como si fueran cruzados… a lugares donde hay hambre y guerras… Yo salía y giraba la esquina, al supermercado local, porque para mí esa era la primera línea [de guerra]”. A lo que el fotógrafo Jones Griffiths le respondió amablemente diciéndole que por ser el fotógrafo favorito de Margaret Thatcher no tenía cabida en la agencia Magnum y que sus fotos le hacían pedir “pastillas anti-nausea” (Griffiths, recientemente fallecido fue uno de los responsables de mostrar la cara más cruda de Vietnam). Al final Parr ganó su puesto dentro de la agencia ¡¡¡por un voto de diferencia!!!, algo que creo que le debió de encantar.

Autorretrato de Parr

En primera línea de fuego
Total, que en otro momento hablaremos más detenidamente de su obra, porque ahora merece la pena detenerse en su labor de coleccionista e historiador de la fotografía, labor que le permitió rescatar para Occidente a un fotógrafo de la talla de Kohei Yoshiyuki (吉行耕平), una verdadera revelación retiniana. Yoshiyuki fue un autor aclamado en su país, olvidado después y más tarde rescatado por Parr en uno de sus libros sobre la historia de las monografías de fotografía (vamos, la recopilación de la obra de un fotógrafo). La cuestión es que allá por los 70s Yoshiyuki era un joven y prometedor dueño de una tienda de fotografía de Tokyo que vivía tranquilamente de sus posados familiares, hasta que paseando una tarde con un amigo por el parque Chuo en Shinjuku a punto estuvo de tropezarse con una pareja que retozaba en el suelo. Alrededor de ellos unos ojos. Al lado de esos ojos, otros ojos.


Yoshiyuki había descubierto un parque donde las parejas, quizás llevadas por la falta de espacio, iban a practicar sexo, y junto a ellos y atraídos por el espectáculo casual de cuerpos calientes y torpes, cientos de mirones. Entre los arbustos Yoshiyuki advierte que en esa situación existe un gran tema (aquello no eran los típicos posados de estudio, aquello era un robado en toda la regla) y por eso mismo se dedica a pasear por los parques durante seis meses sin fotografiar nada, simplemente para ser considerado un mirón más. Para formar parte de la tribu de pervertidos. “Mi intención era capturar lo que pasaba en los parques, por lo que no era un “voyeur” real como ellos. Pero, pensándolo, en cierto modo, el acto de tomar fotografías es, de algún modo, voyeurístico. Por lo que debo ser un voyeur, porque soy un fotógrafo”.


La cuestión es que esa revelación sobre el arte fotográfico ocurría a principios de los 70s, cuando los adelantos técnicos para tomar fotografías en la oscuridad eran escasos. Yoshiyuki se hace con los flashes infrarrojos que fabricaba la Kodak, y que por su luminosidad, podían pasar perfectamente por los faros de un coche que rasgaban la noche (¡¡¡siempre he querido utilizar esa frase!!!). Así que provisto de una pequeña cámara, empieza a tomar fotos de las parejas japonesas, homo y heterosexuales, que hacían el amor en los parqués, y de los mirones que los observaban. Con ello acaba realizando una compleja reflexión sobre el arte y los puntos de vista. Porque, ¿cuál es la posición del espectador/fotógrafo?. ¿Somos mirones que cerramos el círculo vicioso de la retina lúbrica?. O ¿somos simples espectadores de una fotografía sobre las costumbres sexuales niponas?. Y si simplemente somos observadores de arte, en qué posición nos deja eso (¿somos más dignos que los mirones-pajilleros?).


Mientras estas dudas esperan respuesta, los comisarios que han expuesto las fotos de Yoshiyuki enlazan su arte con la nipona costumbre de mirar donde no se te ha perdido nada, que ya aparece en los grabados de Ukiyo-e (“pinturas del mundo flotante”), o lo comparan con las fotos de parejas en el cine que realizara Weegee. Estas tradiciones consolidadas ayudan a explicar tan solo en parte el poder de estas imágenes (y de “La Imagen” en general): el poder que tiene una imagen de transformarnos en algo que no pensábamos ser. No pensábamos ser unos mirones y estas fotos nos acaban trasformando en unos pervertidos, no pensábamos ser machistas y un anuncio de una zorrita delante de un coche deportivo, ¡zas!, no pensábamos ser pederastas y un anuncio de una línea de ropa juvenil para una gran marca con una modelo con el tirantito caído, ¡zas!, no pensábamos ser racistas y un simpático chiste en el periódico ¡zas!… Estas imágenes son inquietantes porque dan luz, con flashes infrarrojos, a aspectos de nuestra sociedad y de nuestra persona que deberían mantenerse tras los arbustos. Por eso estas fotografías me recordaron a ese uso tan bestia de la cámara subjetiva (cuando en una peli parece que eres tu el protagonista), que hizo Michael Powell en Peeping Tom (título que podríamos traducir por “el mirón”) donde la cámara te transforma, literalmente, en un asesino de mujeres.
Sin embargo frente a esta fascinación que produce la imagen existen ciertos mecanismos para que no nos perdamos en ella. El primero de ellos es que esa imagen tiene nombres y apellidos, es producto de un creador y no de una cámara de vigilancia ni de la experiencia directa (no somos japoneses mirones). La mejor aproximación al papel del autor de estas alucinantes imágenes las encontré en el blog The selector donde se decía: “Yoshiyuki apunta su cámara hacia sus vecinos del mismo modo que un fotógrafo de la vida salvaje africana capturaría una manada de leones bajo la luna llena, o que Jacques Cousteau descendería en su batiscafo para estudiar las extrañas criaturas del subsuelo oceánico. El tono general es de sorpresa pero tierno, y uno se pregunta sobre que puede o no puede expresar un fotógrafo sobre un acto humano tan íntimo y absurdo”. Junto a estas palabras que median entre nosotros y estas imágenes están, como decía, las cientos de páginas escritas desde que se expusieron por primera vez en 1979 en una original exposición donde se apagaron las luces y se dejó la galería a oscuras y donde se daba a cada visitante un flash para que pudiera ver las imágenes, reconstruyendo la experiencia del parque. Entre esas palabras, como decía, estaban las de Vince Aletti historiador moderno (moderno de los 80) quien dijo que las imágenes “recordaban al cinema verite, al porno vintage, a la fotografía de primera plana y a la agitada espontaneidad de las fotos de los paparazzi pero sin su glamour”.


El otro mecanismo que nos ata a la realidad es la bidimensionalidad de la imagen: las parejas, por desgracia, no se pueden tocar. Tal como escribió Yoshiyuki: “En muchos casos las parejas no se daban cuenta de la presencia de los voyeurs (…)al principio los voyeurs tratan de mirar a las parejas desde la distancia, después se van aproximando poco a poco y entre los arbustos, y desde puntos ciegos intentan acercarse tanto como sea posible, para finalmente mirar desde muy corta distancia. Pero a veces, hay voyeurs que intentan tocar a la mujer, de una manera gradual – entonces es cuando pueden ocurrir los problemas”. Sin embargo no sólo se toca con las manos, que los japoneses pervertidos de estas fotos, intercediendo por nosotros, mantienen lo que se conoce como “mirada táctil”. Y en eso, los pajoneses, digo los japoneses son muy españoles que ya me lo dijo Ortega y Gasset “con la finura analítica que le caracteriza, [quien] ya observó que los españoles miran a las mujeres con “mirada táctil”, es decir con una mirada que repasa, siluetea, sopesa, barrunta y, al final, evalúa” (Álvarez Reinares dixit).


El que toca de verdad y con la mirada táctil es Antonio Muñoz de Mesa, conocido por presentar el Magazine en Canal +, quien hizo para su blog una cosa que me ha parecido preciosa, grabarse pasando las hojas de sus libros de fotografías preferidos, entre los que está el de Yoshiyuki. Ahí va para quienes no nos lo podemos comprar…¡¡gracias!!
Posted by Antonio Muñoz De Mesa on August 24, 2009 at 12:54 pm
Muchas gracias por descubrirme tu blog. Es la caña!!!!!! Un beso enorme
ps (yo también soy patético).
Posted by palomitasenlosojos on August 24, 2009 at 1:11 pm
Ey, gracias por pasarte a saludar (más aún siendo famoso jeje)… en serio, sigo atentamente tu blog de fotografía y casi estoy por hacerte alguna vídeo petición para que grabes algún libro de fotografía en particular… Abrazos miles…
Posted by la pere on August 24, 2009 at 3:54 pm
hola muy majo el articulo que tio mas guarro el japo este…mola,oye no esta mal discurrido ni redactado,aunque claro,yo si no fueratan gandula…en fin,sigue asi que no vas por mal camino
Posted by palomitasenlosojos on August 25, 2009 at 12:06 pm
Ay hija gracias… ya sabes lo que dicen: hay gente que utiliza el arte para colgarlo en las paredes de otros y hay gente que lo utiliza en vida propia… vaya, que cualquier día te ponemos una cartela al lado “La pere, hominida viviente, agua, sangre, y vísceras” y te llevamos a Arco, pero controlándote la temperatura y todo…
Posted by Atiras on August 24, 2009 at 4:30 pm
me encantó ir/que me llevaras a la expo de Parr, todo molaba, sus fotos, sus libros, sus trastos. Era elevar el cuarto de Cadenas al nivel de un museo…
El japo este pues es un guarrete, como muy bien apunta la Pere, que luego de eso se puede divagar lo que se quiera, pero eso va por delante….jaja
Ala, a mirar el mundo!
Posted by palomitasenlosojos on August 25, 2009 at 12:13 pm
Hola Sarita, si la verdad, es que no nos perdemos nada… por cierto, te acuerdas cuando fuimos, ¿un domingo?… la cuestión es que había una cola para entrar como de media hora, llena de parisinos, turistas, emigrados, americanos… todos en filita delante del Jeu de Pomme. La pregunta que surgió de aquel espectáculo era: ¿asistir a una exposición de Parr se ha acabado convirtiendo en una fotografía de Parr?.
Posted by Anonymous on August 26, 2009 at 1:02 pm
un primer domingo de mes, se suponía que era gratis y por eso había tanta gente (los museos en París son gratis los primeros domingos de mes). Cuando después de hacer la cola llegamos a taquilla y nos cobraron em sortia foc pels queixals
Posted by Olenska mirona on August 26, 2009 at 5:58 pm
Una fotos extraordinarias las del Yoshiyuki éste. Creo que sus fotos no nos convierten en mirones en el sentido estricto del término, porque en realidad lo que atrapa nuestra mirada y lo que nos interesa de verdad no son las parejas follando en el parque, sino los tipos que las miran. O, mejor dicho, la situación: ¡los voyeurs acercándose reptando y tocando! Creo que tiene razón The selector al decir que su mirada es como la de los documentales sobre la naturaleza, aunque no estoy de acuerdo con que el tono general sea de sorpresa pero tierno. Sorpresa sí, ternura no, todo es más bien feroz y montaraz, no sé si me explico, al modo de los docus sobre el comportamiento animal. Gracias por revelarnos a este fotógrafo.
Posted by Xelix on August 27, 2009 at 2:30 pm
Vaya vaya con la exposisión. Yo la quiero ver pero tendré que esperar a que venga a Valencia, jejeje. Que ilusa que soy. Aquí o Sorolla o la verdad………
Gracias Nacho por descubrirnos otros mundos.
Besos
Posted by Estado de emergencia « Palomitas en los ojos on September 5, 2009 at 9:43 am
[...] Steven Meisel una que copia, roba o samplea la fotografía de uno de nuestros fotógrafos favoritos Kohei Yoshiyuki, aquellas fotos de mirones y sexo en el parque de las que hablamos en un anterior [...]