Primero de todo, buenas tardes, el jueves 18 de diciembre doy una conferencia en la Escuela Técnica Superir de Arquitectura sobre arquitectura comercial, quien quiera venir aquí teneis el enlace: http://www.arq.upv.es/cultura/?p=946.
Hola a todos, ya he llegado a Valencia. Este hecho que reconozcámoslo tiene una relativa importancia salvo para los cuatros gatos que conozco y las millones de cucarachas que habían invadido mi casa, es sin embargo una importante manifestación de modernidad que asusta y pasma. Y, ¿por qué?. Pues porque para llegar a este paraíso de insectos que era mi hogar he viajado en avión durante la friolera de 12 horas (Denver-Londres-Londres-Valencia), con transbordos y cambios de aeropuerto, 28 horas de viaje. Claro, son un porrón de horas para pensar en mis cosas mientras comes esas comidas tan entretenidas (fun food que dirían los americanos), esos mini-zumos y demás aperitivos que más que alimentan, entretienen. Y es que en todo ese tiempo estuve pensando en lo fenomenológico que era todo. Y no un poco, sino muy fenomenológico. 

En fin, que eso sí que es mostrar las cartas con las que jugamos en la sociedad contem-pop-ranea. Esa situación, sin embargo, me recordó a un libro que leí sobre arquitectura moderna de cines, no me hagan buscar la referencia que el volumen debe estar en el cuarto de gasear cucarachas, en fin, que lo que venía a decir el libro es que los aeropuertos y los cines contemporáneos han acabado teniendo la misma estructura arquitectónica. Es decir, que ambos eran complejas estructuras hangar donde el propósito era hacer gastar el máximo dinero al consumidor mientras se trasladaba por unos largos pasillos. Esta coincidencia espacial entre las dos formas arquitectónicas comerciales más características del SXX iba mucho más allá de lo que apuntaba el autor, porque para la elaboración de sus respectivas tipologías, el cine y el aeropuerto habían tomado las formas de arquitecturas de prestigio anteriores. Por ejemplo, el cine copió los teatros y los palacios de ópera en una época, mientras que los aeropuertos tomaron como ejemplo la gran terminal viajera del SXIX, la estación de tren (existía una molesta tendencia de hacer la sala de recepción de los aeropuertos bajo un gran arco).




Pero la que sí que es droga dura, pura heroína neoliberal, es la revista de easyJet (Londres-Valencia), el Pronto de las revistas gratuitas de aéreo navegación. Un disparate, que tras 25 horas de viaje interpreté en clave surrealista, por aquella cosa que dijo Bretón que el verdadero acto surrealista era salir a la calle y liarse a tiros. La cuestión no es que la publicidad que llevaba iba dirigida a personas muy muy ricas y probablemente con intenciones diabólicas, ni que la máxima información sobre un país trataba sobre el mercado inmobiliario, sino que las imágenes que daban del mundo eran como el cuaderno de un pintor romántico del SXXIII, es decir, un montón de futuras ruinas arquitectónicas. En un post anterior hablé del fascínate tema que suponía preguntarse qué tipo de ruinas iba a dejar esta civilización a las posteriores culturas que la sucederán. Ahora esa duda está resuelta, y la respuesta la encontré en la revista de easyJet.


“CUADERNO DE ARQUEOLOGÍA DEL SXXIII. YACIMIENTO 1 (Budapest): Gran estructura circular de cristal rodeada de estructuras de plástico sin disposición alguna”. Realmente comprendo la estupefacción que le causarán a nuestros sucesores cuando se encuentren como yo mismo me encontré delante de la publicidad o de los restos de Aquaworld Budapest, “el mayor parque acuático cubierto de Europa central”, a lo que pensé: igual que yo soy la persona más alta de mi casa, o mi señora la persona que tiene más mal humor de nuestro descansillo. Pero en este tema conviene especificar porque Aquaworld en Budapest, rivaliza con el mayor parque acuático de Europa occidental; esa locura germana que es Tropical Islands, donde se ha transformado un simpático hangar de dirigibles nazis en una playa oceánica, y todo a 50 km de Berlín. A partir de la simple observación de estos dos monstruos del entretenimiento acuático bajo techo no pude dejar de señalar la tendencia de los países con pasados trágicos, generalmente personificados en la figura de un dictador sanguinario, de hacer estos parques temáticos delirantes donde la gracia es hacer indoors lo que se supone que se hace outdoors. Estilo bañarte en una playa cubierta, o … es que no pillo la idea, la verdad. Es como si en Valencia hicieran unos Apeninos cubiertos, donde la gente pudiera practicar esquí, deslizarse con trineo, y eventualmente sufrir avalanchas. Pero me callo para no dar ideas.






Pero la revista de la easyJet no sólo muestra el mundo tal como será en un futuro, sino que nos habla de cómo el futuro ya está aquí y nos está echando el aliento en la nuca. Vean sino uno de mis gadgets preferidos que ya pueden comprar en su tienda amiga: el robot aspiradora. El anuncio, con dos cojones, muestra una escena delirante donde un niño “está programado para ensuciar” y el iRobot, nombre del aparatito puesto en honor del libro de Asimov, “está programado para limpiar”. No sabemos, por un lado, que pasará cuando el robot alcance al niño, si le lanzará un rayo mortal al estilo de esa peli de robots que se vuelven locos Runaway (1984), o qué.


Pero no puedo, ni quiero terminar, con la cosa más delirante que he leído en meses sino años. Un momento de surrealismo absoluto que me ofreció la revista de easyjet, tal era el despropósito que pensé que el jet lag, la mantequilla ingerida a grandes cantidades en los menús de los aviones, o la emoción de la vuelta me estaba jugando una mala pasada. Pero no. Todo era cierto. Estaba frente a un anuncio de escuela de bongos para yuppies. Así en crudo. Una cosa que ellos llaman “Corporate drumming and experimental learning”, y no es que la escuela pretenda emular la historia de Puyi , el último emperador chino quien tras la subida del comunismo se convirtió en el jardinero de su propios jardines, y consecuentemente hayan decidido convertir a los responsables de la crisis económica en simpatiquísimos hippies que alegrarán con el bum bum de sus tambores nuestras ciudades. No, la cosa se trata de hacer que los yuppies estén más unidos entre ellos y con la empresa que así lo explican en su página web www.sewabeat.com : “Sewa Beats delivers high-impact, interactive management learning. By combining the elemental language of African drumming with twenty-first-century training techniques, participants can learn quickly, emotionally and deeply. Sewa Beats will empower your entire team, using its unique interactive methodology that demands concentration, teamwork, communication, creativity and leadership from all participants.”
Jódete y baila. Una cosa así tiene, entiéndame, tantos matices que podríamos pasarnos siglos hablando de ello, si acaso subrayar el origen africano de la bongo-terapia. Lo extraordinario del asunto es la cuestión moral porque se toma una técnica, una tradición cultural del tercer mundo para ayudar a los explotadores del tercer mundo a que hagan mejor su trabajo. Es tal cual la mierda de película que vi ayer Ultimatum a la tierra (2008) donde en una historia que se suponía que llevaba un mensaje ecológico había publicidad encubierta de las corporaciones más contaminantes del planeta. Pues eso, que aún nos pasa poco, que merecemos un exterminio a gran escala, algo que creo que ya está sucediendo: van a ser las cucarachas y han empezado desde mi despacho.
Mensaje cifrado: Fina, anímate, que nos echaremos unas risas…